¿Por qué todo es creativo en el siglo XXI?

Antes la creatividad era un privilegio (o desgracia, en según que círculos) de unos cuantos. Venía de nacimiento. O eras bendecido con ese don, o no lo eras. No hay más. Los creativos eran los grandes genios de la historia, fáciles de identificar porque solían responder a varios, o, en el mejor de los casos, a todos los siguientes adjetivos: bohemio, incomprendido, vividor, marginado, excéntrico. Y, para más santo y seña, compartían también algunas aficiones y hábitos relacionados sobre todo con la promiscuidad, la drogadicción, el alcoholismo y, en general, toda serie de excesos.

Hoy en día, la creatividad se puede adecuar a casi todo: ciudades, personas (que no necesariamente comparten las características descritas), economías, industrias… Y os preguntaréis ¿a qué se debe este cambio? Pues a que esa creatividad, tradicionalmente odiada, envidiada y temida, ha sido, así, sin darnos cuenta, elevada a la virtud. Tanto que hasta la comunidad científica y las grandes instituciones gubernamentales (ONU y UNESCO por citar algunas…) han decidido empezar a estudiar el asunto seriamente. Tan seriamente que tienen informes de esos que pesan, que pesan y que son pesados.

Pues bien, yo, que me he leído unos cuantos, os haré un breve resumen de semejante incógnita. Que por cierto, es de suponer (teniendo en cuenta el mundo en que vivimos). Ahí va: La creatividad parece contar con la capacidad de generar dinero. ¿Y cómo? Os preguntaréis… Ay queridos amigos… el cómo también es más sencillo de lo que parece. La creatividad, en contra de lo que se pensaba, no es únicamente una característica propia de “chalaos” y asociada a la farándula. No señores, no. La creatividad es un proceso. El proceso de inventar y de ingeniar. El proceso de desarrollar nuevas soluciones. ¡Ah! Y la creatividad no es una característica inherente a la persona. Nos han tenido engañados durante demasiado tiempo. La creatividad se cultiva, se nutre y se retroalimenta, y tiene su origen en la cultura. Y aquí viene lo mejor… la creatividad aplicada al trabajo desencadena en la innovación. Y la innovación, no será porque no nos lo digan en los medios, no es otra cosa que competitividad económica.

Ese es el quid de cuestión. La creatividad se nutre de la cultura y culmina en la innovación. Y la innovación acaba significando pasta. De ahí que la creatividad se haya convertido en un tema de interés y, de ahí, que el adjetivo esté tan a la orden del día en el siglo XXI.