Creatividad japonesa con escenario conquense: Sora No Oto

Llevo varios días resistiéndome a la tentación de escribir sobre una noticia que apareció en Hosteltur el pasado miércoles 14 de marzo por no ser demasiado repetitiva. Pero  hoy he decidido darme el capricho y hacer un comentario sobre ella porque es de esas anécdotas que me gustan muchísimo y que están muy relacionadas con turismo, arte y creatividad.

Una vez más, el arte se muestra como un aliciente para fomentar el turismo hacia una región. Es evidente que las artes creativas son capaces de proyectar una imagen de un destino y hacer a un público determinado querer visitarlo porque emula aquello que ve reflejado en esa obra de arte, ya sea un cuadro, una película o cualquier otra expresión.

Pues en este caso la noticia no puede ser más llamativa ya que combina la creatividad japonesa y la ciudad española de Cuenca. Y muchos pensaréis que esto no pega ni con cola, que es lo que yo pensé al leer el titular el otro día. Pues craso error el nuestro, porque no sólo pega, sino que los efectos de esta mezcla tan ecléctica se han hecho patentes en las cifras. Y como todos sabemos, cuando hablamos de cifras, los datos pasan de ser conjeturas a hechos.

El punto de unión entre estos dos remotos territorios se ha dado a través de una serie de anime japonesa cuya trama se desarrolla en un pueblo ficticio, Seize, que está inspirado en la ciudad de Cuenca. El anime es una expresión artística de origen japonés que tiene su antecedente en el manga (comic) y que no es otra que las series de dibujos animados. Esas con personajes de ojos grandes y de colores llamativos que lucen, además, todo tipo de peinados. Este arte ha sido testigo de diferentes tipos de creatividad. En primer lugar la propia de las historias, los temas y las ilustraciones y, en segundo lugar la creatividad aplicada a sus herramientas, siendo cada vez más tecnológicas.

Así que Sora No Oto o Sora No Woto (Sonido del Cielo) es una serie anime de ciencia ficción sobre el mundo futuro, en que un joven ejército trata de defender una fortaleza que se encuentra en lo alto de un pueblo, que es, nada más y nada menos, Cuenca. Os dejo el tráiler para que podáis echar un vistazo e intentéis identificar los escenarios más emblemáticos.

Lo interesante de todo esto es que desde que la serie se empezase a emitir en Japón en enero de 2010, Cuenca ha recibido casi un 50% más de turistas provenientes de Japón. En muchos casos llegan con ilustraciones del anime preguntando por algunos de los lugares de la ciudad.

Resulta que esta historieta sobre la serie japonesa y el impacto que ha generado en Cuenca me ha dejado muy impresionada, no sólo por cómo las artes creativas influyen en los destinos, sino porque me lleva a preguntarme cuáles son las oportunidades que presenta para realizar una promoción muy creativa de los mismos.

El anime, como arte, no sólo tiene seguidores en Japón, sino que también en occidente se ha ido ganando más y más adeptos. Hoy en día tiene un verdadero mercado en Europa y América. Se trata de un tipo de programación que está muy segmentada. Uno puede encontrar animes para todo tipo de grupos sociales, lo cual, puede incluso ayudarnos a hacernos una mejor idea de los segmentos de turistas japoneses. El aficionado al anime es muy fiel. Estas series, en muchos casos, duran años y años. Tras ellas vienen sus secuelas y sus seguidores no las abandonan. De hecho, conocen todos sus giros, personajes y posibles historias paralelas que puedan ocurrir.

Teniendo en cuenta que el turista japonés se siente muy atraído por la cultura española y que, además, interesa por su propio perfil (capacidad de gasto, poco problemático, estancias largas…) quizás sería interesante plantearse utilizar este tipo de dibujos como promotores de destino, dotándoles del carácter propio del mismo y disfrutando de los productos de la zona a promocionar,  en campañas específicas dirigidas al público japonés.

De igual forma que el cine sirve como herramienta de promoción de destinos… ¿no podría resultar interesante entrar también en el mundo del manga y el anime, aproximándonos a los mercados asiáticos a través de su propia cultura?

La creatividad turística de Disney: los parques temáticos.

En la mayoría de las ocasiones, la creatividad no transforma el mundo de una manera que rompe con todo lo anterior, sino que toma un concepto, estudia las herramientas y lo readapta para desarrollar algo un tanto diferente a lo que había con anterioridad. Esta es la base de la creatividad, encontrar nuevas formas de hacer para adecuarse a los cambios en todas y cada una de las industrias, también en turismo. Y en este campo, hay muchísimos ejemplos que lo demuestran.

El otro día comentábamos como nacieron los parques de atracciones y cómo en los primeros años del siglo XX aparecieron en las localidades turísticas de la época. Como todas las modas, turísticas o no, tuvieron su nacimiento, su auge y su declive. Así que tras los felices años 20, la llegada de la crisis del 29 y la posterior Guerra Mundial, el ocio quedaría de lado ante la necesidad de la supervivencia.

Una vez terminado este triste episodio y de vuelta a una etapa de esplendor económico, los parques de atracciones sufren un renacer, que, sin embargo, sólo duraría hasta los 50. Parecía que el antiguo modelo de parque de atracciones ya no era tan atractivo.

Y en ese momento entra en esta singular historia Walt Disney, uno de los hombres más creativos de su tiempo. Este genio puso cara, voz y gestualidad a los personajes de los cuentos clásicos a través de la animación cinematográfica. Pero Walt Disney no dejó su ingenio creativo en la industria del cine, a la que revolucionó en 1937 con Blancanieves y los siete enanitos, sino que marcaría también un punto y aparte en el mundo del turismo, el ocio y el entretenimiento, construyendo el primer parque temático de la historia.

La idea le rondaba en la cabeza desde los años 40, y, lo que en un principio se concebía como un parque destinado a divertir a sus empleados con sus familias, pronto se convertiría en un modelo de negocio que hoy ha demostrado sobradamente su capacidad.

Disney había observado en los parques de atracciones que no eran lugares que destacasen ni por su higiene ni por su especialización, donde los niños se divertían, los padres no encontraban qué hacer. El servicio era muy estándar y las atracciones siempre eran las mismas.

Así que poco a poco se fue fraguando la idea de acercar sus personajes a esas familias en una experiencia en la que pudieran interactuar con los mismos y aprender de y con ellos. Suena a un temprano producto de turismo creativo, ¿no? Paso a paso desarrolló la idea de que debía entrar en el mundo de las atracciones, pero de una manera un poco distinta. Necesitaría dividir el terreno en diferentes áreas con ejes temáticos para que las atracciones de unas no molestaran a las otras y debía introducir el aprendizaje en el modelo.

El resultado fue un parque que combinaba perfectamente en su recinto el pasado, el presente y el futuro del mundo estadounidense con un espacio dedicado a la aventura en la selva y la jungla y una parcela para la fantasía de las películas de Disney. El parque abrió sus puertas el 18 de junio de 1955 y en septiembre de ese mismo año habría logrado 1 millón de visitas.

Poco a poco, Disneyland se convertiría en un Resort Sería copiado como modelo por otras empresas como Warner Bross y exportado a Florida, Tokio y Paris. El ejemplo de Florida , Magic Kingdom, llegaría a recibir casi 17 millones de visitas anuales. Para que os hagáis una idea de la cifra, os diré que Londres, primer destino urbano del mundo en 2008, recibió en ese año menos de 16 millones.

Es decir, los parques temáticos de Disney son de los principales destinos del mundo y son de los pocos, por no decir únicos, ejemplos en los que el parque se convierte en el destino propio del viaje turístico y no una visita más dentro del mismo.

Walt Disney fue, no sólo un hombre creativo, sino un auténtico genio de los negocios que supo combinar la creatividad del cuento, del cine, de la ingeniería y del turismo en una experiencia única y participativa en la que nos devuelve a nuestra infancia y al mundo de fantasía, en un producto eminentemente creativo, sólido, con gran resistencia a las modas y capaz de mantenerse entre los destinos preferidos  del mundo después de 50 años.

Valencia, creatividad en bruto

De que Valencia es una ciudad creativa a mí no me cabe ninguna duda. La ciudad ha sido uno de los centros neurálgicos de mayor importancia del Mediterráneo a lo largo de toda su historia. Conocida como tierra de músicos y cuna de Blasco Ibáñez, sus playas han sido escenarios de algunos de los mejores cuadros de Sorolla.  Pero no seguiré el argumento en esta línea ya que grandes artistas los han tenido todas las regiones de España.

Sin  embargo, me gustaría, aprovechando las fechas en las que  no encontramos, hacer una pequeña reflexión acerca de las Fallas, la fiesta más famosa de la ciudad y el claro ejemplo de esa creatividad de la que tan a menudo hablamos.

La tradición fallera tiene diferentes teorías en cuanto a su origen. Mientras unos dicen que se trata de la continuación de una fiesta pagana para dar la bienvenida a la primavera, otros hablan de la quema de las sobras de los carpinteros para rendir culto a San José. En cualquier caso, la evolución de la festividad muestra la capacidad valenciana de hacer comedia o parodia de forma muy original sobre la actualidad de “la terreta”, como dicen los propios valencianos. Indudablemente, hay que tener talento para reírse de uno mismo y de lo que sucede alrededor. Cuando este talento se acompaña de una o varias manifestaciones creativas,  se eleva a la categoría de arte, y esto es, exactamente, lo que no falta en Valencia.

La fiesta, que se ha convertido en uno de los iconos turísticos, no ya solo de Valencia, sino de España en su conjunto, desprende originalidad e ingenio por cada uno de sus poros.

Fotografía de Ana Ropero

La construcción de cada uno de los monumentos falleros lleva un año de trabajo detrás. Se trata de la representación escultórica con rasgos satíricos y burlescos de la actualidad. Como cualquier expresión artística transmite la realidad de un entorno. Además se acompañan de carteles explicativos que dejan más clara la sorna que se esconde detrás de cada uno de estos monumentos. En algunas ocasiones, se acompaña de un llibret (documento escrito que explica la falla) que no carece de calidad literaria.

Fotografía de Ana Ropero

En las Fallas, además, confluyen otros tipos de arte muy asociados a la cultura tradicional valenciana. El culto al fuego se hace patente también en las demostraciones de los maestros pirotécnicos de la ciudad en las mascletás y los castillos nocturnos. Mientras que las primeras estimulan el oído , los segundos la vista. En cualquier caso, es un arte sensorial que ha sufrido procesos creativos no sólo artísticos, sino también tecnológicos, al introducir la ejecución electrónica, que asegura lograr una mayor precisión con los ritmos.

También en el diseño de los trajes falleros y en su confección existe un enorme componente creativo. La evolución del propio traje y de las telas y ornamentos que se utilizan en él, es otra clara muestra de la historia del territorio y la labor de sus artesanos.

Sin embargo, y pese a toda la creatividad que se desprende de cada una de las actividades que rodean a las Fallas, una de las críticas que más he escuchado de los visitantes a ellas, es su carácter privado. Mientras que la ciudad se viste de fiesta, en ocasiones los que la visitan se sienten poco partícipes de ellas. Valencia cuenta en estos días con la expresión más importante de su cultura y con la llegada de miles de turistas, una clara oportunidad para crear un recuerdo único e identitario en sus asistentes. Y aquí me gustaría lanzar una pregunta, ¿no sería interesante desarrollar un producto turístico creativo en torno a ellas?

Imaginemos por un momento abrir los talleres falleros a los visitantes en jornadas de puertas abiertas, ofreciéndoles la posibilidad de participar activamente en la elaboración, si no del monumento, de una recreación en miniatura que puedan llevar consigo. Pongámonos en el caso de descubrir el funcionamiento de la electrónica que se utiliza para las mascletás y los castillos en un lugar controlado y seguro. Asimismo, sería interesante conocer las particularidades que entraña el tratamiento de las telas y poder participar en su elaboración en trabajos, por ejemplo, de patchwork, que están tan de moda hoy en día.

Las Fallas ofrecen una gran oportunidad para la creación de productos creativos y diversificados, orientados a diferentes públicos y, teniendo en cuenta la extensa duración de la preparación del evento, capaces de ser ofrecidos a lo largo de todo el año, creando una unión entre los valencianos, su cultura y los turistas.

 

 

 

La creatividad es un gran recurso turístico

Es indiscutible que la creatividad tiene un peso muy importante en el sector turístico, pero por si aún caben dudas os diré que, además, el simple concepto de creatividad es un potente atractivo. No es ninguna casualidad que las “ciudades creativas” sean los principales receptores del mundo. De hecho, cuando uno piensa en los motivos que lo llevan a estos destinos, coinciden, en una gran medida, con las características que estas ciudades reúnen.

Para hacer más claro este punto, propongo que consideremos algunas de las características de las ciudades creativas y su relación con el turismo

  1. Las ciudades creativas cuentan con una oferta de ocio muy variada (bares, restaurantes, museos, galerías, exposiciones, teatros, conciertos, espectáculos, deportes, discotecas). Son ciudades diseñadas para el entretenimiento y, si no me equivoco, uno busca entretenerse cuando viaja.
  2. Son ciudades que se orientan a los servicios y por tanto, tienen infraestructuras para soportar el turismo: hoteles, medios de transporte urbano e interurbano. Y últimamente, quien más y quien menos cuenta con un aeropuerto en el que operan compañías de bajo coste.
  3. Se trata de ciudades en la que los negocios tienen una gran presencia. De hecho, esa imagen de entorno creativo es una herramienta para atraer el talento, y de nuevo, aumentar la competitividad. Ese dinamismo es una imagen que gusta al turismo. Pensad en cuántas fotografías con efecto de barrido de destinos urbanos nos han cautivado.

    Matthias Rhomberg, en flickr

  4. Tienen edificios modernos combinados con edificios históricos. Eso otorga al destino una imagen de innovación y tradición irresistible para el turismo. De paso, se hace patente que la creatividad no es sólo artística, sino que va asociada al diseño de la ciudad.
  5. Son ciudades que suelen contar con un alto porcentaje de población inmigrante. Este hecho ofrece cosmopolitismo, multiculturalidad y explica que quizás uno no pueda encontrar mucho de la cultura del destino. Pero aun así, esa fusión es precisamente lo atractivo en estos destinos.
  6. En general cuentan con distritos bohemios. Pueden ser bohemios por la concentración de artistas, la presencia de mercadillos, por ser considerados liberales y tolerantes o por la suma de todos los anteriores. Y esto también es un gran atractivo para el turista.

Weesen, en flickr

Es evidente que las ciudades creativas son atractivas para los viajes aunque, en algunos casos tengo la sensación de que la competición por esa creatividad alcanza los sinsentidos y me cuesta ver qué puede tener de positivo contar con ciudades que comparten características creativas en detrimento de su carácter único.

La creatividad en las ciudades debería buscarse con estrategias acordes a la propia personalidad del destino.  Atraer el talento y buscar la competitividad es necesario, pero me da la impresión de que en ocasiones, se ve como única herramienta para ello el abandono de quién se es. Por desgracia, o por suerte, no todas las ciudades pueden ser Londres o Nueva York, pero es que tampoco deberían intentar serlo.

La creatividad, la ingeniería y el turismo se unieron para construir los Parques de Atracciones.

Esta es una de esas historias que me encantan. En general me gustan mucho las curiosidades, pero cuando confluyen en una misma anécdota el turismo y la ingeniería (siendo ésta utilizada como herramienta  por aquel) me da una especie de júbilo indescriptible. Será el complejo propio de los turistólogos, pero cuando la ingeniería se pone al servicio del turismo, de pronto siento que un ingeniero y yo nos podemos tratar de tú a tú.

El caso de los parques de atracciones no es otro que ese. Se trata de un modelo donde la ingeniería desarrolla innovaciones tecnológicas y las brinda al mundo del ocio, el entretenimiento y el turismo. La creatividad en este capítulo se encuentra en la búsqueda y obtención de un nuevo entretenimiento y en el diseño de los instrumentos que lo compondrán, ergo creatividad turística y creatividad ingeniera.

El auge de los parques de atracciones se remonta a la segunda mitad del siglo XIX. Aunque hay algún ejemplo anterior, como el de Bakken, en Copenhague, que sigue abierto y es del año 1583, el gran desarrollo de los parques de atracciones sería consecuencia de dos causas básicas: acceso de las clases trabajadoras al turismo y evolución tecnológica.

Por lo tanto, consideraremos que el predecesor de lo que vendría después sería el Tivoli,  también en Copenhague, que es a fecha de hoy el segundo parque temático más visitado de Europa y que dice la leyenda, que se construyó para mantener al pueblo entretenido y alejado de la política.

Pero donde el parque de atracciones tuvo mayor impacto fue en Reino Unido y en los Estados Unidos. Ambos países atravesaban temporadas de bonanza económica y gran desarrollo tecnológico. Con la Revolución Industrial fueron apareciendo las vacaciones pagadas y de acceso a las clases más bajas, el auge del ferrocarril y la mecanización de muchas actividades.

Esa mecanización también se aplicó a los destinos. En aquel entonces el mar había empezado a tomar fuerza como destino turístico de moda y lo que vino después lo llenaría de sonido, luces y atracciones pensadas para el disfrute de las clases trabajadoras.

entertainmentdesigner.com

Para adaptarse a esa nueva tendencia del turismo, los destinos se dotaron de muelles (piers), donde habría orquestas, casinos y hoteles. Y poco a poco se fueron llenando también de otra serie de infraestructuras para el ocio aprovechando los adelantos de la época como el carrusel de plataforma y propulsado con vapor de mediados del siglo XIX, la primera montaña rusa del año 1884 llamada Switchback Railway y la primera noria de 1893. Ese es el nacimiento verdadero de los parques de atracciones como los entendemos hoy.

En los años que siguieron atravesaron una época de esplendor y aparecieron en los destinos más populares de aquel entonces. Quedarían para el recuerdo el Luna Park de Brighton en Reino Unido y el Luna Park de Coney Island en Estados Unidos, aunque ni mucho menos serían los únicos.

Y tanta creatividad e innovación… ¿no pueden poner en peligro al turismo?

No todo podía ser de color de rosa en cuanto a creatividad y turismo. Así que antes o después, alguien se haría esta pregunta tan lógica. El turismo es una industria muy adaptable. Va cambiando con las modas y tomando nuevas tecnologías y haciéndolas suyas. Se mantiene siempre a la última. Incluso en los momentos de crisis (de índole económica o cualquier otra) ha demostrado una capacidad de recuperación mucho mayor que la de otros sectores. Esto es, entre otras cosas, porque cada vez hay más motivos para viajar.

Sin embargo, esa creatividad aplicada al mundo de la tecnología, que ha sido la gran aliada del sector a lo largo de su historia, se muestra ahora como una amenaza para el mismo, porque va a un ritmo tan trepidante que se hace muy difícil correr a su lado.

Uno de los sectores que, en teoría, se podría ver más afectado es el turismo de negocios. Las reuniones pueden, en muchos casos, sustituirse por videoconferencias o telepresencia (un sistema que casi nos hace estar presentes a través de pantallas). De momento, aunque la alarma está dada, la capacidad de estas herramientas deja cierto margen de maniobra, ya que aún no parecen tener la capacidad para hacer competencia a los congresos y conferencias.

Pero, que la alerta se haya centrado en los negocios, no deja exento al resto del turismo. De hecho, Richards y Wilson, en ese artículo que me descubrió el mundo del turismo creativo (y cuyo título es Developing creativity in tourist experiences: A solution to the serial reproduction of culture?), comentaban que uno de los retos para el turismo creativo es, precisamente, la movilidad que caracteriza a la creatividad. Es decir, cómo unir la experiencia creativa al destino.

Cuando leí esto no pude evitar pensar en el turismo virtual. Este término lo usaban dos de mis investigadores favoritos, Chris Gibson y John Connell. Su trabajo de investigación se centra en la relación entre el turismo y la música y tienen un libro que no hay que perderse: Music and Tourism: on the road again. Bueno, pues el concepto de turismo virtual, lo utilizaban para explicar cómo las músicas del mundo eran capaces de trasladar al oyente al destino sin necesidad de estar en él, poniendo como ejemplo principal, la música hawaiana.

Y quizá esto es un desvarío de alguien que no tiene mucha idea de ciencia ni su aplicación, pero si sumo el hecho de que la tecnología actual parece ser capaz de lograr representaciones de la realidad muy fieles y de que, mediante un cierto estímulo sensorial, los humanos tenemos la habilidad de trasladarnos virtualmente a otro lugar, no veo tan lejana la posibilidad de que Recall, esa agencia especializada en viajes virtuales a la que acudía Arnold Swarzenegger en Desafío Total, pueda formar parte de los futuros negocios del turismo…

Así que, supongo que, llegado el caso, el verdadero reto del turismo de facto será buscar la forma de coexistir con ese turismo virtual…

 

La aviación comercial: una de las grandes creativas del siglo XX. El origen de los CRS y su evolución hacia el GDS.

De nuevo me gustaría dedicar un pequeño capítulo a esa gran creativa que fue la aviación civil de mediados del siglo XX, porque su historia no terminó con Magnetronic Reservisor. De hecho, como ya adelanté, ese hombre creativo llamado C.R. Smith, presidente de la American Airlines, ya estaba, para los primeros años  de la década de los 50 pensando en un sistema mucho más complejo y el azar estuvo de su parte.

Así que, según cuenta la leyenda, en 1953 quiso la casualidad que C.R. Smith coincidiese en un vuelo (no podía ser en otro sitio) con Blair Smith, representante comercial de IBM. Pues lo que empezó siendo una conversación banal acerca de su común apellido, terminó convirtiéndose en una reunión de negocios en la que se trató de los problemas con las reservas de American Airlines y las posibles soluciones que IBM podría aportar, utilizando la tecnología aplicada para un proyecto de defensa en común con las Fuerzas Aéreas de Estados Unidos.

Como resultado de este encuentro, un equipo de ingenieros de IBM se unió a los agentes de reservas de American Airlines, detectando las necesidades del día a día y aportando soluciones, trabajando en un proyecto que costaría alrededor de 40 millones de dólares. Se firmaría un acuerdo formal en 1957, y, en 1960, se instalaría el primer software de gestión de reservas de vuelos integral. Aplicando mejoras en ese sistema, en el año 1964 sería capaz de encargarse de todos los procesos de una reserva y tendría la capacidad de gestionar 83.000 llamadas telefónicas. Este sistema se llamaría SABRE y sería el primer CRS (Central Reservation System) de la historia del turismo, que no el único. De hecho, en las décadas de los 60, los 70 y los 80 aparecieron competidores en todo el mundo.

SABRE, siendo el primero, se comercializó en los 70 y se implantó en agencias de viajes, por primera vez en el año 76. Aunque en este caso, no fue pionero, sino que lo fue Apollo. Fue actualizándose y manteniéndose puntero introduciendo un buscador de las mejores tarifas e incluyendo reservas de hoteles y alquiler de coches, aunque para esto aún quedaría algún tiempo. Sin embargo, es importante porque fue el paso de CRS a GDS (Global Distribution System).

Poco a poco, los grandes grupos de compañías aéreas se hicieron con el mayor volumen de mercado y desaparecieron los GDS menos potentes, quedando tres o cuatro (según que fuentes): SABRE, Amadeus, Galileo y Worldsplan. Y estos fueron desvinculándose de las aerolíneas para funcionar como consultoras tecnológicas y distribuidoras.

Este video de Everbread (perdón por la publicidad y porque esta en inglés) me parece que da una explicación muy entretenida y simpática sobre el asunto:

HISTORY OF FLIGHT SEARCH: 1950s – 1990s from Everbread on Vimeo.

Ofreciendo una manera de hacer muchísimo más eficiente el trabajo de las agencias de viaje, como la combinación de varias opciones de vuelos y servicios extra, se creó una gran dependencia de las mismas a estos sistemas de distribución, que, a su vez, les cobraban por el uso de su tecnología, además de la comisión por reserva…

Lo que empezó como una solución creativa a los problemas de una industria, derivó en un negocio muy lucrativo con gran capacidad de readaptación y fuerza en el mercado… es decir, la creatividad tecnológica acabó en una gran creatividad empresarial y, al final, en un negocio multimillonario.

Aunque, por supuesto, se vería afectada por la aparición de internet… pero eso es otra historia de creatividad aplicada al turismo.