Creatividad, cultura, naturaleza y surf en Cantabria

Coincidiendo con la declaración de Ribamontán de Mar como primera Reserva de Surf de España, y segunda de Europa, he tenido noticia de una iniciativa turística que apuesta por el respeto al mar y al territorio a través de la unión de la creatividad local y el surf.

Es una de esas propuestas que a mi me llaman especialmente la atención por ser jóvenes, frescas, alternativas, con una alta dosis de creatividad y, encima, con participación local. Es decir, además de ser novedosas son integrativas. En la teoría, éste es el objetivo que todos los productos turísticos persiguen, o deberían perseguir.

La iniciativa viene de la España más verde, concretamente de Cantabria y se llama La Furgoneta. Se trata de una entidad que desarrolla proyectos de educación, sociales y culturales a través de la creación de una oferta turística y de ocio, en la que se pone en valor la idiosincrasia propia y el medio ambiente.

De entrada, esto a nivel técnico reúne muchas de las exigencias que se deberían tener en cuenta en el desarrollo de productos turísticos. Es respetuoso con el medio ambiente, no sólo no es invasivo, sino que tiene un importante peso pedagógico en el respeto por los recursos naturales y se esfuerza en poner en valor la cultura local, apostando porque el impacto económico recaiga sobre ella… Así que cuida los tres ejes de la sostenibilidad. Pero, además, va un pasito más lejos, haciendo a los actores locales los principales miembros integrantes del proyecto, ya que es a través de su participación como se conoce el destino.

Así que la idea es algo más que un mero producto turístico. Se trata de una propuesta interpretativa de los rincones de Cantabria a través de la imagen que proyectan sus habitantes. De esta forma se aboga por el respeto hacia lo propio y se palian los efectos de rechazo que, en ocasiones, el local siente hacia el turista. Esta interpretación del territorio se materializa en la serie de viajes I Love Cantabriatv, a la que se puede acceder desde su web y de la que os dejo un video.

Para este verano han puesto en marcha el proyecto Eco-Surf Rider, que une cultura y naturaleza en un viaje itinerante lleno de actividades lúdicas en el que el surf es el eje temático, mientras se implica al participante con la protección del litoral.

La Furgoneta, por otro lado, colabora con la ONG Surfrider Foundation Europe, cuya actividad se centra en la protección del mar y la concienciación acerca de este tema, en las “Iniciativas Oceánicas”, dejando clara cual es su posición con respecto al medio ambiente.

Y de esta manera se ofrece una oportunidad para conocer una Cantabria diferente,  haciendo deporte y sintiéndonos en comunión con la naturaleza a través de su disfrute, fomentando el respeto hacia esa tierra que nos recibe y de la mano del autóctono, poniendo a trabajar nuestra capacidad creativa a la hora de entender el entorno y de interpretarlo como lo hace él, que, por cierto, es en muchos casos un agente creativo y cultural de la zona.

Este es el tipo de propuestas que se deben fomentar y apoyar por ser super creativas en su forma y en su fondo, por aportar experiencias únicas de valor, por vincularse con el territorio y ser respetuosos con él y por presentarse como productos participativos, inclusivos y novedosos.

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Permitiendo al turista dejar su huella creativa… Difusor

Hace ya un tiempo que descubrí esta iniciativa y pensé en escribir sobre ella. Para empezar me parece muy innovadora y, por otra parte, da un pasito más en lo que es la creatividad aplicada al turismo.

La propuesta es de una asociación cultural catalana, Difusor. Los profesionales de este colectivo están muy concienciados con las nuevas formas de hacer turismo y esa visión queda demostrada en todos sus proyectos. Uno de ellos tiene relación con la puesta en valor de los recursos del Priorat, enfocándolo como un Parque Temático Auténtico. Es decir, diseñando rutas que pongan el valor los contrastes naturales y artificiales de la comarca y haciendo especial hincapié en sus productos propios.

Sin embargo, el proyecto que a mi me ha cautivado es el de Openwalls. Bien, Openwalls está implantado en Barcelona (y ahora también en Galicia) a través de la Galería Abierta, que recoge una serie de espacios públicos donde se puede intervenir artísticamente con un permiso. Por si no me estoy explicando del todo bien, lo que se pretende es recopilar una serie de muros en los que la ciudadanía pueda mostrar su talento en las artes urbanas.

Para su puesta en marcha, en 2007 se invitó a algunos artistas internacionales a que pintaran con plantillas las calles de Barcelona. El objetivo era concienciar sobre algunos aspectos del arte urbano y su convivencia con la sociedad local.

Después en 2008, se puso en marcha la Galería Abierta de Barcelona, que como ya he explicado consiste en una red de muros susceptibles de decoración urbana que parte de iniciativas particulares.

Posteriormente, el año pasado se realizó el evento Openwalls Conference, que pretendía hacer una puesta en común sobre la convivencia de las políticas municipales y el uso autónomo de los espacios público. Por supuesto, en esta ocasión también se hicieron murales en la ciudad.

Además Difusor gestiona también talleres de plantillas en los que después, según el grupo de trabajo, se puede pintar sobre algún mural de la red. Estos cursos, si los aplicamos al turista, son uno de los ejemplos más contundentes de turismo creativo. Por una parte, se cuenta con la posibilidad de desarrollar la capacidad artística a través de un aprendizaje en destino. Pero, este producto va un paso más allá y permite al aprendiz dejar una huella en el destino. No puedo pensar en un producto que cierre la creatividad en un círculo tan perfecto entre turista, producto y destino. Si el turista quiere vínculos emocionales con el territorio, no se me ocurren muchas otras formas mejores de proporcionárselos que haciendo de su obra parte del destino.

Esta iniciativa, además de permitir que el turista disfrute de una experiencia única, puede tener impactos muy positivos en el propio destino, como:

1. Si se logran acuerdos entre Administración y operadores, podría servir para revitalizar zonas que no sean especialmente turísticas y dotarles de un color especial y una idiosincrasia propia.

2. La propia estética de los barrios puede verse mejorada y parte de los costes de embellecimiento de  edificios podrían tener una vía alternativa de financiación.

3. Y… ¿cuántos de estos turistas que participen colgaran al menos una foto de su creación el destino en redes sociales? Por lo que haremos de nuestro visitante el mejor prescriptor del destino.

Por otro lado, esta idea a mi me ha conducido a una nueva reflexión… Existen muchísimas formas de que el turista deje parte de sí en el destino creando un vínculo único. Las posibilidades son tan variadas como la creatividad del planificador o técnico. Seguro que a muchos ya se os están ocurriendo unas cuantas ideas en las que la creatividad del turista puede formar parte de nuestro destino. Pues vayamos un poco más lejos y hagamos que esa obra sea una muestra de identidad del lugar que se visita. Nosotros ponemos las normas del juego al configurar el producto y las opciones son tantas y tan diversas como seamos capaces de ingeniar.

Gestores, pongámonos a pensar de forma creativa para ser únicos, para ofrecer experiencias turísticas diferentes y diversificadas y demos la oportunidad a nuestros turistas de dejarnos su rastro mientras colaboran en nuestro desarrollo.

¿Y si la música entra en el territorio del turismo?

Ya se sabe que las artes, en general, suelen ser grandes atractivos turísticos. Sin embargo, parece que unas han sido más susceptibles de desarrollo que otras. Creo que la literatura es el arte que el turismo ha sabido exprimir más para configurar productos en torno a él. Todos conocemos rutas literarias o teatralizadas. A mi, particularmente, este tipo de experiencias turísticas me gustan mucho. Es una forma original de conocer un destino. Pero, aunque me gusten, creo que hay otros recursos creativos que se nos están olvidando.

Y en este caso, me refiero a la música. Siempre me he preguntado qué es lo que pasa con ella en turismo. ¿Por qué no suele formar parte de los productos turísticos? Es más, ¿por qué no existe apenas bibliografía relacionada con la música y el turismo? Dejando de lado los festivales y casos como el de Liverpool, Nueva Orleans o Bayreuth, muy pocas son las veces que la música forma parte de la experiencia turística y de la investigación. Y, sin embargo, yo como turista, siempre estoy dispuesta a ir a un concierto. De hecho, uno de los viajes que más disfruté fue a Dublín porque escuché música en directo cada noche.

Así que me puse a investigar sobre el tema y descubrí algunas cosas muy interesantes.  Para empezar, la música ha formado parte del turismo desde siempre. En el Grand Tour, allá por los siglos XVII y XVIII, era parte de la cultura que se debía adquirir durante el viaje. Cuando el turismo se convirtió en ocio, los destinos se encargaron de que la música fuese una de las actividades del mismo, con la organización de bailes y conciertos.

La realidad no es otra que la música siempre estuvo muy presente en el turismo, pero desde una posición muy discreta. Y si aún no estamos de acuerdo, pensemos en cuantas canciones asociamos a un destino porque han tenido una gran presencia en un viaje…  ¿a que hay más de una?

Pero además, la música es un pilar indiscutible de la cultura, se desarrolla con los pueblos y cuenta su historia. Es, además, uno de los recursos artísticos más susceptibles de procesos creativos. Desde su composición hasta su distribución está en continua evolución y es muy tolerante con las fusiones y la interacción con otras actividades creativas para su diseño.

Por si esto no fuera suficiente para tenerla en cuenta, la música en directo hace que el oyente se involucre con lo que está sucediendo, con el lugar dónde está y con la gente que está viviendo lo mismo que él. La música, además, es el arte más popular que existe. A todo el mundo le gusta uno u otro tipo y, según las estadísticas, es una de las actividades culturales en la que más se participa en España y Europa, de forma activa o pasiva.

Y es que, como se dice popularmente, la música amansa a las fieras, y no sólo revitaliza destinos, sino que se usa como estrategia para luchar contra la delincuencia. Escuchaba el otro día en la radio que es la apuesta de algunas ciudades, como Montreal, ciudad canadiense que está haciendo un gran esfuerzo en el desarrollo de su creatividad, y el resultado es el de una ciudad vibrante con una gran oferta cultural, musical y escénica.

Pues como leí en un artículo de Lucy Henke, quizás sea el momento de prestar atención a la banda sonora de los destinos e introducir la música en la configuración de sus productos creativos y culturales…

Los Erasmus viajan por la fiesta… ¡y por mucho más!

Si el turismo idiomático merece respeto, cuando éste se refiere a los Erasmus, ya no despierta tanta simpatía. Que si son cutres y no gastan, que si sólo quieren salir de fiesta y emborracharse, que si no se enteran de nada ¡vamos que el Eramus parece ser el heredero del sueco retratado en las películas de Pajares y Esteso!… Y sin embargo, todo el mundo, si no lo ha hecho, reconoce que le habría encantado vivir esa experiencia… ¡Eso sí! Cuando se hace esa confesión, la experiencia Erasmus toma un cariz más cultural y menos irresponsable: “es muy enriquecedor” o “se aprende mucho”  o “te ayuda a ser más independiente”… ¿Soy la única que detecta una cierta hipocresía?

Pues aquí va mi opinión. EL estudiante Erasmus es, sin lugar a dudas, el turista creativo por ANTONOMASIA, y esta afirmación la hago con conocimiento de causa y para hacer caer algunos falsos mitos:

  • El Erasmus viaja con un motivo principal, que es el del aprendizaje. Aunque continúa su formación universitaria, el principal aprendizaje es el del idioma del país que visita.
  • Es un turista que no sólo busca ser partícipe del destino, sino que quiere formar parte de la comunidad que lo acoge. El Erasmus quiere ser miembro activo de toda serie de tradiciones, costumbres y saraos que se desarrollen en la ciudad en la que está. Y se involucrará tan enérgicamente como se le permita en cada una de ellas. En todo este proceso también hay un aprendizaje y familiarización con la culturilla autóctona.
  • Desarrolla sus capacidades artísticas y creativas a través de cada una de las actividades de aprendizaje que realiza en el destino. Como mínimo, cuando acabe ese período de Erasmus, sabrá preparar un plato típico del sitio donde ha estado y hablar algo del idioma.
  • Crea un vínculo emocional con el territorio y con los habitantes. El recuerdo que le quedará de este viaje formará parte de su vida y lo llevará como parte de su formación. De hecho, ¡incluso lo pondrá en su CV! Así que hará publicidad del destino en cada entrevista de trabajo que tenga. Y es que, el Erasmus crecerá a nivel personal en el destino y lo hará suyo.

Pero además de que, efectivamente, no creo que haya ningún turista que case tan perfectamente con la definición de creativo, voy a desmentir otras afirmaciones que he oído sobre él.

El estudiante Erasmus, de cutre nada, ha viajado bastante y sabe lo que vale su dinero. No les vamos a dar gato por liebre. Estos estudiantes no se privan de nada en su estancia. Si lo que les ofrecen lo vale, lo harán. Los Erasmus dan mucho valor a la fiesta, para qué vamos a engañarnos, pero también consumen otras actividades de ocio (restaurantes, bares, conciertos), cultura (museos, monumentos, lugares emblemáticos…) y deporte. Durante su estancia viajan a otros destinos.  Traen a otros turistas que vienen de visita. Es un turista que viene y se queda muchos meses, ¿no queríamos desestacionalizar? Pero además, el Erasmus de hoy es el economista, el médico o el ingeniero de mañana que tendrá una opinión sobre lo que vivió en su Erasmus y si le gustó regresará siendo un profesional independiente…  ¿No habría que plantearse qué se les está ofreciendo? a mi no me cabe duda de que es un nicho muy goloso…