La aviación comercial: una de las grandes creativas del siglo XX. El origen de los CRS y su evolución hacia el GDS.

De nuevo me gustaría dedicar un pequeño capítulo a esa gran creativa que fue la aviación civil de mediados del siglo XX, porque su historia no terminó con Magnetronic Reservisor. De hecho, como ya adelanté, ese hombre creativo llamado C.R. Smith, presidente de la American Airlines, ya estaba, para los primeros años  de la década de los 50 pensando en un sistema mucho más complejo y el azar estuvo de su parte.

Así que, según cuenta la leyenda, en 1953 quiso la casualidad que C.R. Smith coincidiese en un vuelo (no podía ser en otro sitio) con Blair Smith, representante comercial de IBM. Pues lo que empezó siendo una conversación banal acerca de su común apellido, terminó convirtiéndose en una reunión de negocios en la que se trató de los problemas con las reservas de American Airlines y las posibles soluciones que IBM podría aportar, utilizando la tecnología aplicada para un proyecto de defensa en común con las Fuerzas Aéreas de Estados Unidos.

Como resultado de este encuentro, un equipo de ingenieros de IBM se unió a los agentes de reservas de American Airlines, detectando las necesidades del día a día y aportando soluciones, trabajando en un proyecto que costaría alrededor de 40 millones de dólares. Se firmaría un acuerdo formal en 1957, y, en 1960, se instalaría el primer software de gestión de reservas de vuelos integral. Aplicando mejoras en ese sistema, en el año 1964 sería capaz de encargarse de todos los procesos de una reserva y tendría la capacidad de gestionar 83.000 llamadas telefónicas. Este sistema se llamaría SABRE y sería el primer CRS (Central Reservation System) de la historia del turismo, que no el único. De hecho, en las décadas de los 60, los 70 y los 80 aparecieron competidores en todo el mundo.

SABRE, siendo el primero, se comercializó en los 70 y se implantó en agencias de viajes, por primera vez en el año 76. Aunque en este caso, no fue pionero, sino que lo fue Apollo. Fue actualizándose y manteniéndose puntero introduciendo un buscador de las mejores tarifas e incluyendo reservas de hoteles y alquiler de coches, aunque para esto aún quedaría algún tiempo. Sin embargo, es importante porque fue el paso de CRS a GDS (Global Distribution System).

Poco a poco, los grandes grupos de compañías aéreas se hicieron con el mayor volumen de mercado y desaparecieron los GDS menos potentes, quedando tres o cuatro (según que fuentes): SABRE, Amadeus, Galileo y Worldsplan. Y estos fueron desvinculándose de las aerolíneas para funcionar como consultoras tecnológicas y distribuidoras.

Este video de Everbread (perdón por la publicidad y porque esta en inglés) me parece que da una explicación muy entretenida y simpática sobre el asunto:

HISTORY OF FLIGHT SEARCH: 1950s – 1990s from Everbread on Vimeo.

Ofreciendo una manera de hacer muchísimo más eficiente el trabajo de las agencias de viaje, como la combinación de varias opciones de vuelos y servicios extra, se creó una gran dependencia de las mismas a estos sistemas de distribución, que, a su vez, les cobraban por el uso de su tecnología, además de la comisión por reserva…

Lo que empezó como una solución creativa a los problemas de una industria, derivó en un negocio muy lucrativo con gran capacidad de readaptación y fuerza en el mercado… es decir, la creatividad tecnológica acabó en una gran creatividad empresarial y, al final, en un negocio multimillonario.

Aunque, por supuesto, se vería afectada por la aparición de internet… pero eso es otra historia de creatividad aplicada al turismo.

La aviación comercial: una de las grandes creativas del siglo XX. Reservisor.


Uno de los ejemplos de creatividad aplicada al turismo que más me gusta es el desarrollo tecnológico que tuvo  que ver con la aviación comercial en el momento de florecimiento del turismo de masas. Esa creatividad desencadenó nuevas soluciones y una adaptabilidad a los cambios que merecía una pequeña reflexión en este blog.

Pongámonos en situación: estamos en el final de la segunda Guerra Mundial. El mundo occidental se encuentra en una clase de éxtasis, ya que por fin, acaba uno de los capítulos más trágicos de su historia. Sobran aviones de guerra a los que hay que dar una vida útil. Pues aquí viene la primera muestra de creatividad al buscar una solución para dar salida a esos aviones, que se reconvertirían para su uso comercial. Aprovechando la bonanza económica que se experimentaba, el turismo aparecía como el candidato ideal para una sociedad con más tiempo de ocio y con más dinero.

Así que, con el aumento de personas que estaban dispuestas a viajar, las aerolíneas, acostumbradas a trabajar con fichas y una especie de croquis donde se iban tachando las plazas vendidas a las agencias de viajes, necesitaban nuevas soluciones.

Pues en ese momento, allá por el año 1946, American Airlines pone a funcionar Reservisor. Sí, sé que el nombre suena broma, pero no lo es. Reservisor fue el primer sistema automatizado de gestión de las plazas en aviones que incluía un tablero con luces que mostraban las plazas ocupadas. En 1952 se mejoraría y se sustituiría por Magnetronic Reservisor que incluía la posibilidad de mostrar alternativas a vuelos completos y que en el año 1956 permitiría gestionar 2000 vuelos en los 31 días siguientes a la consulta. Pero además, se desarrollaría una máquina llamada Reserwriter que permitiría informatizar también los datos de los pasajeros.

Dos fueron los hombres claves en esta historia, Charles Amman y C.R. Smith, director de American Airlines cuya inquietud creativa ya estaba, para el año 1953, pensando en una solución tecnológica que sería la madre de todo lo que vendría  en los 50 años después.

¿Por qué me gusta esta historia? Por la sencilla razón de que hace más de 60 años hubo un par de hombres pioneros que identificaron necesidades y empezaron a desarrollar soluciones. Porque, además, buscaron una solución automatizada en un momento en que el ordenador personal ni siquiera existía.  Y, porque muestra el carácter creativo e innovador con el que cuenta la industria turística y que, demasiado a menudo, se olvida.