Los Erasmus viajan por la fiesta… ¡y por mucho más!

Si el turismo idiomático merece respeto, cuando éste se refiere a los Erasmus, ya no despierta tanta simpatía. Que si son cutres y no gastan, que si sólo quieren salir de fiesta y emborracharse, que si no se enteran de nada ¡vamos que el Eramus parece ser el heredero del sueco retratado en las películas de Pajares y Esteso!… Y sin embargo, todo el mundo, si no lo ha hecho, reconoce que le habría encantado vivir esa experiencia… ¡Eso sí! Cuando se hace esa confesión, la experiencia Erasmus toma un cariz más cultural y menos irresponsable: “es muy enriquecedor” o “se aprende mucho”  o “te ayuda a ser más independiente”… ¿Soy la única que detecta una cierta hipocresía?

Pues aquí va mi opinión. EL estudiante Erasmus es, sin lugar a dudas, el turista creativo por ANTONOMASIA, y esta afirmación la hago con conocimiento de causa y para hacer caer algunos falsos mitos:

  • El Erasmus viaja con un motivo principal, que es el del aprendizaje. Aunque continúa su formación universitaria, el principal aprendizaje es el del idioma del país que visita.
  • Es un turista que no sólo busca ser partícipe del destino, sino que quiere formar parte de la comunidad que lo acoge. El Erasmus quiere ser miembro activo de toda serie de tradiciones, costumbres y saraos que se desarrollen en la ciudad en la que está. Y se involucrará tan enérgicamente como se le permita en cada una de ellas. En todo este proceso también hay un aprendizaje y familiarización con la culturilla autóctona.
  • Desarrolla sus capacidades artísticas y creativas a través de cada una de las actividades de aprendizaje que realiza en el destino. Como mínimo, cuando acabe ese período de Erasmus, sabrá preparar un plato típico del sitio donde ha estado y hablar algo del idioma.
  • Crea un vínculo emocional con el territorio y con los habitantes. El recuerdo que le quedará de este viaje formará parte de su vida y lo llevará como parte de su formación. De hecho, ¡incluso lo pondrá en su CV! Así que hará publicidad del destino en cada entrevista de trabajo que tenga. Y es que, el Erasmus crecerá a nivel personal en el destino y lo hará suyo.

Pero además de que, efectivamente, no creo que haya ningún turista que case tan perfectamente con la definición de creativo, voy a desmentir otras afirmaciones que he oído sobre él.

El estudiante Erasmus, de cutre nada, ha viajado bastante y sabe lo que vale su dinero. No les vamos a dar gato por liebre. Estos estudiantes no se privan de nada en su estancia. Si lo que les ofrecen lo vale, lo harán. Los Erasmus dan mucho valor a la fiesta, para qué vamos a engañarnos, pero también consumen otras actividades de ocio (restaurantes, bares, conciertos), cultura (museos, monumentos, lugares emblemáticos…) y deporte. Durante su estancia viajan a otros destinos.  Traen a otros turistas que vienen de visita. Es un turista que viene y se queda muchos meses, ¿no queríamos desestacionalizar? Pero además, el Erasmus de hoy es el economista, el médico o el ingeniero de mañana que tendrá una opinión sobre lo que vivió en su Erasmus y si le gustó regresará siendo un profesional independiente…  ¿No habría que plantearse qué se les está ofreciendo? a mi no me cabe duda de que es un nicho muy goloso…

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