Juárez, centro neurálgico de la creatividad mexicana

Ciudad Juárez ha sido tradicional, y lamentablemente, más conocida por elementos negativos que positivos, sobre todo por sus altas tasas de criminalidad. No obstante, en los últimos años estas tasas se han visto considerablemente reducidas y, actualmente, en Juárez se está germinando algo  que persigue el bienestar de la población y que tiene mucha relación con los dos temas principales de este blog: creatividad y turismo.

De esta forma nace Juárez Creativa, una iniciativa ciudadana, que no cuenta con apoyo económico de la Administración  y cuyo objetivo es mejorar la calidad de vida de los habitantes de la ciudad. Como lema de su actividad no podrían haber escogido algo mejor que “Materializando Ideas”. Y es que esa materialización de proyectos es de lo que adolecen en muchos casos las propuestas que parten de iniciativas públicas que se esconden tras planes llenos de grandilocuencia y objetivos ambiciosos pero que tardan mucho en ponerse en marcha o quedan abandonados a medio camino. No tengo nada en contra de lo público, todo lo contrario. No obstante, hay que admitir que, en ocasiones, lo público vela por demasiados intereses y en ese velar deja fuera a los propios interesados sin llegar a acuerdos con ellos.

Cuando las propuestas parten de la ciudadanía, de una forma modesta, pero comprometida, como es el caso de Juárez Creativa, la planificación parece responder a un enfoque más a largo plazo, ya que no es tan susceptible a los cambios de gobierno y por tanto, también es más independiente de los mismos. En este caso las administraciones colaboran en especie, con labor promocional, cesión de espacios e infraestructuras.

Pues bien, aprovechando que el 21 de abril es el día mundial de la Creatividad, durante toda esa semana se celebraron en Juárez  una serie de actividades de diferente índole para fomentarla como eje económico y de desarrollo. Como no, el turismo tuvo una presencia muy especial, con un día dedicado a conferencias relacionadas con él. En esta entrevista podéis ver un resumen del programa relacionado con turismo:

En ellas participó la Universidad Autónoma de Juárez y su personal docente para tratar los temas relacionados con el turismo creativo y su vinculación con las ciudades creativas. Sergio Molina, experto del sector, puso de manifiesto algo que me llama especialmente la atención. Los recursos turísticos de México están infra aprovechados. No por la cantidad de los mismos, sino por su planificación como productos, que carece de una alianza entre sector público y privado sólida y definida. Y, precisamente, proponía a Juárez como núcleo propulsor de ese cambio en la planificación del turismo nacional, por la fuerte estructura social y creativa que se está desarrollando en Juárez, y que es tan necesaria para los nuevos modelos.

Además, yo incluiría otros dos aspectos por los que Juárez me parece adecuado para funcionar como Think Tank del turismo. Por un lado, la estrategia de la creatividad de la ciudad no está tomando exclusivamente un cariz turístico, sino que es integral. El turismo interactúa con toda serie de recursos y actividades en un territorio, así que es muy interesante que los nuevos modelos se configuren contando con estos otros sectores con los que puede entrar en conflicto.

Por otra parte, Juárez no es uno de los centros turísticos de México. De hecho, y según reconoce el coordinador de Juárez Creativa, quizás es una etapa un tanto temprana para que el turismo se consolide en la ciudad, dada la historia de la misma. Así que aún no hay grandes intereses creados en torno a este tema y las decisiones en la configuración de productos pueden contar con la sabiduría adquirida de las malas experiencias en otras zonas del país, sin que ésta interfiera en los rendimientos de los actores con más fuerza para generar presión.

Con respecto a la opinión de Sergio Molina, encuentro paralelismos entre la realidad del sector turístico mexicano y español. En España también hay muchos recursos culturales y naturales que no se están configurando adecuadamente, en muchos casos por la falta de acuerdo y/o compromiso entre actores públicos y privados a largo plazo, por la ausencia y/o marginación de algunos agentes clave en esa adaptación de los recursos a las necesidades actuales y por los conflictos de intereses.

Dadas las similitudes entre el sector turístico de uno y otro país, si Juárez finalmente tomase ese papel de laboratorio turístico para la reconfiguración mexicana, sería muy interesante y recomendable volver la vista hacia el otro lado del Atlántico y seguir la actividad adoptando aquello que sea aceptable para el caso español.

Y si no, quizás sería aún más interesante ajustar la idea a nuestro territorio para formar un propio centro neurálgico creativo independiente de la Administración.

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“El Señor de los Anillos” como modelo de planificación de destinos

Hace unos días empecé a pensar sobre la planificación turística de los destinos. Cavilaba acerca de cómo se configuran para contar a los visitantes una historia, la suya propia. Recordando el post de la Semana Santa de Vivero y su presentación como un libro, pensé que, en el caso de la planificación, el planificador sería al destino lo que el escritor a la novela. Y es que, es sobre él sobre el que recae la labor creativa.

Tanto las novelas como el turismo son capaces de llevarnos a otras realidades. En el caso de las novelas nos trasladamos de forma virtual a otros lugares que están compuestos por entornos de ficción. En el caso del turismo nos trasladamos, físicamente, a lugares que, siendo reales, no forman parte de nuestra realidad cotidiana, sino de la de otros.

En ambos casos, el de la novela y el destino, hay una fase de estudio. El escritor se documenta con el objetivo de reproducir fielmente los escenarios en los que transcurre el argumento de su obra y darle veracidad. En el caso del planificador, el trabajo es parecido. El primer episodio es siempre de análisis de las variables que puedan afectar a los argumentos del destino.

Una vez el escritor se ha documentado empieza a escribir, descubriendo la trama de su relato. De igual forma, cuando el planificador acaba con la fase de análisis decide comenzar a desarrollar la historia del destino. Frente a la pluma y el papel del escritor, el planificador cuenta con planos, señalética y, hoy en día, con aplicaciones y medios audiovisuales que le sirven de instrumentos para el relato de la experiencia turística.

Hay que tener claro quién es el público al que le pueda interesar la historia de lo que contamos y darle una forma comercial adecuada a él, a través de los canales que usa más habitualmente. De la misma manera que las editoriales cubren las novelas con portadas atractivas y las colocan en los puntos de venta a los que se dirigen sus lectores, el destino también tendrá que promocionarse de acuerdo a los valores de sus turistas, usando los medios que éstos utilizan.

Y en este punto de la comparación se me presentan dos modelos alternativos que pueden ser interesantes para los destinos si los entendemos como novelas.

El primero de ellos es aquél en que el destino tiene tantos recursos y capacidad planificadora creativa que es capaz de presentarse como una saga. Una saga en la que el turista, cual lector, queda tan “enganchado” a nuestra historia que sólo piensa en repetir sus siguientes vacaciones con nosotros para terminar de descubrirnos. El único problema es que las sagas, en muchas ocasiones, son novelas adictivas, que una vez se acaban dejan una especie de desasosiego. Pero éste se calma y se olvida cuando aparece la siguiente saga de moda. Son series en las que a veces, se prima el deseo de llegar al final del lector a la calidad. Son novelas que, más que por si mismas, tienen éxito por la labor promocional. Se trata de un modelo que, en la mayoría de los casos, simplemente entretiene.

Frente a esas novelas que distraen, encontramos otras que embelesan y cautivan. Son las que pasan a la historia y son consideradas obras maestras. Que además de presentar un relato lleno de detalles, genera interés también en su forma. Que es rica tanto en su escritura como en la fidelidad de su contenido con aquello que representa. Son novelas de las que se aprende y que jamás pasan de moda por el simple hecho de que son geniales, únicas, irrepetibles y marcan un precedente. Dejan huella no sólo en su lector, sino en el propio arte literario y se estudian a lo largo de la historia por su calidad. Lamentablemente, a veces, son tan poco “comerciales” que sólo los más eruditos las leen y son, incluso, rechazadas por el resto.

No obstante, encuentro un caso en el que se combinen una saga muy adictiva y adaptada a todo tipo de público, y que es considerada una de las mejores obras literarias de la historia. Muchos ya habréis adivinado a cual me refiero, “El Señor de los Anillos” de J.R.R. Tolkien. Que además, ha sido capaz de reinventarse en el cine, desarrollar diferentes productos a su alrededor y hacerse con una comunidad de fieles seguidores.

Este modelo, aplicado a la planificación de destinos, uniría en un territorio la capacidad de crear experiencias únicas con el deseo de querer saber más de los turistas, con la calidad de los servicios y productos y la creatividad de sus técnicos en un producto sólido con prescriptores, respetado por todos los públicos y menos vulnerable a las modas. Esto no es conseguir poco, sino dar un gran paso en la búsqueda de la competitividad… así que, ¿no sería interesante empezar a buscar una fórmula made in Tolkien en la ordenación turística de los territorios?

Club de Producto Turístico. ¿Creatividad o Inversión?

El concepto de Club de Producto Turístico nació en Canadá en los años 90, cuando las autoridades se dieron cuenta de que necesitaban productos más específicos y más segmentados para su turismo. El Club de Producto Turístico fue una solución creativa para sus necesidades. Detectaron que sus turistas exigían productos más diversificados y menos estandarizados y apostaron por la unión de sus empresarios en torno a productos determinados, les apoyaron en la formación y la investigación y les ayudaron a apostar por la calidad y la competitividad conjunta.

El asociacionismo en el sector turístico es muy habitual por las propias características del mismo. La interacción de los diferentes agentes es mucho más evidente que en otros campos, por el simple hecho de que un mismo viaje turístico cuenta con gran cantidad de experiencias y, son también muchas, las empresas que prestan los diferentes servicios (transporte, alojamiento, restaurantes, etc).

Así que ¿qué mejor manera de aumentar la calidad y la competitividad que haciendo frente común? Este es el pilar del que parte el concepto de Club de Producto Turístico: la competencia está fuera de él. Dentro de él se establece un marco de cooperación con unos parámetros de calidad y unas formas de hacer que se engloban bajo una marca conjunta que cuenta con el apoyo de la Administración en diferentes ámbitos.

En España, la primera referencia que he encontrado al término es de 2005. Pero desde entonces ha ganado popularidad. En un primer momento se prestaba más atención a la parte promocional y de comercialización y poco a poco se ha ido reconociendo su capacidad como modelo de gestión. De hecho, se considera una herramienta para desarrollar nuevos productos, mejorar los existentes, hacer una apuesta por la calidad y la competitividad, adaptar los productos a los cambios de la demanda y, también, a las nuevas tecnologías.

¿Y cómo conseguirlo? Mediante constante estudio, conocimiento, creatividad e innovación. La idea final es ir haciendo una cartera de productos menos dependiente del factor precio. En principio, la creación de Clubes de Producto Turístico trae beneficios para todos los participantes, la comunidad local y los turistas.

SECTUR (2001)

Es sorprendente, sin embargo, que fuera del entorno profesional, no se tenga mucho conocimiento sobre ellos en un país en el que el turismo es uno de los ejes económicos más importantes. Tengo incluso la sensación de que son un tanto opacos y tienden a desaparecer cuando lo hace la subvención pública. O bien, es que cuando desaparece la subvención pública desaparece el interés de los mismos en continuar con su labor, o bien es que su única herramienta de promoción y comunicación es la que les proporciona la administración.

La realidad es que incluso con el apoyo de la Administración son poco conocidos. Así que me pregunto qué queda después. No se puede esperar ser competitivo cuando se trabaja por un proyecto y después queda abandonado y más aún, cuando estos proyectos han sido ejes para la diversificación del turismo nacional.

Hoy se han presentado los presupuestos generales del Estado, y el turismo se ha visto seriamente recortado. Me pregunto cuál será el futuro de los Clubes de Producto en España. Si el apoyo de la Administración se va a ver mermado, la única solución es ser creativos para lograr medios de autofinanciación.

Por supuesto, hay ejemplos que parecen funcionar como Estaciones Naúticas o Rutas del Vino, que además es bastante transparente con su información. Pero, en muchos casos, su rastro desaparece tras una cortina de humo… ¿Cuál es, en un momento como este, en que el turismo recibe menos cantidad en los presupuestos, y como uno de los pocos sectores que siguen generando riqueza, la solución a este modelo de gestión? Posiblemente, la única vía con la que podamos contar sea nuestra creatividad.

Permitiendo al turista dejar su huella creativa… Difusor

Hace ya un tiempo que descubrí esta iniciativa y pensé en escribir sobre ella. Para empezar me parece muy innovadora y, por otra parte, da un pasito más en lo que es la creatividad aplicada al turismo.

La propuesta es de una asociación cultural catalana, Difusor. Los profesionales de este colectivo están muy concienciados con las nuevas formas de hacer turismo y esa visión queda demostrada en todos sus proyectos. Uno de ellos tiene relación con la puesta en valor de los recursos del Priorat, enfocándolo como un Parque Temático Auténtico. Es decir, diseñando rutas que pongan el valor los contrastes naturales y artificiales de la comarca y haciendo especial hincapié en sus productos propios.

Sin embargo, el proyecto que a mi me ha cautivado es el de Openwalls. Bien, Openwalls está implantado en Barcelona (y ahora también en Galicia) a través de la Galería Abierta, que recoge una serie de espacios públicos donde se puede intervenir artísticamente con un permiso. Por si no me estoy explicando del todo bien, lo que se pretende es recopilar una serie de muros en los que la ciudadanía pueda mostrar su talento en las artes urbanas.

Para su puesta en marcha, en 2007 se invitó a algunos artistas internacionales a que pintaran con plantillas las calles de Barcelona. El objetivo era concienciar sobre algunos aspectos del arte urbano y su convivencia con la sociedad local.

Después en 2008, se puso en marcha la Galería Abierta de Barcelona, que como ya he explicado consiste en una red de muros susceptibles de decoración urbana que parte de iniciativas particulares.

Posteriormente, el año pasado se realizó el evento Openwalls Conference, que pretendía hacer una puesta en común sobre la convivencia de las políticas municipales y el uso autónomo de los espacios público. Por supuesto, en esta ocasión también se hicieron murales en la ciudad.

Además Difusor gestiona también talleres de plantillas en los que después, según el grupo de trabajo, se puede pintar sobre algún mural de la red. Estos cursos, si los aplicamos al turista, son uno de los ejemplos más contundentes de turismo creativo. Por una parte, se cuenta con la posibilidad de desarrollar la capacidad artística a través de un aprendizaje en destino. Pero, este producto va un paso más allá y permite al aprendiz dejar una huella en el destino. No puedo pensar en un producto que cierre la creatividad en un círculo tan perfecto entre turista, producto y destino. Si el turista quiere vínculos emocionales con el territorio, no se me ocurren muchas otras formas mejores de proporcionárselos que haciendo de su obra parte del destino.

Esta iniciativa, además de permitir que el turista disfrute de una experiencia única, puede tener impactos muy positivos en el propio destino, como:

1. Si se logran acuerdos entre Administración y operadores, podría servir para revitalizar zonas que no sean especialmente turísticas y dotarles de un color especial y una idiosincrasia propia.

2. La propia estética de los barrios puede verse mejorada y parte de los costes de embellecimiento de  edificios podrían tener una vía alternativa de financiación.

3. Y… ¿cuántos de estos turistas que participen colgaran al menos una foto de su creación el destino en redes sociales? Por lo que haremos de nuestro visitante el mejor prescriptor del destino.

Por otro lado, esta idea a mi me ha conducido a una nueva reflexión… Existen muchísimas formas de que el turista deje parte de sí en el destino creando un vínculo único. Las posibilidades son tan variadas como la creatividad del planificador o técnico. Seguro que a muchos ya se os están ocurriendo unas cuantas ideas en las que la creatividad del turista puede formar parte de nuestro destino. Pues vayamos un poco más lejos y hagamos que esa obra sea una muestra de identidad del lugar que se visita. Nosotros ponemos las normas del juego al configurar el producto y las opciones son tantas y tan diversas como seamos capaces de ingeniar.

Gestores, pongámonos a pensar de forma creativa para ser únicos, para ofrecer experiencias turísticas diferentes y diversificadas y demos la oportunidad a nuestros turistas de dejarnos su rastro mientras colaboran en nuestro desarrollo.

Creatividad japonesa con escenario conquense: Sora No Oto

Llevo varios días resistiéndome a la tentación de escribir sobre una noticia que apareció en Hosteltur el pasado miércoles 14 de marzo por no ser demasiado repetitiva. Pero  hoy he decidido darme el capricho y hacer un comentario sobre ella porque es de esas anécdotas que me gustan muchísimo y que están muy relacionadas con turismo, arte y creatividad.

Una vez más, el arte se muestra como un aliciente para fomentar el turismo hacia una región. Es evidente que las artes creativas son capaces de proyectar una imagen de un destino y hacer a un público determinado querer visitarlo porque emula aquello que ve reflejado en esa obra de arte, ya sea un cuadro, una película o cualquier otra expresión.

Pues en este caso la noticia no puede ser más llamativa ya que combina la creatividad japonesa y la ciudad española de Cuenca. Y muchos pensaréis que esto no pega ni con cola, que es lo que yo pensé al leer el titular el otro día. Pues craso error el nuestro, porque no sólo pega, sino que los efectos de esta mezcla tan ecléctica se han hecho patentes en las cifras. Y como todos sabemos, cuando hablamos de cifras, los datos pasan de ser conjeturas a hechos.

El punto de unión entre estos dos remotos territorios se ha dado a través de una serie de anime japonesa cuya trama se desarrolla en un pueblo ficticio, Seize, que está inspirado en la ciudad de Cuenca. El anime es una expresión artística de origen japonés que tiene su antecedente en el manga (comic) y que no es otra que las series de dibujos animados. Esas con personajes de ojos grandes y de colores llamativos que lucen, además, todo tipo de peinados. Este arte ha sido testigo de diferentes tipos de creatividad. En primer lugar la propia de las historias, los temas y las ilustraciones y, en segundo lugar la creatividad aplicada a sus herramientas, siendo cada vez más tecnológicas.

Así que Sora No Oto o Sora No Woto (Sonido del Cielo) es una serie anime de ciencia ficción sobre el mundo futuro, en que un joven ejército trata de defender una fortaleza que se encuentra en lo alto de un pueblo, que es, nada más y nada menos, Cuenca. Os dejo el tráiler para que podáis echar un vistazo e intentéis identificar los escenarios más emblemáticos.

Lo interesante de todo esto es que desde que la serie se empezase a emitir en Japón en enero de 2010, Cuenca ha recibido casi un 50% más de turistas provenientes de Japón. En muchos casos llegan con ilustraciones del anime preguntando por algunos de los lugares de la ciudad.

Resulta que esta historieta sobre la serie japonesa y el impacto que ha generado en Cuenca me ha dejado muy impresionada, no sólo por cómo las artes creativas influyen en los destinos, sino porque me lleva a preguntarme cuáles son las oportunidades que presenta para realizar una promoción muy creativa de los mismos.

El anime, como arte, no sólo tiene seguidores en Japón, sino que también en occidente se ha ido ganando más y más adeptos. Hoy en día tiene un verdadero mercado en Europa y América. Se trata de un tipo de programación que está muy segmentada. Uno puede encontrar animes para todo tipo de grupos sociales, lo cual, puede incluso ayudarnos a hacernos una mejor idea de los segmentos de turistas japoneses. El aficionado al anime es muy fiel. Estas series, en muchos casos, duran años y años. Tras ellas vienen sus secuelas y sus seguidores no las abandonan. De hecho, conocen todos sus giros, personajes y posibles historias paralelas que puedan ocurrir.

Teniendo en cuenta que el turista japonés se siente muy atraído por la cultura española y que, además, interesa por su propio perfil (capacidad de gasto, poco problemático, estancias largas…) quizás sería interesante plantearse utilizar este tipo de dibujos como promotores de destino, dotándoles del carácter propio del mismo y disfrutando de los productos de la zona a promocionar,  en campañas específicas dirigidas al público japonés.

De igual forma que el cine sirve como herramienta de promoción de destinos… ¿no podría resultar interesante entrar también en el mundo del manga y el anime, aproximándonos a los mercados asiáticos a través de su propia cultura?

Reino Unido, siempre creativo

Siempre he sentido cierta admiración por el Reino Unido. En mi opinión, los británicos tienen una buena combinación de seriedad, eficiencia y responsabilidad con el atrevimiento creativo que se requiere para innovar. Cuando otros países se detienen a pensar, Gran Bretaña mira orgullosa y empieza a crear y a desarrollar. Uno de los aspectos que más me gusta de ellos es que dejan los complejos fuera y dan un gran valor a su cultura popular. Y ese valor se manifiesta en que la estudian y buscan las formas de sacarle rendimiento, y para ello, aplican la rigurosidad académica y empresarial. Es decir, transforman su cultura en innovación.

Y esto es tan cierto que los británicos han hecho de la creatividad su seña de identidad, entre otras cosas, porque fueron de los primeros en darse cuenta de su importancia en un mundo globalizado.

Allá por el año 97 se creó en el Departamento de Cultura, Deporte y Medios una división dedicada a las Industrias Creativas, cuya primera labor fue crear un sistema de mapeo para identificara las mismas y mostrarlas como una fuerza competitiva del país. En este sentido, fueron pioneros en Europa. Así que desde hace ya muchos años el gobierno británico cuenta con una cuenta satélite relacionada con la creatividad y su peso en la economía.

La interrelación de estas industrias con el turismo es tal, que entre 2007 y 2009 el Ministerio unía ambos conceptos en un mismo órgano administrativo, el Ministerio de Cultura, Industrias Creativas y Turismo. Hoy en día, se denomina Ministerio de Cultura, Comunicación e Industrias Creativas, pero, en cualquier caso, también en él se tienen las competencias de Turismo.

Si aún no queda clara la conexión que existe entre las industrias creativas y el turismo, me gustaría mostraros la marca turística que Gran Bretaña desarrolló a través de Visit Britain. En sus tres porciones encontramos muestras de cultura tradicional y contemporánea. Se define como un lugar dinámico donde el tiempo no es una variable importante y con elementos muy únicos. A mi me parece una clara apuesta por mostrar la continua adaptación de Reino Unido y su singular importancia en todas las etapas culturales y en todos los escenarios, desde los castillos hasta los festivales, en las ciudades y la naturaleza, en el pub y de compras en Oxford Street…

Esa fusión es exactamente lo representan las industrias creativas frente a las culturales. Van desde las representaciones del más puro folclore (artesanías, antigüedades, artes escénicas y musicales…) a la innovación en su sentido más amplio (el diseño, la publicidad, la arquitectura, los medios, etc). Es decir, la combinación de las profesiones de ayer con las de hoy y mañana. Los británicos han ido formando esa imagen de sí mismos hasta convertir la creatividad en el mayor atractivo turístico de Reino Unido. Y la estrategia es, en mi opinión, inteligente, porque la creatividad es adaptable y tolerante. Es un valor intangible y difícil de describir, pero muy valioso.

Londres sea quizá el ejemplo más evidente con la ya tipiquísima imagen del Bobby con el Punk. Sin embargo,  este ambiente tan híbrido se respira desde Escocia hasta Gales en los contrastes de naturaleza e industria, de edificios victorianos y construcciones modernas, de arte en los museos y el puro estilo “underground”. Y hay un constante esfuerzo en hacérselo ver al mundo a través de su música, de sus festivales, de su literatura, de sus edificios, de su publicidad, de su cine, de sus galerías y sus mercados…

Los británicos tienen clara su imagen creativa y apuestan por ella en todos sus sentidos.  Iremos hablando de algunos ejemplos, pero, por lo pronto os dejo este poster promocional y os invito a leer la frase que se encuentra en su parte baja… creo que lo deja muy claro.

La creatividad turística de Disney: los parques temáticos.

En la mayoría de las ocasiones, la creatividad no transforma el mundo de una manera que rompe con todo lo anterior, sino que toma un concepto, estudia las herramientas y lo readapta para desarrollar algo un tanto diferente a lo que había con anterioridad. Esta es la base de la creatividad, encontrar nuevas formas de hacer para adecuarse a los cambios en todas y cada una de las industrias, también en turismo. Y en este campo, hay muchísimos ejemplos que lo demuestran.

El otro día comentábamos como nacieron los parques de atracciones y cómo en los primeros años del siglo XX aparecieron en las localidades turísticas de la época. Como todas las modas, turísticas o no, tuvieron su nacimiento, su auge y su declive. Así que tras los felices años 20, la llegada de la crisis del 29 y la posterior Guerra Mundial, el ocio quedaría de lado ante la necesidad de la supervivencia.

Una vez terminado este triste episodio y de vuelta a una etapa de esplendor económico, los parques de atracciones sufren un renacer, que, sin embargo, sólo duraría hasta los 50. Parecía que el antiguo modelo de parque de atracciones ya no era tan atractivo.

Y en ese momento entra en esta singular historia Walt Disney, uno de los hombres más creativos de su tiempo. Este genio puso cara, voz y gestualidad a los personajes de los cuentos clásicos a través de la animación cinematográfica. Pero Walt Disney no dejó su ingenio creativo en la industria del cine, a la que revolucionó en 1937 con Blancanieves y los siete enanitos, sino que marcaría también un punto y aparte en el mundo del turismo, el ocio y el entretenimiento, construyendo el primer parque temático de la historia.

La idea le rondaba en la cabeza desde los años 40, y, lo que en un principio se concebía como un parque destinado a divertir a sus empleados con sus familias, pronto se convertiría en un modelo de negocio que hoy ha demostrado sobradamente su capacidad.

Disney había observado en los parques de atracciones que no eran lugares que destacasen ni por su higiene ni por su especialización, donde los niños se divertían, los padres no encontraban qué hacer. El servicio era muy estándar y las atracciones siempre eran las mismas.

Así que poco a poco se fue fraguando la idea de acercar sus personajes a esas familias en una experiencia en la que pudieran interactuar con los mismos y aprender de y con ellos. Suena a un temprano producto de turismo creativo, ¿no? Paso a paso desarrolló la idea de que debía entrar en el mundo de las atracciones, pero de una manera un poco distinta. Necesitaría dividir el terreno en diferentes áreas con ejes temáticos para que las atracciones de unas no molestaran a las otras y debía introducir el aprendizaje en el modelo.

El resultado fue un parque que combinaba perfectamente en su recinto el pasado, el presente y el futuro del mundo estadounidense con un espacio dedicado a la aventura en la selva y la jungla y una parcela para la fantasía de las películas de Disney. El parque abrió sus puertas el 18 de junio de 1955 y en septiembre de ese mismo año habría logrado 1 millón de visitas.

Poco a poco, Disneyland se convertiría en un Resort Sería copiado como modelo por otras empresas como Warner Bross y exportado a Florida, Tokio y Paris. El ejemplo de Florida , Magic Kingdom, llegaría a recibir casi 17 millones de visitas anuales. Para que os hagáis una idea de la cifra, os diré que Londres, primer destino urbano del mundo en 2008, recibió en ese año menos de 16 millones.

Es decir, los parques temáticos de Disney son de los principales destinos del mundo y son de los pocos, por no decir únicos, ejemplos en los que el parque se convierte en el destino propio del viaje turístico y no una visita más dentro del mismo.

Walt Disney fue, no sólo un hombre creativo, sino un auténtico genio de los negocios que supo combinar la creatividad del cuento, del cine, de la ingeniería y del turismo en una experiencia única y participativa en la que nos devuelve a nuestra infancia y al mundo de fantasía, en un producto eminentemente creativo, sólido, con gran resistencia a las modas y capaz de mantenerse entre los destinos preferidos  del mundo después de 50 años.