Club de Producto Turístico. ¿Creatividad o Inversión?

El concepto de Club de Producto Turístico nació en Canadá en los años 90, cuando las autoridades se dieron cuenta de que necesitaban productos más específicos y más segmentados para su turismo. El Club de Producto Turístico fue una solución creativa para sus necesidades. Detectaron que sus turistas exigían productos más diversificados y menos estandarizados y apostaron por la unión de sus empresarios en torno a productos determinados, les apoyaron en la formación y la investigación y les ayudaron a apostar por la calidad y la competitividad conjunta.

El asociacionismo en el sector turístico es muy habitual por las propias características del mismo. La interacción de los diferentes agentes es mucho más evidente que en otros campos, por el simple hecho de que un mismo viaje turístico cuenta con gran cantidad de experiencias y, son también muchas, las empresas que prestan los diferentes servicios (transporte, alojamiento, restaurantes, etc).

Así que ¿qué mejor manera de aumentar la calidad y la competitividad que haciendo frente común? Este es el pilar del que parte el concepto de Club de Producto Turístico: la competencia está fuera de él. Dentro de él se establece un marco de cooperación con unos parámetros de calidad y unas formas de hacer que se engloban bajo una marca conjunta que cuenta con el apoyo de la Administración en diferentes ámbitos.

En España, la primera referencia que he encontrado al término es de 2005. Pero desde entonces ha ganado popularidad. En un primer momento se prestaba más atención a la parte promocional y de comercialización y poco a poco se ha ido reconociendo su capacidad como modelo de gestión. De hecho, se considera una herramienta para desarrollar nuevos productos, mejorar los existentes, hacer una apuesta por la calidad y la competitividad, adaptar los productos a los cambios de la demanda y, también, a las nuevas tecnologías.

¿Y cómo conseguirlo? Mediante constante estudio, conocimiento, creatividad e innovación. La idea final es ir haciendo una cartera de productos menos dependiente del factor precio. En principio, la creación de Clubes de Producto Turístico trae beneficios para todos los participantes, la comunidad local y los turistas.

SECTUR (2001)

Es sorprendente, sin embargo, que fuera del entorno profesional, no se tenga mucho conocimiento sobre ellos en un país en el que el turismo es uno de los ejes económicos más importantes. Tengo incluso la sensación de que son un tanto opacos y tienden a desaparecer cuando lo hace la subvención pública. O bien, es que cuando desaparece la subvención pública desaparece el interés de los mismos en continuar con su labor, o bien es que su única herramienta de promoción y comunicación es la que les proporciona la administración.

La realidad es que incluso con el apoyo de la Administración son poco conocidos. Así que me pregunto qué queda después. No se puede esperar ser competitivo cuando se trabaja por un proyecto y después queda abandonado y más aún, cuando estos proyectos han sido ejes para la diversificación del turismo nacional.

Hoy se han presentado los presupuestos generales del Estado, y el turismo se ha visto seriamente recortado. Me pregunto cuál será el futuro de los Clubes de Producto en España. Si el apoyo de la Administración se va a ver mermado, la única solución es ser creativos para lograr medios de autofinanciación.

Por supuesto, hay ejemplos que parecen funcionar como Estaciones Naúticas o Rutas del Vino, que además es bastante transparente con su información. Pero, en muchos casos, su rastro desaparece tras una cortina de humo… ¿Cuál es, en un momento como este, en que el turismo recibe menos cantidad en los presupuestos, y como uno de los pocos sectores que siguen generando riqueza, la solución a este modelo de gestión? Posiblemente, la única vía con la que podamos contar sea nuestra creatividad.

La creatividad es un gran recurso turístico

Es indiscutible que la creatividad tiene un peso muy importante en el sector turístico, pero por si aún caben dudas os diré que, además, el simple concepto de creatividad es un potente atractivo. No es ninguna casualidad que las “ciudades creativas” sean los principales receptores del mundo. De hecho, cuando uno piensa en los motivos que lo llevan a estos destinos, coinciden, en una gran medida, con las características que estas ciudades reúnen.

Para hacer más claro este punto, propongo que consideremos algunas de las características de las ciudades creativas y su relación con el turismo

  1. Las ciudades creativas cuentan con una oferta de ocio muy variada (bares, restaurantes, museos, galerías, exposiciones, teatros, conciertos, espectáculos, deportes, discotecas). Son ciudades diseñadas para el entretenimiento y, si no me equivoco, uno busca entretenerse cuando viaja.
  2. Son ciudades que se orientan a los servicios y por tanto, tienen infraestructuras para soportar el turismo: hoteles, medios de transporte urbano e interurbano. Y últimamente, quien más y quien menos cuenta con un aeropuerto en el que operan compañías de bajo coste.
  3. Se trata de ciudades en la que los negocios tienen una gran presencia. De hecho, esa imagen de entorno creativo es una herramienta para atraer el talento, y de nuevo, aumentar la competitividad. Ese dinamismo es una imagen que gusta al turismo. Pensad en cuántas fotografías con efecto de barrido de destinos urbanos nos han cautivado.

    Matthias Rhomberg, en flickr

  4. Tienen edificios modernos combinados con edificios históricos. Eso otorga al destino una imagen de innovación y tradición irresistible para el turismo. De paso, se hace patente que la creatividad no es sólo artística, sino que va asociada al diseño de la ciudad.
  5. Son ciudades que suelen contar con un alto porcentaje de población inmigrante. Este hecho ofrece cosmopolitismo, multiculturalidad y explica que quizás uno no pueda encontrar mucho de la cultura del destino. Pero aun así, esa fusión es precisamente lo atractivo en estos destinos.
  6. En general cuentan con distritos bohemios. Pueden ser bohemios por la concentración de artistas, la presencia de mercadillos, por ser considerados liberales y tolerantes o por la suma de todos los anteriores. Y esto también es un gran atractivo para el turista.

Weesen, en flickr

Es evidente que las ciudades creativas son atractivas para los viajes aunque, en algunos casos tengo la sensación de que la competición por esa creatividad alcanza los sinsentidos y me cuesta ver qué puede tener de positivo contar con ciudades que comparten características creativas en detrimento de su carácter único.

La creatividad en las ciudades debería buscarse con estrategias acordes a la propia personalidad del destino.  Atraer el talento y buscar la competitividad es necesario, pero me da la impresión de que en ocasiones, se ve como única herramienta para ello el abandono de quién se es. Por desgracia, o por suerte, no todas las ciudades pueden ser Londres o Nueva York, pero es que tampoco deberían intentar serlo.

La aviación comercial: una de las grandes creativas del siglo XX. El origen de los CRS y su evolución hacia el GDS.

De nuevo me gustaría dedicar un pequeño capítulo a esa gran creativa que fue la aviación civil de mediados del siglo XX, porque su historia no terminó con Magnetronic Reservisor. De hecho, como ya adelanté, ese hombre creativo llamado C.R. Smith, presidente de la American Airlines, ya estaba, para los primeros años  de la década de los 50 pensando en un sistema mucho más complejo y el azar estuvo de su parte.

Así que, según cuenta la leyenda, en 1953 quiso la casualidad que C.R. Smith coincidiese en un vuelo (no podía ser en otro sitio) con Blair Smith, representante comercial de IBM. Pues lo que empezó siendo una conversación banal acerca de su común apellido, terminó convirtiéndose en una reunión de negocios en la que se trató de los problemas con las reservas de American Airlines y las posibles soluciones que IBM podría aportar, utilizando la tecnología aplicada para un proyecto de defensa en común con las Fuerzas Aéreas de Estados Unidos.

Como resultado de este encuentro, un equipo de ingenieros de IBM se unió a los agentes de reservas de American Airlines, detectando las necesidades del día a día y aportando soluciones, trabajando en un proyecto que costaría alrededor de 40 millones de dólares. Se firmaría un acuerdo formal en 1957, y, en 1960, se instalaría el primer software de gestión de reservas de vuelos integral. Aplicando mejoras en ese sistema, en el año 1964 sería capaz de encargarse de todos los procesos de una reserva y tendría la capacidad de gestionar 83.000 llamadas telefónicas. Este sistema se llamaría SABRE y sería el primer CRS (Central Reservation System) de la historia del turismo, que no el único. De hecho, en las décadas de los 60, los 70 y los 80 aparecieron competidores en todo el mundo.

SABRE, siendo el primero, se comercializó en los 70 y se implantó en agencias de viajes, por primera vez en el año 76. Aunque en este caso, no fue pionero, sino que lo fue Apollo. Fue actualizándose y manteniéndose puntero introduciendo un buscador de las mejores tarifas e incluyendo reservas de hoteles y alquiler de coches, aunque para esto aún quedaría algún tiempo. Sin embargo, es importante porque fue el paso de CRS a GDS (Global Distribution System).

Poco a poco, los grandes grupos de compañías aéreas se hicieron con el mayor volumen de mercado y desaparecieron los GDS menos potentes, quedando tres o cuatro (según que fuentes): SABRE, Amadeus, Galileo y Worldsplan. Y estos fueron desvinculándose de las aerolíneas para funcionar como consultoras tecnológicas y distribuidoras.

Este video de Everbread (perdón por la publicidad y porque esta en inglés) me parece que da una explicación muy entretenida y simpática sobre el asunto:

HISTORY OF FLIGHT SEARCH: 1950s – 1990s from Everbread on Vimeo.

Ofreciendo una manera de hacer muchísimo más eficiente el trabajo de las agencias de viaje, como la combinación de varias opciones de vuelos y servicios extra, se creó una gran dependencia de las mismas a estos sistemas de distribución, que, a su vez, les cobraban por el uso de su tecnología, además de la comisión por reserva…

Lo que empezó como una solución creativa a los problemas de una industria, derivó en un negocio muy lucrativo con gran capacidad de readaptación y fuerza en el mercado… es decir, la creatividad tecnológica acabó en una gran creatividad empresarial y, al final, en un negocio multimillonario.

Aunque, por supuesto, se vería afectada por la aparición de internet… pero eso es otra historia de creatividad aplicada al turismo.

La aviación comercial: una de las grandes creativas del siglo XX. Reservisor.


Uno de los ejemplos de creatividad aplicada al turismo que más me gusta es el desarrollo tecnológico que tuvo  que ver con la aviación comercial en el momento de florecimiento del turismo de masas. Esa creatividad desencadenó nuevas soluciones y una adaptabilidad a los cambios que merecía una pequeña reflexión en este blog.

Pongámonos en situación: estamos en el final de la segunda Guerra Mundial. El mundo occidental se encuentra en una clase de éxtasis, ya que por fin, acaba uno de los capítulos más trágicos de su historia. Sobran aviones de guerra a los que hay que dar una vida útil. Pues aquí viene la primera muestra de creatividad al buscar una solución para dar salida a esos aviones, que se reconvertirían para su uso comercial. Aprovechando la bonanza económica que se experimentaba, el turismo aparecía como el candidato ideal para una sociedad con más tiempo de ocio y con más dinero.

Así que, con el aumento de personas que estaban dispuestas a viajar, las aerolíneas, acostumbradas a trabajar con fichas y una especie de croquis donde se iban tachando las plazas vendidas a las agencias de viajes, necesitaban nuevas soluciones.

Pues en ese momento, allá por el año 1946, American Airlines pone a funcionar Reservisor. Sí, sé que el nombre suena broma, pero no lo es. Reservisor fue el primer sistema automatizado de gestión de las plazas en aviones que incluía un tablero con luces que mostraban las plazas ocupadas. En 1952 se mejoraría y se sustituiría por Magnetronic Reservisor que incluía la posibilidad de mostrar alternativas a vuelos completos y que en el año 1956 permitiría gestionar 2000 vuelos en los 31 días siguientes a la consulta. Pero además, se desarrollaría una máquina llamada Reserwriter que permitiría informatizar también los datos de los pasajeros.

Dos fueron los hombres claves en esta historia, Charles Amman y C.R. Smith, director de American Airlines cuya inquietud creativa ya estaba, para el año 1953, pensando en una solución tecnológica que sería la madre de todo lo que vendría  en los 50 años después.

¿Por qué me gusta esta historia? Por la sencilla razón de que hace más de 60 años hubo un par de hombres pioneros que identificaron necesidades y empezaron a desarrollar soluciones. Porque, además, buscaron una solución automatizada en un momento en que el ordenador personal ni siquiera existía.  Y, porque muestra el carácter creativo e innovador con el que cuenta la industria turística y que, demasiado a menudo, se olvida.