Colonias creativas para jóvenes rockeros: Gazterock en Vitoria

De todas las cosas que voy viendo cada vez más claras en el turismo, la primera de ellas es que la participación y el aprendizaje son dos de las tendencias que más van a definir el futuro del sector. La evolución hacia un turismo cada vez más creativo es tan evidente que Kuoni, uno de los grandes turoperadores, se ha apuntado al movimiento y llegado a un acuerdo con la Red Internacional para la Promoción del Turismo Creativo, también conocida como Creative Tourism Network, con el objetivo de fomentar los productos de la misma. Por cierto, se presentará hoy 20 de Abril de 2012, en el Salón Internacional del Turismo de Cataluña.

La segunda es que, además, la música tiene, sino todas, muchas papeletas para ser un recurso de gran valor en este nuevo panorama. De hecho, uno de los principales turistas creativos que viaja a Barcelona es el que participa en actividades musicales de todo tipo. Y voy a ir un pelín más lejos, afirmando que la música, en todos sus estilos y dimensiones. No sólo la música más tradicional, ni la autóctona, ni la ópera, ni la música clásica, sino que también las músicas más alternativas tienen un gran potencial en este sentido. Y tampoco será sólo susceptible de desarrollo la escenificación, sino que también lo podrán ser el diseño de portadas, la fotografía musical, la grabación y todos los procesos creativos que se esconden detrás del arte musical.

Pero vayamos a lo que interesa. Resulta, que aparte de la tendencia natural del turismo hacia estos derroteros, hay proyectos, hoy en día, en los que ya se está trabajando en esta línea. Y lo mejor de todo es que lo están haciendo con los jóvenes y los adolescentes de hoy, que son, los hombres y las mujeres del mañana. Así que hay iniciativas que ya están acostumbrando a los futuros turistas a experiencias participativas y más creativas. Lo cual me lleva a reflexionar sobre si con estos prematuros turistas creativos, en el futuro tendrán cabida ofertas diseñadas para meros espectadores y, la verdad, lo dudo mucho.

Los campamentos, que de por sí, siempre han constituido una experiencia turística creativa repleta de actividades lúdicas y pedagógicas están evolucionando, como el propio sector turístico, hacia productos micro-segmentados y encontramos en la oferta de vacaciones juveniles propuestas temáticas en torno a las cuales giran todas las actividades.

Opciones, encontramos muchas y variadas. Sin embargo, he elegido el proyecto vasco Gazterock, que une la creatividad musical en una experiencia turística para jóvenes que cuenta con la colaboración de la Administración y una asociación cultural, aprovechando el vínculo de la sociedad alavesa con el rock. Así que cumple muchos de esos valores que a mi me gustan tanto. Es una idea joven, participativa, cultural, creativa y propia, que nace de un acuerdo entre agentes públicos y privados que comparten un mismo objetivo.

Así que con la cooperación de la Diputación de Álava, la Asociación Cultural Hell Dorado pone al servicio de las colonias su sala de conciertos para enseñar a los más jóvenes historia del rock, montaje de escenarios e iluminación,  grabación de maquetas, fotografía musical, rodaje de videoclips y cortos y hasta estética rockera y grafittis, ¿puede haber más creatividad en un mismo producto?

Este verano tendrá lugar su próxima edición y el único problema es que sólo es apto para menores de 18 años… ¡quién los tuviera!

Los ancestros del turismo creativo: El Grand Tour

Como ya os habréis dado cuenta, me interesan mucho los temas relacionados con la historia del turismo. Cuando echamos la vista atrás nos damos cuentas de lo caprichosas que son las modas. En muchas ocasiones, lo que creemos pura tendencia no es otra cosa que el revivir de algo que en, en su día, ya quedó obsoleto. En turismo también sucede. Muchos de los tipos de turismo que se practican hoy en día son la adaptación a nuestra época de modas pasadas.

Cuando me puse a investigar sobre el turismo creativo, encontré una presentación de Consultur muy interesante sobre su origen. Según su autor, el nacimiento del turista creativo no es un fenómeno del siglo XXI, sino que se remonta siglos atrás. Y es que, parece ser que el turista creativo de nuestros días es el heredero del turista del Grand Tour.

El Grand Tour consistía en un viaje que realizaban los jóvenes de la alta sociedad (sobre todo británica) por Europa. Su objetivo era el descubrimiento de la Europa continental. Era un viaje muy largo y en él se participaba en todas las actividades culturales posibles. Verdaderamente era un temprano turismo creativo, ya que el viajero se inmiscuía activamente en el día a día del destino que visitaba (siempre, eso sí, en el día a día de las clases sociales más pudientes).

pydper2.wordpress.com

Hubo dos etapas de desarrollo. Se encuentran referencias a este fenómeno ya en el siglo XVI. Sin embargo,  este viaje tendría su momento de auge a finales del siglo XVIII. ¿Casual? Ni muchísimo menos, fue un momento en que concurrieron una serie de circunstancias con las que encuentro, sin dedicarle demasiado tiempo, al menos, tres paralelismos con las razones que justifican el nacimiento del turismo creativo en nuestros días.

En primer lugar, el Grand Tour nace como consecuencia de la ruptura del Reino Unido con la Iglesia. Anteriormente, el viaje se reducía, casi exclusivamente, al peregrinaje a los lugares sagrados. Con la consolidación de Reino Unido como país protestante a principios del siglo XVII y la separación definitiva de la Iglesia católica, surge una nueva corriente renacentista que cambia el motivo de viaje de la visita de lugares sagrados al encuentro con la cultura.

Johann Zoffany en http://www.esacademic.com

También nosotros hemos venido sufriendo una serie de cambios en la motivación del viaje consecuentes de un cambio de mentalidad. De los 80 del siglo XX a esta parte se ha pasado de lo estandarizado a lo especializado. En turismo se ha huido del modelo de masas y se ha aproximado a la microsegmentación. Uno de esos nuevos nichos  ha sido el del turista creativo, que, como el joven británico del siglo XVIII quiere conocer, vivir la realidad de otros pueblos y tener una aventura a través de los hábitos de aquellos a quienes visita.

Por una parte, el contexto histórico en el que se desarrolla en Grand Tour no es otro que la Ilustración, momento en que la razón cobra una nueva dimensión y se entiende que el conocimiento de las culturas clásicas es clave para entender el mundo actual. Poco a poco, el viaje iría evolucionando y tomaría un cambio con la llegada del Romanticismo, ya en el siglo XIX. Encontrándose en plena etapa colonizadora que desembocaría en el Imperialismo, la realidad es que el Grand Tour era considerado una experiencia clave en la educación de los futuros dirigentes del mundo.

Hoy en día, nuestra sociedad es conocida como la sociedad de la información, ¿y qué es la información, sino conocimiento y saber? Aquí encontramos el segundo paralelismo. Nuestros jóvenes también viajan como parte de una educación que pretende hacerles más competitivos en un mundo globalizado. Aprenden sobre otras culturas y otros idiomas, y en cuanto tenemos la ocasión, les enviamos un año a estudiar en otro país, porque es enriquecedor y mejorará su formación. De hecho, de pronto, los viajes son una parte que gana peso en el  curriculum y los entornos multiculturales hacen que un puesto de trabajo sea más atractivo.

Esa sed de conocimiento en el siglo XVIII obligaba a dejar constancia escrita de lo aprendido y así, aparecería la literatura de viajes. Esta se basaba en los escritos que aquellos jóvenes realizaban durante sus viajes en los que explicaban, como si de un diario se tratara, las impresiones que iban teniendo de su experiencia en los destinos. Lo que les parecía raro, curioso, interesante, dulce… Esos autores eran los futuros gobernantes del mundo que miraban al pasado siendo la élite, los dueños del progreso, el símbolo de la evolución humana.

Bien, en este punto encuentro otro paralelismo. ¿Cuál es la literatura de viaje más famosa de nuestros días? Los blogs. El otro día leía que de todos los blogs que hay en la red, más del 20% tratan sobre viajes. Son una muestra de nuestra deseo de información asequible, frente al conocimiento del hombre ilustrado. Los blogs se han convertido en una de las herramientas más utilizadas de nuestra era a la hora de preparar un viaje o aprender sobre un destino. Al igual que las bitácoras del siglo XVIII, cuentan con esa perspectiva personal y la creatividad del que lo escribe, que queda manifiesta en su propio estilo. Dice Jorge Soto Roland que la literatura de viajes se convirtió en el Grand Tour en una herramienta de control. En nuestros días ese “control” es más sutil, pero os planteo esta pregunta: ¿no son los blogs, en su perspectiva más marketiniana, una poderosa herramienta para influir en nuestras decisiones de compra y consumo? Así que los bloggers más seguidos tienen también un importante peso en nuestra sociedad.

Si tenemos en cuenta estos puntos en común entre el turista de aquel entonces y nuestro actual turista creativo, creo que no sería absurdo pensar que estudiar las actividades estrellas del Grand Tour nos puede dar una cuantas pistas para la configuración de productos turísticos creativos en la actualidad.

Permitiendo al turista dejar su huella creativa… Difusor

Hace ya un tiempo que descubrí esta iniciativa y pensé en escribir sobre ella. Para empezar me parece muy innovadora y, por otra parte, da un pasito más en lo que es la creatividad aplicada al turismo.

La propuesta es de una asociación cultural catalana, Difusor. Los profesionales de este colectivo están muy concienciados con las nuevas formas de hacer turismo y esa visión queda demostrada en todos sus proyectos. Uno de ellos tiene relación con la puesta en valor de los recursos del Priorat, enfocándolo como un Parque Temático Auténtico. Es decir, diseñando rutas que pongan el valor los contrastes naturales y artificiales de la comarca y haciendo especial hincapié en sus productos propios.

Sin embargo, el proyecto que a mi me ha cautivado es el de Openwalls. Bien, Openwalls está implantado en Barcelona (y ahora también en Galicia) a través de la Galería Abierta, que recoge una serie de espacios públicos donde se puede intervenir artísticamente con un permiso. Por si no me estoy explicando del todo bien, lo que se pretende es recopilar una serie de muros en los que la ciudadanía pueda mostrar su talento en las artes urbanas.

Para su puesta en marcha, en 2007 se invitó a algunos artistas internacionales a que pintaran con plantillas las calles de Barcelona. El objetivo era concienciar sobre algunos aspectos del arte urbano y su convivencia con la sociedad local.

Después en 2008, se puso en marcha la Galería Abierta de Barcelona, que como ya he explicado consiste en una red de muros susceptibles de decoración urbana que parte de iniciativas particulares.

Posteriormente, el año pasado se realizó el evento Openwalls Conference, que pretendía hacer una puesta en común sobre la convivencia de las políticas municipales y el uso autónomo de los espacios público. Por supuesto, en esta ocasión también se hicieron murales en la ciudad.

Además Difusor gestiona también talleres de plantillas en los que después, según el grupo de trabajo, se puede pintar sobre algún mural de la red. Estos cursos, si los aplicamos al turista, son uno de los ejemplos más contundentes de turismo creativo. Por una parte, se cuenta con la posibilidad de desarrollar la capacidad artística a través de un aprendizaje en destino. Pero, este producto va un paso más allá y permite al aprendiz dejar una huella en el destino. No puedo pensar en un producto que cierre la creatividad en un círculo tan perfecto entre turista, producto y destino. Si el turista quiere vínculos emocionales con el territorio, no se me ocurren muchas otras formas mejores de proporcionárselos que haciendo de su obra parte del destino.

Esta iniciativa, además de permitir que el turista disfrute de una experiencia única, puede tener impactos muy positivos en el propio destino, como:

1. Si se logran acuerdos entre Administración y operadores, podría servir para revitalizar zonas que no sean especialmente turísticas y dotarles de un color especial y una idiosincrasia propia.

2. La propia estética de los barrios puede verse mejorada y parte de los costes de embellecimiento de  edificios podrían tener una vía alternativa de financiación.

3. Y… ¿cuántos de estos turistas que participen colgaran al menos una foto de su creación el destino en redes sociales? Por lo que haremos de nuestro visitante el mejor prescriptor del destino.

Por otro lado, esta idea a mi me ha conducido a una nueva reflexión… Existen muchísimas formas de que el turista deje parte de sí en el destino creando un vínculo único. Las posibilidades son tan variadas como la creatividad del planificador o técnico. Seguro que a muchos ya se os están ocurriendo unas cuantas ideas en las que la creatividad del turista puede formar parte de nuestro destino. Pues vayamos un poco más lejos y hagamos que esa obra sea una muestra de identidad del lugar que se visita. Nosotros ponemos las normas del juego al configurar el producto y las opciones son tantas y tan diversas como seamos capaces de ingeniar.

Gestores, pongámonos a pensar de forma creativa para ser únicos, para ofrecer experiencias turísticas diferentes y diversificadas y demos la oportunidad a nuestros turistas de dejarnos su rastro mientras colaboran en nuestro desarrollo.

Un producto turístico creativo y sano… las artes marciales chinas

China se ha puesto muy de moda en la última década como destino turístico. Hace años la OMT (Organización Mundial del Turismo) vaticinaba que el gigante asiático sería el primer destino mundial para el 2010 y el primer emisor para el 2020. Lo del 2010 no se cumplió, aunque estuvo cerca, se quedó en tercera posición desplazando a España a la cuarta.

Fotografía de Daniel Rueger

 

Y es lógico que China se haya convertido en uno de los países más atractivos para el turismo, ya que cuenta con recursos suficientes para hacer frente a cualquier tipo de demanda. Y como no, resulta que tienen un producto muy, pero que muy interesante para el turista creativo.

Ninguna iniciativa receptiva de China  forma parte, de momento, de la Red Internacional para la Promoción de Turismo Creativo. No obstante, cuenta con un producto ya desarrollado de este tipo.

Fotografía de Daniel Rueger

Éste no es otro que las artes marciales. En China son un reflejo de la filosofía clásica del país y se han ido adaptando con los años a las necesidades y los cambios de la sociedad. De su uso defensivo se pasó a su utilización como espectáculo en los tiempos de paz y, hoy en día, forman parte de los atractivos turísticos, no sólo a nivel exhibición, sino como actividad a practicar en destino.

Es en ese último formato en el que se transforman en un producto turístico creativo, con cada vez más adeptos. Tradicionalmente esa práctica se limitaba a maestros de kung fu, que pasaban meses en Shaolin mejorando su técnica. Hoy en día, los operadores ofrecen la posibilidad de realizar vacaciones temáticas, en Shaolin y en otros puntos del país, en torno al Kung fu y al Tai chi, en todas sus variantes o la posibilidad de participar en talleres de estas artes marciales.

Con un creciente número de practicantes de las disciplinas marciales y de relajación orientales en el mundo occidental, las artes defensivas chinas presentan verdaderas cualidades para convertirse en un producto turístico de bandera.

Dejando de lado el riesgo que esto puede suponer para Shaolin, donde habría que plantearse introducir la capacidad de carga en su planificación, con una correcta gestión, las artes marciales son un potencial recurso para el turismo creativo por varias razones. En primer lugar, la práctica de artes marciales permite su desarrollo al aire libre (por experiencia propia, es muchísimo más gratificante) y el disfrute de la naturaleza en conexión con ella. Mediante las artes marciales, con un buen instructor, el turista conocerá parte de la historia de las mismas y de su relación con la de China y se involucrará con la tradición y la cultura del país, en una práctica muy habitual entre sus habitantes. De hecho, el Tai Chi es deporte nacional y ha sido fomentado por el gobierno por ser muy saludable. Se trata de una actividad artística, cuya principal herramienta es el cuerpo, pero que requiere de una gran concentración y precisión en los movimientos. Además, existe un aprendizaje por parte del turista.

Y por último, las artes marciales ofrecen un valor añadido al turista y es que combinan el equilibrio de la mente y el cuerpo. No enseñarán al turista sólo acerca de la cultura, sino que le harán disfrutar de una experiencia muy saludable y de la que saldrá muy relajado… ¿Hay muchos productos que ofrezcan tantas ventajas?

“El antropólogo inocente” de Nigel Barley. Una historia creativa sobre un turista creativo.

La creatividad, en su sentido más artístico, tiene un gran efecto en los destinos y en la actividad turística. Eso no es ningún secreto. Los libros, las películas e, incluso, los videoclips nos ayudan a hacernos una idea de un destino. Las obras de arte, son, en muchos casos, grandes atractivos para el turismo. Y el turismo creativo tiene, como uno de sus pilares, las actividades artísticas. Así que, en este blog, no podía faltar un guiño hacia la relación de la creatividad artística y el turismo.

Por eso, hoy me gustaría hablar sobre la literatura de viajes. Y más concretamente, sobre un libro cuyo protagonista es un claro ejemplo de turista creativo. Este libro cayó en mis manos porque asistí a una actividad de ocio creativa. Veréis que esta anécdota contaba con todas las papeletas para aparecer en este blog, y no se ha hecho esperar.

Hace ya varios años,  fui con unas amigas a un cuentacuentos que se hacía en un bar de mi ciudad cada jueves por la noche, y del que, escribiré en otra ocasión, porque ha vuelto. Ese día el tema era “Cuentos Eróticos de África”. No recuerdo el nombre del cuentista en cuestión, ni ninguno de los cuentos. Hace ya mucho tiempo. Lo que sí que recuerdo es que este hombre africano era un orador cercano y divertido y nos tuvo encantados todo lo que duró la sesión. Él fue el responsable de que leyera este libro del que os hablo porque lo recomendó durante su actuación y yo no tardé ni una semana en comprarlo.

El antropólogo inocente, de Nigel Barley relata, con bastante sentido del humor, lo que vivió el propio autor cuando se fue a realizar una investigación de campo con los dowayos, tribu originaria de Camerún, considerada por otras tribus camerunesas especialmente “salvaje”. Es, precisamente, en ese salvajismo donde se dan los episodios más cómicos. En ese choque entre dos culturas muy opuestas. Por un lado, la flema inglesa del antropólogo, que se hace evidente en muchas de las sorpresas que se va llevando y las reacciones que va teniendo. Y por otro lado, el comportamiento de los dowayos, en el que los episodios escatológicos, la teatralización de los sentimientos y la absoluta falta de respeto por los espacios personales son el pan de cada día.

Esta novela es la muestra perfecta de cómo una bitácora de viaje (actividad creativa en destino) se puede convertir en literatura, contando las aventuras y desventuras del turista creativo por excelencia: un antropólogo cuyo objetivo es aprender todas y cada una de las tradiciones (artísticas y creativas, o no) de la comunidad local que lo recibe. Para ello, pasará toda su estancia intentando ser un miembro de ella y participando de forma activa de su forma de vida, incluso cuando no es del todo agradable.

Más allá del interés que os pueda despertar el libro en cuestión, que yo por mi parte os recomendaría, a mi me parece que hay pocos ejemplos en los que la creatividad y el turismo puedan estar tan unidos en varias de sus dimensiones.

Ya que la unión hace la fuerza… Red Internacional para la Promoción del Turismo Creativo

Últimamente el asociacionismo se ha convertido en una práctica muy, pero que muy común, en diferentes iniciativas turísticas. La razón no es otra que, con el carácter transversal del turismo, esta unión no es sólo beneficiosa para todas las partes, sino que es, incluso necesaria.

Pues en esto, siempre hay quien toma la delantera, y en el caso del turismo creativo fueron tres los, digamos, visionarios: Barcelona, Roma y Paris, a través de sus respectivos organismos FUSIC, ADC, EP y el OSSERVATORIO. Juntos formaron la Red Internacional para la Promoción del Turismo Creativo, con el apoyo de algunas organizaciones, como la UNESCO, y del Programa Cultura de la UE 2007-2013.

¿Y cuál es el objetivo de esta red? En primer lugar es un foro de expertos, entre los que se encuentra Greg Richards, donde los miembros pueden poner en común algunas experiencias y su principal objetivo es ofrecer apoyo a las instituciones, destinos y operadores que quieran emprender proyectos de Turismo Creativo, por considerarlo inclusivo, participativo, sostenible y que cuida de las culturas autóctonas.

En 2010 organizaron la I Conferencia de Turismo Creativo en Barcelona, en la que hubo proyectos, en mi opinión, muy frescos, y de los que iremos hablando. Aunque sí que me gustaría adelantar, que lo único que comparten es esa participación del turista…

Poco a poco la oferta de experiencias turísticas creativas va ampliándose, los destinos se adaptan a la tendencia, que si bien hoy, es minoritaria, en Barcelona en 2011, 15.000 turistas fueron exclusivamente, creativos.

La puerta de la imaginación, la originalidad y la creatividad está abierta para que el turismo no sea una experiencia estandarizada y ser “turísticamente” más innovadores y competitivos…

Los Erasmus viajan por la fiesta… ¡y por mucho más!

Si el turismo idiomático merece respeto, cuando éste se refiere a los Erasmus, ya no despierta tanta simpatía. Que si son cutres y no gastan, que si sólo quieren salir de fiesta y emborracharse, que si no se enteran de nada ¡vamos que el Eramus parece ser el heredero del sueco retratado en las películas de Pajares y Esteso!… Y sin embargo, todo el mundo, si no lo ha hecho, reconoce que le habría encantado vivir esa experiencia… ¡Eso sí! Cuando se hace esa confesión, la experiencia Erasmus toma un cariz más cultural y menos irresponsable: “es muy enriquecedor” o “se aprende mucho”  o “te ayuda a ser más independiente”… ¿Soy la única que detecta una cierta hipocresía?

Pues aquí va mi opinión. EL estudiante Erasmus es, sin lugar a dudas, el turista creativo por ANTONOMASIA, y esta afirmación la hago con conocimiento de causa y para hacer caer algunos falsos mitos:

  • El Erasmus viaja con un motivo principal, que es el del aprendizaje. Aunque continúa su formación universitaria, el principal aprendizaje es el del idioma del país que visita.
  • Es un turista que no sólo busca ser partícipe del destino, sino que quiere formar parte de la comunidad que lo acoge. El Erasmus quiere ser miembro activo de toda serie de tradiciones, costumbres y saraos que se desarrollen en la ciudad en la que está. Y se involucrará tan enérgicamente como se le permita en cada una de ellas. En todo este proceso también hay un aprendizaje y familiarización con la culturilla autóctona.
  • Desarrolla sus capacidades artísticas y creativas a través de cada una de las actividades de aprendizaje que realiza en el destino. Como mínimo, cuando acabe ese período de Erasmus, sabrá preparar un plato típico del sitio donde ha estado y hablar algo del idioma.
  • Crea un vínculo emocional con el territorio y con los habitantes. El recuerdo que le quedará de este viaje formará parte de su vida y lo llevará como parte de su formación. De hecho, ¡incluso lo pondrá en su CV! Así que hará publicidad del destino en cada entrevista de trabajo que tenga. Y es que, el Erasmus crecerá a nivel personal en el destino y lo hará suyo.

Pero además de que, efectivamente, no creo que haya ningún turista que case tan perfectamente con la definición de creativo, voy a desmentir otras afirmaciones que he oído sobre él.

El estudiante Erasmus, de cutre nada, ha viajado bastante y sabe lo que vale su dinero. No les vamos a dar gato por liebre. Estos estudiantes no se privan de nada en su estancia. Si lo que les ofrecen lo vale, lo harán. Los Erasmus dan mucho valor a la fiesta, para qué vamos a engañarnos, pero también consumen otras actividades de ocio (restaurantes, bares, conciertos), cultura (museos, monumentos, lugares emblemáticos…) y deporte. Durante su estancia viajan a otros destinos.  Traen a otros turistas que vienen de visita. Es un turista que viene y se queda muchos meses, ¿no queríamos desestacionalizar? Pero además, el Erasmus de hoy es el economista, el médico o el ingeniero de mañana que tendrá una opinión sobre lo que vivió en su Erasmus y si le gustó regresará siendo un profesional independiente…  ¿No habría que plantearse qué se les está ofreciendo? a mi no me cabe duda de que es un nicho muy goloso…