“El antropólogo inocente” de Nigel Barley. Una historia creativa sobre un turista creativo.

La creatividad, en su sentido más artístico, tiene un gran efecto en los destinos y en la actividad turística. Eso no es ningún secreto. Los libros, las películas e, incluso, los videoclips nos ayudan a hacernos una idea de un destino. Las obras de arte, son, en muchos casos, grandes atractivos para el turismo. Y el turismo creativo tiene, como uno de sus pilares, las actividades artísticas. Así que, en este blog, no podía faltar un guiño hacia la relación de la creatividad artística y el turismo.

Por eso, hoy me gustaría hablar sobre la literatura de viajes. Y más concretamente, sobre un libro cuyo protagonista es un claro ejemplo de turista creativo. Este libro cayó en mis manos porque asistí a una actividad de ocio creativa. Veréis que esta anécdota contaba con todas las papeletas para aparecer en este blog, y no se ha hecho esperar.

Hace ya varios años,  fui con unas amigas a un cuentacuentos que se hacía en un bar de mi ciudad cada jueves por la noche, y del que, escribiré en otra ocasión, porque ha vuelto. Ese día el tema era “Cuentos Eróticos de África”. No recuerdo el nombre del cuentista en cuestión, ni ninguno de los cuentos. Hace ya mucho tiempo. Lo que sí que recuerdo es que este hombre africano era un orador cercano y divertido y nos tuvo encantados todo lo que duró la sesión. Él fue el responsable de que leyera este libro del que os hablo porque lo recomendó durante su actuación y yo no tardé ni una semana en comprarlo.

El antropólogo inocente, de Nigel Barley relata, con bastante sentido del humor, lo que vivió el propio autor cuando se fue a realizar una investigación de campo con los dowayos, tribu originaria de Camerún, considerada por otras tribus camerunesas especialmente “salvaje”. Es, precisamente, en ese salvajismo donde se dan los episodios más cómicos. En ese choque entre dos culturas muy opuestas. Por un lado, la flema inglesa del antropólogo, que se hace evidente en muchas de las sorpresas que se va llevando y las reacciones que va teniendo. Y por otro lado, el comportamiento de los dowayos, en el que los episodios escatológicos, la teatralización de los sentimientos y la absoluta falta de respeto por los espacios personales son el pan de cada día.

Esta novela es la muestra perfecta de cómo una bitácora de viaje (actividad creativa en destino) se puede convertir en literatura, contando las aventuras y desventuras del turista creativo por excelencia: un antropólogo cuyo objetivo es aprender todas y cada una de las tradiciones (artísticas y creativas, o no) de la comunidad local que lo recibe. Para ello, pasará toda su estancia intentando ser un miembro de ella y participando de forma activa de su forma de vida, incluso cuando no es del todo agradable.

Más allá del interés que os pueda despertar el libro en cuestión, que yo por mi parte os recomendaría, a mi me parece que hay pocos ejemplos en los que la creatividad y el turismo puedan estar tan unidos en varias de sus dimensiones.