Los ancestros del turismo creativo: El Grand Tour

Como ya os habréis dado cuenta, me interesan mucho los temas relacionados con la historia del turismo. Cuando echamos la vista atrás nos damos cuentas de lo caprichosas que son las modas. En muchas ocasiones, lo que creemos pura tendencia no es otra cosa que el revivir de algo que en, en su día, ya quedó obsoleto. En turismo también sucede. Muchos de los tipos de turismo que se practican hoy en día son la adaptación a nuestra época de modas pasadas.

Cuando me puse a investigar sobre el turismo creativo, encontré una presentación de Consultur muy interesante sobre su origen. Según su autor, el nacimiento del turista creativo no es un fenómeno del siglo XXI, sino que se remonta siglos atrás. Y es que, parece ser que el turista creativo de nuestros días es el heredero del turista del Grand Tour.

El Grand Tour consistía en un viaje que realizaban los jóvenes de la alta sociedad (sobre todo británica) por Europa. Su objetivo era el descubrimiento de la Europa continental. Era un viaje muy largo y en él se participaba en todas las actividades culturales posibles. Verdaderamente era un temprano turismo creativo, ya que el viajero se inmiscuía activamente en el día a día del destino que visitaba (siempre, eso sí, en el día a día de las clases sociales más pudientes).

pydper2.wordpress.com

Hubo dos etapas de desarrollo. Se encuentran referencias a este fenómeno ya en el siglo XVI. Sin embargo,  este viaje tendría su momento de auge a finales del siglo XVIII. ¿Casual? Ni muchísimo menos, fue un momento en que concurrieron una serie de circunstancias con las que encuentro, sin dedicarle demasiado tiempo, al menos, tres paralelismos con las razones que justifican el nacimiento del turismo creativo en nuestros días.

En primer lugar, el Grand Tour nace como consecuencia de la ruptura del Reino Unido con la Iglesia. Anteriormente, el viaje se reducía, casi exclusivamente, al peregrinaje a los lugares sagrados. Con la consolidación de Reino Unido como país protestante a principios del siglo XVII y la separación definitiva de la Iglesia católica, surge una nueva corriente renacentista que cambia el motivo de viaje de la visita de lugares sagrados al encuentro con la cultura.

Johann Zoffany en http://www.esacademic.com

También nosotros hemos venido sufriendo una serie de cambios en la motivación del viaje consecuentes de un cambio de mentalidad. De los 80 del siglo XX a esta parte se ha pasado de lo estandarizado a lo especializado. En turismo se ha huido del modelo de masas y se ha aproximado a la microsegmentación. Uno de esos nuevos nichos  ha sido el del turista creativo, que, como el joven británico del siglo XVIII quiere conocer, vivir la realidad de otros pueblos y tener una aventura a través de los hábitos de aquellos a quienes visita.

Por una parte, el contexto histórico en el que se desarrolla en Grand Tour no es otro que la Ilustración, momento en que la razón cobra una nueva dimensión y se entiende que el conocimiento de las culturas clásicas es clave para entender el mundo actual. Poco a poco, el viaje iría evolucionando y tomaría un cambio con la llegada del Romanticismo, ya en el siglo XIX. Encontrándose en plena etapa colonizadora que desembocaría en el Imperialismo, la realidad es que el Grand Tour era considerado una experiencia clave en la educación de los futuros dirigentes del mundo.

Hoy en día, nuestra sociedad es conocida como la sociedad de la información, ¿y qué es la información, sino conocimiento y saber? Aquí encontramos el segundo paralelismo. Nuestros jóvenes también viajan como parte de una educación que pretende hacerles más competitivos en un mundo globalizado. Aprenden sobre otras culturas y otros idiomas, y en cuanto tenemos la ocasión, les enviamos un año a estudiar en otro país, porque es enriquecedor y mejorará su formación. De hecho, de pronto, los viajes son una parte que gana peso en el  curriculum y los entornos multiculturales hacen que un puesto de trabajo sea más atractivo.

Esa sed de conocimiento en el siglo XVIII obligaba a dejar constancia escrita de lo aprendido y así, aparecería la literatura de viajes. Esta se basaba en los escritos que aquellos jóvenes realizaban durante sus viajes en los que explicaban, como si de un diario se tratara, las impresiones que iban teniendo de su experiencia en los destinos. Lo que les parecía raro, curioso, interesante, dulce… Esos autores eran los futuros gobernantes del mundo que miraban al pasado siendo la élite, los dueños del progreso, el símbolo de la evolución humana.

Bien, en este punto encuentro otro paralelismo. ¿Cuál es la literatura de viaje más famosa de nuestros días? Los blogs. El otro día leía que de todos los blogs que hay en la red, más del 20% tratan sobre viajes. Son una muestra de nuestra deseo de información asequible, frente al conocimiento del hombre ilustrado. Los blogs se han convertido en una de las herramientas más utilizadas de nuestra era a la hora de preparar un viaje o aprender sobre un destino. Al igual que las bitácoras del siglo XVIII, cuentan con esa perspectiva personal y la creatividad del que lo escribe, que queda manifiesta en su propio estilo. Dice Jorge Soto Roland que la literatura de viajes se convirtió en el Grand Tour en una herramienta de control. En nuestros días ese “control” es más sutil, pero os planteo esta pregunta: ¿no son los blogs, en su perspectiva más marketiniana, una poderosa herramienta para influir en nuestras decisiones de compra y consumo? Así que los bloggers más seguidos tienen también un importante peso en nuestra sociedad.

Si tenemos en cuenta estos puntos en común entre el turista de aquel entonces y nuestro actual turista creativo, creo que no sería absurdo pensar que estudiar las actividades estrellas del Grand Tour nos puede dar una cuantas pistas para la configuración de productos turísticos creativos en la actualidad.

Permitiendo al turista dejar su huella creativa… Difusor

Hace ya un tiempo que descubrí esta iniciativa y pensé en escribir sobre ella. Para empezar me parece muy innovadora y, por otra parte, da un pasito más en lo que es la creatividad aplicada al turismo.

La propuesta es de una asociación cultural catalana, Difusor. Los profesionales de este colectivo están muy concienciados con las nuevas formas de hacer turismo y esa visión queda demostrada en todos sus proyectos. Uno de ellos tiene relación con la puesta en valor de los recursos del Priorat, enfocándolo como un Parque Temático Auténtico. Es decir, diseñando rutas que pongan el valor los contrastes naturales y artificiales de la comarca y haciendo especial hincapié en sus productos propios.

Sin embargo, el proyecto que a mi me ha cautivado es el de Openwalls. Bien, Openwalls está implantado en Barcelona (y ahora también en Galicia) a través de la Galería Abierta, que recoge una serie de espacios públicos donde se puede intervenir artísticamente con un permiso. Por si no me estoy explicando del todo bien, lo que se pretende es recopilar una serie de muros en los que la ciudadanía pueda mostrar su talento en las artes urbanas.

Para su puesta en marcha, en 2007 se invitó a algunos artistas internacionales a que pintaran con plantillas las calles de Barcelona. El objetivo era concienciar sobre algunos aspectos del arte urbano y su convivencia con la sociedad local.

Después en 2008, se puso en marcha la Galería Abierta de Barcelona, que como ya he explicado consiste en una red de muros susceptibles de decoración urbana que parte de iniciativas particulares.

Posteriormente, el año pasado se realizó el evento Openwalls Conference, que pretendía hacer una puesta en común sobre la convivencia de las políticas municipales y el uso autónomo de los espacios público. Por supuesto, en esta ocasión también se hicieron murales en la ciudad.

Además Difusor gestiona también talleres de plantillas en los que después, según el grupo de trabajo, se puede pintar sobre algún mural de la red. Estos cursos, si los aplicamos al turista, son uno de los ejemplos más contundentes de turismo creativo. Por una parte, se cuenta con la posibilidad de desarrollar la capacidad artística a través de un aprendizaje en destino. Pero, este producto va un paso más allá y permite al aprendiz dejar una huella en el destino. No puedo pensar en un producto que cierre la creatividad en un círculo tan perfecto entre turista, producto y destino. Si el turista quiere vínculos emocionales con el territorio, no se me ocurren muchas otras formas mejores de proporcionárselos que haciendo de su obra parte del destino.

Esta iniciativa, además de permitir que el turista disfrute de una experiencia única, puede tener impactos muy positivos en el propio destino, como:

1. Si se logran acuerdos entre Administración y operadores, podría servir para revitalizar zonas que no sean especialmente turísticas y dotarles de un color especial y una idiosincrasia propia.

2. La propia estética de los barrios puede verse mejorada y parte de los costes de embellecimiento de  edificios podrían tener una vía alternativa de financiación.

3. Y… ¿cuántos de estos turistas que participen colgaran al menos una foto de su creación el destino en redes sociales? Por lo que haremos de nuestro visitante el mejor prescriptor del destino.

Por otro lado, esta idea a mi me ha conducido a una nueva reflexión… Existen muchísimas formas de que el turista deje parte de sí en el destino creando un vínculo único. Las posibilidades son tan variadas como la creatividad del planificador o técnico. Seguro que a muchos ya se os están ocurriendo unas cuantas ideas en las que la creatividad del turista puede formar parte de nuestro destino. Pues vayamos un poco más lejos y hagamos que esa obra sea una muestra de identidad del lugar que se visita. Nosotros ponemos las normas del juego al configurar el producto y las opciones son tantas y tan diversas como seamos capaces de ingeniar.

Gestores, pongámonos a pensar de forma creativa para ser únicos, para ofrecer experiencias turísticas diferentes y diversificadas y demos la oportunidad a nuestros turistas de dejarnos su rastro mientras colaboran en nuestro desarrollo.

Creatividad japonesa con escenario conquense: Sora No Oto

Llevo varios días resistiéndome a la tentación de escribir sobre una noticia que apareció en Hosteltur el pasado miércoles 14 de marzo por no ser demasiado repetitiva. Pero  hoy he decidido darme el capricho y hacer un comentario sobre ella porque es de esas anécdotas que me gustan muchísimo y que están muy relacionadas con turismo, arte y creatividad.

Una vez más, el arte se muestra como un aliciente para fomentar el turismo hacia una región. Es evidente que las artes creativas son capaces de proyectar una imagen de un destino y hacer a un público determinado querer visitarlo porque emula aquello que ve reflejado en esa obra de arte, ya sea un cuadro, una película o cualquier otra expresión.

Pues en este caso la noticia no puede ser más llamativa ya que combina la creatividad japonesa y la ciudad española de Cuenca. Y muchos pensaréis que esto no pega ni con cola, que es lo que yo pensé al leer el titular el otro día. Pues craso error el nuestro, porque no sólo pega, sino que los efectos de esta mezcla tan ecléctica se han hecho patentes en las cifras. Y como todos sabemos, cuando hablamos de cifras, los datos pasan de ser conjeturas a hechos.

El punto de unión entre estos dos remotos territorios se ha dado a través de una serie de anime japonesa cuya trama se desarrolla en un pueblo ficticio, Seize, que está inspirado en la ciudad de Cuenca. El anime es una expresión artística de origen japonés que tiene su antecedente en el manga (comic) y que no es otra que las series de dibujos animados. Esas con personajes de ojos grandes y de colores llamativos que lucen, además, todo tipo de peinados. Este arte ha sido testigo de diferentes tipos de creatividad. En primer lugar la propia de las historias, los temas y las ilustraciones y, en segundo lugar la creatividad aplicada a sus herramientas, siendo cada vez más tecnológicas.

Así que Sora No Oto o Sora No Woto (Sonido del Cielo) es una serie anime de ciencia ficción sobre el mundo futuro, en que un joven ejército trata de defender una fortaleza que se encuentra en lo alto de un pueblo, que es, nada más y nada menos, Cuenca. Os dejo el tráiler para que podáis echar un vistazo e intentéis identificar los escenarios más emblemáticos.

Lo interesante de todo esto es que desde que la serie se empezase a emitir en Japón en enero de 2010, Cuenca ha recibido casi un 50% más de turistas provenientes de Japón. En muchos casos llegan con ilustraciones del anime preguntando por algunos de los lugares de la ciudad.

Resulta que esta historieta sobre la serie japonesa y el impacto que ha generado en Cuenca me ha dejado muy impresionada, no sólo por cómo las artes creativas influyen en los destinos, sino porque me lleva a preguntarme cuáles son las oportunidades que presenta para realizar una promoción muy creativa de los mismos.

El anime, como arte, no sólo tiene seguidores en Japón, sino que también en occidente se ha ido ganando más y más adeptos. Hoy en día tiene un verdadero mercado en Europa y América. Se trata de un tipo de programación que está muy segmentada. Uno puede encontrar animes para todo tipo de grupos sociales, lo cual, puede incluso ayudarnos a hacernos una mejor idea de los segmentos de turistas japoneses. El aficionado al anime es muy fiel. Estas series, en muchos casos, duran años y años. Tras ellas vienen sus secuelas y sus seguidores no las abandonan. De hecho, conocen todos sus giros, personajes y posibles historias paralelas que puedan ocurrir.

Teniendo en cuenta que el turista japonés se siente muy atraído por la cultura española y que, además, interesa por su propio perfil (capacidad de gasto, poco problemático, estancias largas…) quizás sería interesante plantearse utilizar este tipo de dibujos como promotores de destino, dotándoles del carácter propio del mismo y disfrutando de los productos de la zona a promocionar,  en campañas específicas dirigidas al público japonés.

De igual forma que el cine sirve como herramienta de promoción de destinos… ¿no podría resultar interesante entrar también en el mundo del manga y el anime, aproximándonos a los mercados asiáticos a través de su propia cultura?

Reino Unido, siempre creativo

Siempre he sentido cierta admiración por el Reino Unido. En mi opinión, los británicos tienen una buena combinación de seriedad, eficiencia y responsabilidad con el atrevimiento creativo que se requiere para innovar. Cuando otros países se detienen a pensar, Gran Bretaña mira orgullosa y empieza a crear y a desarrollar. Uno de los aspectos que más me gusta de ellos es que dejan los complejos fuera y dan un gran valor a su cultura popular. Y ese valor se manifiesta en que la estudian y buscan las formas de sacarle rendimiento, y para ello, aplican la rigurosidad académica y empresarial. Es decir, transforman su cultura en innovación.

Y esto es tan cierto que los británicos han hecho de la creatividad su seña de identidad, entre otras cosas, porque fueron de los primeros en darse cuenta de su importancia en un mundo globalizado.

Allá por el año 97 se creó en el Departamento de Cultura, Deporte y Medios una división dedicada a las Industrias Creativas, cuya primera labor fue crear un sistema de mapeo para identificara las mismas y mostrarlas como una fuerza competitiva del país. En este sentido, fueron pioneros en Europa. Así que desde hace ya muchos años el gobierno británico cuenta con una cuenta satélite relacionada con la creatividad y su peso en la economía.

La interrelación de estas industrias con el turismo es tal, que entre 2007 y 2009 el Ministerio unía ambos conceptos en un mismo órgano administrativo, el Ministerio de Cultura, Industrias Creativas y Turismo. Hoy en día, se denomina Ministerio de Cultura, Comunicación e Industrias Creativas, pero, en cualquier caso, también en él se tienen las competencias de Turismo.

Si aún no queda clara la conexión que existe entre las industrias creativas y el turismo, me gustaría mostraros la marca turística que Gran Bretaña desarrolló a través de Visit Britain. En sus tres porciones encontramos muestras de cultura tradicional y contemporánea. Se define como un lugar dinámico donde el tiempo no es una variable importante y con elementos muy únicos. A mi me parece una clara apuesta por mostrar la continua adaptación de Reino Unido y su singular importancia en todas las etapas culturales y en todos los escenarios, desde los castillos hasta los festivales, en las ciudades y la naturaleza, en el pub y de compras en Oxford Street…

Esa fusión es exactamente lo representan las industrias creativas frente a las culturales. Van desde las representaciones del más puro folclore (artesanías, antigüedades, artes escénicas y musicales…) a la innovación en su sentido más amplio (el diseño, la publicidad, la arquitectura, los medios, etc). Es decir, la combinación de las profesiones de ayer con las de hoy y mañana. Los británicos han ido formando esa imagen de sí mismos hasta convertir la creatividad en el mayor atractivo turístico de Reino Unido. Y la estrategia es, en mi opinión, inteligente, porque la creatividad es adaptable y tolerante. Es un valor intangible y difícil de describir, pero muy valioso.

Londres sea quizá el ejemplo más evidente con la ya tipiquísima imagen del Bobby con el Punk. Sin embargo,  este ambiente tan híbrido se respira desde Escocia hasta Gales en los contrastes de naturaleza e industria, de edificios victorianos y construcciones modernas, de arte en los museos y el puro estilo “underground”. Y hay un constante esfuerzo en hacérselo ver al mundo a través de su música, de sus festivales, de su literatura, de sus edificios, de su publicidad, de su cine, de sus galerías y sus mercados…

Los británicos tienen clara su imagen creativa y apuestan por ella en todos sus sentidos.  Iremos hablando de algunos ejemplos, pero, por lo pronto os dejo este poster promocional y os invito a leer la frase que se encuentra en su parte baja… creo que lo deja muy claro.

La creatividad turística de Disney: los parques temáticos.

En la mayoría de las ocasiones, la creatividad no transforma el mundo de una manera que rompe con todo lo anterior, sino que toma un concepto, estudia las herramientas y lo readapta para desarrollar algo un tanto diferente a lo que había con anterioridad. Esta es la base de la creatividad, encontrar nuevas formas de hacer para adecuarse a los cambios en todas y cada una de las industrias, también en turismo. Y en este campo, hay muchísimos ejemplos que lo demuestran.

El otro día comentábamos como nacieron los parques de atracciones y cómo en los primeros años del siglo XX aparecieron en las localidades turísticas de la época. Como todas las modas, turísticas o no, tuvieron su nacimiento, su auge y su declive. Así que tras los felices años 20, la llegada de la crisis del 29 y la posterior Guerra Mundial, el ocio quedaría de lado ante la necesidad de la supervivencia.

Una vez terminado este triste episodio y de vuelta a una etapa de esplendor económico, los parques de atracciones sufren un renacer, que, sin embargo, sólo duraría hasta los 50. Parecía que el antiguo modelo de parque de atracciones ya no era tan atractivo.

Y en ese momento entra en esta singular historia Walt Disney, uno de los hombres más creativos de su tiempo. Este genio puso cara, voz y gestualidad a los personajes de los cuentos clásicos a través de la animación cinematográfica. Pero Walt Disney no dejó su ingenio creativo en la industria del cine, a la que revolucionó en 1937 con Blancanieves y los siete enanitos, sino que marcaría también un punto y aparte en el mundo del turismo, el ocio y el entretenimiento, construyendo el primer parque temático de la historia.

La idea le rondaba en la cabeza desde los años 40, y, lo que en un principio se concebía como un parque destinado a divertir a sus empleados con sus familias, pronto se convertiría en un modelo de negocio que hoy ha demostrado sobradamente su capacidad.

Disney había observado en los parques de atracciones que no eran lugares que destacasen ni por su higiene ni por su especialización, donde los niños se divertían, los padres no encontraban qué hacer. El servicio era muy estándar y las atracciones siempre eran las mismas.

Así que poco a poco se fue fraguando la idea de acercar sus personajes a esas familias en una experiencia en la que pudieran interactuar con los mismos y aprender de y con ellos. Suena a un temprano producto de turismo creativo, ¿no? Paso a paso desarrolló la idea de que debía entrar en el mundo de las atracciones, pero de una manera un poco distinta. Necesitaría dividir el terreno en diferentes áreas con ejes temáticos para que las atracciones de unas no molestaran a las otras y debía introducir el aprendizaje en el modelo.

El resultado fue un parque que combinaba perfectamente en su recinto el pasado, el presente y el futuro del mundo estadounidense con un espacio dedicado a la aventura en la selva y la jungla y una parcela para la fantasía de las películas de Disney. El parque abrió sus puertas el 18 de junio de 1955 y en septiembre de ese mismo año habría logrado 1 millón de visitas.

Poco a poco, Disneyland se convertiría en un Resort Sería copiado como modelo por otras empresas como Warner Bross y exportado a Florida, Tokio y Paris. El ejemplo de Florida , Magic Kingdom, llegaría a recibir casi 17 millones de visitas anuales. Para que os hagáis una idea de la cifra, os diré que Londres, primer destino urbano del mundo en 2008, recibió en ese año menos de 16 millones.

Es decir, los parques temáticos de Disney son de los principales destinos del mundo y son de los pocos, por no decir únicos, ejemplos en los que el parque se convierte en el destino propio del viaje turístico y no una visita más dentro del mismo.

Walt Disney fue, no sólo un hombre creativo, sino un auténtico genio de los negocios que supo combinar la creatividad del cuento, del cine, de la ingeniería y del turismo en una experiencia única y participativa en la que nos devuelve a nuestra infancia y al mundo de fantasía, en un producto eminentemente creativo, sólido, con gran resistencia a las modas y capaz de mantenerse entre los destinos preferidos  del mundo después de 50 años.

Valencia, creatividad en bruto

De que Valencia es una ciudad creativa a mí no me cabe ninguna duda. La ciudad ha sido uno de los centros neurálgicos de mayor importancia del Mediterráneo a lo largo de toda su historia. Conocida como tierra de músicos y cuna de Blasco Ibáñez, sus playas han sido escenarios de algunos de los mejores cuadros de Sorolla.  Pero no seguiré el argumento en esta línea ya que grandes artistas los han tenido todas las regiones de España.

Sin  embargo, me gustaría, aprovechando las fechas en las que  no encontramos, hacer una pequeña reflexión acerca de las Fallas, la fiesta más famosa de la ciudad y el claro ejemplo de esa creatividad de la que tan a menudo hablamos.

La tradición fallera tiene diferentes teorías en cuanto a su origen. Mientras unos dicen que se trata de la continuación de una fiesta pagana para dar la bienvenida a la primavera, otros hablan de la quema de las sobras de los carpinteros para rendir culto a San José. En cualquier caso, la evolución de la festividad muestra la capacidad valenciana de hacer comedia o parodia de forma muy original sobre la actualidad de “la terreta”, como dicen los propios valencianos. Indudablemente, hay que tener talento para reírse de uno mismo y de lo que sucede alrededor. Cuando este talento se acompaña de una o varias manifestaciones creativas,  se eleva a la categoría de arte, y esto es, exactamente, lo que no falta en Valencia.

La fiesta, que se ha convertido en uno de los iconos turísticos, no ya solo de Valencia, sino de España en su conjunto, desprende originalidad e ingenio por cada uno de sus poros.

Fotografía de Ana Ropero

La construcción de cada uno de los monumentos falleros lleva un año de trabajo detrás. Se trata de la representación escultórica con rasgos satíricos y burlescos de la actualidad. Como cualquier expresión artística transmite la realidad de un entorno. Además se acompañan de carteles explicativos que dejan más clara la sorna que se esconde detrás de cada uno de estos monumentos. En algunas ocasiones, se acompaña de un llibret (documento escrito que explica la falla) que no carece de calidad literaria.

Fotografía de Ana Ropero

En las Fallas, además, confluyen otros tipos de arte muy asociados a la cultura tradicional valenciana. El culto al fuego se hace patente también en las demostraciones de los maestros pirotécnicos de la ciudad en las mascletás y los castillos nocturnos. Mientras que las primeras estimulan el oído , los segundos la vista. En cualquier caso, es un arte sensorial que ha sufrido procesos creativos no sólo artísticos, sino también tecnológicos, al introducir la ejecución electrónica, que asegura lograr una mayor precisión con los ritmos.

También en el diseño de los trajes falleros y en su confección existe un enorme componente creativo. La evolución del propio traje y de las telas y ornamentos que se utilizan en él, es otra clara muestra de la historia del territorio y la labor de sus artesanos.

Sin embargo, y pese a toda la creatividad que se desprende de cada una de las actividades que rodean a las Fallas, una de las críticas que más he escuchado de los visitantes a ellas, es su carácter privado. Mientras que la ciudad se viste de fiesta, en ocasiones los que la visitan se sienten poco partícipes de ellas. Valencia cuenta en estos días con la expresión más importante de su cultura y con la llegada de miles de turistas, una clara oportunidad para crear un recuerdo único e identitario en sus asistentes. Y aquí me gustaría lanzar una pregunta, ¿no sería interesante desarrollar un producto turístico creativo en torno a ellas?

Imaginemos por un momento abrir los talleres falleros a los visitantes en jornadas de puertas abiertas, ofreciéndoles la posibilidad de participar activamente en la elaboración, si no del monumento, de una recreación en miniatura que puedan llevar consigo. Pongámonos en el caso de descubrir el funcionamiento de la electrónica que se utiliza para las mascletás y los castillos en un lugar controlado y seguro. Asimismo, sería interesante conocer las particularidades que entraña el tratamiento de las telas y poder participar en su elaboración en trabajos, por ejemplo, de patchwork, que están tan de moda hoy en día.

Las Fallas ofrecen una gran oportunidad para la creación de productos creativos y diversificados, orientados a diferentes públicos y, teniendo en cuenta la extensa duración de la preparación del evento, capaces de ser ofrecidos a lo largo de todo el año, creando una unión entre los valencianos, su cultura y los turistas.

 

 

 

La creatividad es un gran recurso turístico

Es indiscutible que la creatividad tiene un peso muy importante en el sector turístico, pero por si aún caben dudas os diré que, además, el simple concepto de creatividad es un potente atractivo. No es ninguna casualidad que las “ciudades creativas” sean los principales receptores del mundo. De hecho, cuando uno piensa en los motivos que lo llevan a estos destinos, coinciden, en una gran medida, con las características que estas ciudades reúnen.

Para hacer más claro este punto, propongo que consideremos algunas de las características de las ciudades creativas y su relación con el turismo

  1. Las ciudades creativas cuentan con una oferta de ocio muy variada (bares, restaurantes, museos, galerías, exposiciones, teatros, conciertos, espectáculos, deportes, discotecas). Son ciudades diseñadas para el entretenimiento y, si no me equivoco, uno busca entretenerse cuando viaja.
  2. Son ciudades que se orientan a los servicios y por tanto, tienen infraestructuras para soportar el turismo: hoteles, medios de transporte urbano e interurbano. Y últimamente, quien más y quien menos cuenta con un aeropuerto en el que operan compañías de bajo coste.
  3. Se trata de ciudades en la que los negocios tienen una gran presencia. De hecho, esa imagen de entorno creativo es una herramienta para atraer el talento, y de nuevo, aumentar la competitividad. Ese dinamismo es una imagen que gusta al turismo. Pensad en cuántas fotografías con efecto de barrido de destinos urbanos nos han cautivado.

    Matthias Rhomberg, en flickr

  4. Tienen edificios modernos combinados con edificios históricos. Eso otorga al destino una imagen de innovación y tradición irresistible para el turismo. De paso, se hace patente que la creatividad no es sólo artística, sino que va asociada al diseño de la ciudad.
  5. Son ciudades que suelen contar con un alto porcentaje de población inmigrante. Este hecho ofrece cosmopolitismo, multiculturalidad y explica que quizás uno no pueda encontrar mucho de la cultura del destino. Pero aun así, esa fusión es precisamente lo atractivo en estos destinos.
  6. En general cuentan con distritos bohemios. Pueden ser bohemios por la concentración de artistas, la presencia de mercadillos, por ser considerados liberales y tolerantes o por la suma de todos los anteriores. Y esto también es un gran atractivo para el turista.

Weesen, en flickr

Es evidente que las ciudades creativas son atractivas para los viajes aunque, en algunos casos tengo la sensación de que la competición por esa creatividad alcanza los sinsentidos y me cuesta ver qué puede tener de positivo contar con ciudades que comparten características creativas en detrimento de su carácter único.

La creatividad en las ciudades debería buscarse con estrategias acordes a la propia personalidad del destino.  Atraer el talento y buscar la competitividad es necesario, pero me da la impresión de que en ocasiones, se ve como única herramienta para ello el abandono de quién se es. Por desgracia, o por suerte, no todas las ciudades pueden ser Londres o Nueva York, pero es que tampoco deberían intentar serlo.