Juárez, centro neurálgico de la creatividad mexicana

Ciudad Juárez ha sido tradicional, y lamentablemente, más conocida por elementos negativos que positivos, sobre todo por sus altas tasas de criminalidad. No obstante, en los últimos años estas tasas se han visto considerablemente reducidas y, actualmente, en Juárez se está germinando algo  que persigue el bienestar de la población y que tiene mucha relación con los dos temas principales de este blog: creatividad y turismo.

De esta forma nace Juárez Creativa, una iniciativa ciudadana, que no cuenta con apoyo económico de la Administración  y cuyo objetivo es mejorar la calidad de vida de los habitantes de la ciudad. Como lema de su actividad no podrían haber escogido algo mejor que “Materializando Ideas”. Y es que esa materialización de proyectos es de lo que adolecen en muchos casos las propuestas que parten de iniciativas públicas que se esconden tras planes llenos de grandilocuencia y objetivos ambiciosos pero que tardan mucho en ponerse en marcha o quedan abandonados a medio camino. No tengo nada en contra de lo público, todo lo contrario. No obstante, hay que admitir que, en ocasiones, lo público vela por demasiados intereses y en ese velar deja fuera a los propios interesados sin llegar a acuerdos con ellos.

Cuando las propuestas parten de la ciudadanía, de una forma modesta, pero comprometida, como es el caso de Juárez Creativa, la planificación parece responder a un enfoque más a largo plazo, ya que no es tan susceptible a los cambios de gobierno y por tanto, también es más independiente de los mismos. En este caso las administraciones colaboran en especie, con labor promocional, cesión de espacios e infraestructuras.

Pues bien, aprovechando que el 21 de abril es el día mundial de la Creatividad, durante toda esa semana se celebraron en Juárez  una serie de actividades de diferente índole para fomentarla como eje económico y de desarrollo. Como no, el turismo tuvo una presencia muy especial, con un día dedicado a conferencias relacionadas con él. En esta entrevista podéis ver un resumen del programa relacionado con turismo:

En ellas participó la Universidad Autónoma de Juárez y su personal docente para tratar los temas relacionados con el turismo creativo y su vinculación con las ciudades creativas. Sergio Molina, experto del sector, puso de manifiesto algo que me llama especialmente la atención. Los recursos turísticos de México están infra aprovechados. No por la cantidad de los mismos, sino por su planificación como productos, que carece de una alianza entre sector público y privado sólida y definida. Y, precisamente, proponía a Juárez como núcleo propulsor de ese cambio en la planificación del turismo nacional, por la fuerte estructura social y creativa que se está desarrollando en Juárez, y que es tan necesaria para los nuevos modelos.

Además, yo incluiría otros dos aspectos por los que Juárez me parece adecuado para funcionar como Think Tank del turismo. Por un lado, la estrategia de la creatividad de la ciudad no está tomando exclusivamente un cariz turístico, sino que es integral. El turismo interactúa con toda serie de recursos y actividades en un territorio, así que es muy interesante que los nuevos modelos se configuren contando con estos otros sectores con los que puede entrar en conflicto.

Por otra parte, Juárez no es uno de los centros turísticos de México. De hecho, y según reconoce el coordinador de Juárez Creativa, quizás es una etapa un tanto temprana para que el turismo se consolide en la ciudad, dada la historia de la misma. Así que aún no hay grandes intereses creados en torno a este tema y las decisiones en la configuración de productos pueden contar con la sabiduría adquirida de las malas experiencias en otras zonas del país, sin que ésta interfiera en los rendimientos de los actores con más fuerza para generar presión.

Con respecto a la opinión de Sergio Molina, encuentro paralelismos entre la realidad del sector turístico mexicano y español. En España también hay muchos recursos culturales y naturales que no se están configurando adecuadamente, en muchos casos por la falta de acuerdo y/o compromiso entre actores públicos y privados a largo plazo, por la ausencia y/o marginación de algunos agentes clave en esa adaptación de los recursos a las necesidades actuales y por los conflictos de intereses.

Dadas las similitudes entre el sector turístico de uno y otro país, si Juárez finalmente tomase ese papel de laboratorio turístico para la reconfiguración mexicana, sería muy interesante y recomendable volver la vista hacia el otro lado del Atlántico y seguir la actividad adoptando aquello que sea aceptable para el caso español.

Y si no, quizás sería aún más interesante ajustar la idea a nuestro territorio para formar un propio centro neurálgico creativo independiente de la Administración.

Colonias creativas para jóvenes rockeros: Gazterock en Vitoria

De todas las cosas que voy viendo cada vez más claras en el turismo, la primera de ellas es que la participación y el aprendizaje son dos de las tendencias que más van a definir el futuro del sector. La evolución hacia un turismo cada vez más creativo es tan evidente que Kuoni, uno de los grandes turoperadores, se ha apuntado al movimiento y llegado a un acuerdo con la Red Internacional para la Promoción del Turismo Creativo, también conocida como Creative Tourism Network, con el objetivo de fomentar los productos de la misma. Por cierto, se presentará hoy 20 de Abril de 2012, en el Salón Internacional del Turismo de Cataluña.

La segunda es que, además, la música tiene, sino todas, muchas papeletas para ser un recurso de gran valor en este nuevo panorama. De hecho, uno de los principales turistas creativos que viaja a Barcelona es el que participa en actividades musicales de todo tipo. Y voy a ir un pelín más lejos, afirmando que la música, en todos sus estilos y dimensiones. No sólo la música más tradicional, ni la autóctona, ni la ópera, ni la música clásica, sino que también las músicas más alternativas tienen un gran potencial en este sentido. Y tampoco será sólo susceptible de desarrollo la escenificación, sino que también lo podrán ser el diseño de portadas, la fotografía musical, la grabación y todos los procesos creativos que se esconden detrás del arte musical.

Pero vayamos a lo que interesa. Resulta, que aparte de la tendencia natural del turismo hacia estos derroteros, hay proyectos, hoy en día, en los que ya se está trabajando en esta línea. Y lo mejor de todo es que lo están haciendo con los jóvenes y los adolescentes de hoy, que son, los hombres y las mujeres del mañana. Así que hay iniciativas que ya están acostumbrando a los futuros turistas a experiencias participativas y más creativas. Lo cual me lleva a reflexionar sobre si con estos prematuros turistas creativos, en el futuro tendrán cabida ofertas diseñadas para meros espectadores y, la verdad, lo dudo mucho.

Los campamentos, que de por sí, siempre han constituido una experiencia turística creativa repleta de actividades lúdicas y pedagógicas están evolucionando, como el propio sector turístico, hacia productos micro-segmentados y encontramos en la oferta de vacaciones juveniles propuestas temáticas en torno a las cuales giran todas las actividades.

Opciones, encontramos muchas y variadas. Sin embargo, he elegido el proyecto vasco Gazterock, que une la creatividad musical en una experiencia turística para jóvenes que cuenta con la colaboración de la Administración y una asociación cultural, aprovechando el vínculo de la sociedad alavesa con el rock. Así que cumple muchos de esos valores que a mi me gustan tanto. Es una idea joven, participativa, cultural, creativa y propia, que nace de un acuerdo entre agentes públicos y privados que comparten un mismo objetivo.

Así que con la cooperación de la Diputación de Álava, la Asociación Cultural Hell Dorado pone al servicio de las colonias su sala de conciertos para enseñar a los más jóvenes historia del rock, montaje de escenarios e iluminación,  grabación de maquetas, fotografía musical, rodaje de videoclips y cortos y hasta estética rockera y grafittis, ¿puede haber más creatividad en un mismo producto?

Este verano tendrá lugar su próxima edición y el único problema es que sólo es apto para menores de 18 años… ¡quién los tuviera!

Creatividad, cultura, naturaleza y surf en Cantabria

Coincidiendo con la declaración de Ribamontán de Mar como primera Reserva de Surf de España, y segunda de Europa, he tenido noticia de una iniciativa turística que apuesta por el respeto al mar y al territorio a través de la unión de la creatividad local y el surf.

Es una de esas propuestas que a mi me llaman especialmente la atención por ser jóvenes, frescas, alternativas, con una alta dosis de creatividad y, encima, con participación local. Es decir, además de ser novedosas son integrativas. En la teoría, éste es el objetivo que todos los productos turísticos persiguen, o deberían perseguir.

La iniciativa viene de la España más verde, concretamente de Cantabria y se llama La Furgoneta. Se trata de una entidad que desarrolla proyectos de educación, sociales y culturales a través de la creación de una oferta turística y de ocio, en la que se pone en valor la idiosincrasia propia y el medio ambiente.

De entrada, esto a nivel técnico reúne muchas de las exigencias que se deberían tener en cuenta en el desarrollo de productos turísticos. Es respetuoso con el medio ambiente, no sólo no es invasivo, sino que tiene un importante peso pedagógico en el respeto por los recursos naturales y se esfuerza en poner en valor la cultura local, apostando porque el impacto económico recaiga sobre ella… Así que cuida los tres ejes de la sostenibilidad. Pero, además, va un pasito más lejos, haciendo a los actores locales los principales miembros integrantes del proyecto, ya que es a través de su participación como se conoce el destino.

Así que la idea es algo más que un mero producto turístico. Se trata de una propuesta interpretativa de los rincones de Cantabria a través de la imagen que proyectan sus habitantes. De esta forma se aboga por el respeto hacia lo propio y se palian los efectos de rechazo que, en ocasiones, el local siente hacia el turista. Esta interpretación del territorio se materializa en la serie de viajes I Love Cantabriatv, a la que se puede acceder desde su web y de la que os dejo un video.

Para este verano han puesto en marcha el proyecto Eco-Surf Rider, que une cultura y naturaleza en un viaje itinerante lleno de actividades lúdicas en el que el surf es el eje temático, mientras se implica al participante con la protección del litoral.

La Furgoneta, por otro lado, colabora con la ONG Surfrider Foundation Europe, cuya actividad se centra en la protección del mar y la concienciación acerca de este tema, en las “Iniciativas Oceánicas”, dejando clara cual es su posición con respecto al medio ambiente.

Y de esta manera se ofrece una oportunidad para conocer una Cantabria diferente,  haciendo deporte y sintiéndonos en comunión con la naturaleza a través de su disfrute, fomentando el respeto hacia esa tierra que nos recibe y de la mano del autóctono, poniendo a trabajar nuestra capacidad creativa a la hora de entender el entorno y de interpretarlo como lo hace él, que, por cierto, es en muchos casos un agente creativo y cultural de la zona.

Este es el tipo de propuestas que se deben fomentar y apoyar por ser super creativas en su forma y en su fondo, por aportar experiencias únicas de valor, por vincularse con el territorio y ser respetuosos con él y por presentarse como productos participativos, inclusivos y novedosos.

Los ancestros del turismo creativo: El Grand Tour

Como ya os habréis dado cuenta, me interesan mucho los temas relacionados con la historia del turismo. Cuando echamos la vista atrás nos damos cuentas de lo caprichosas que son las modas. En muchas ocasiones, lo que creemos pura tendencia no es otra cosa que el revivir de algo que en, en su día, ya quedó obsoleto. En turismo también sucede. Muchos de los tipos de turismo que se practican hoy en día son la adaptación a nuestra época de modas pasadas.

Cuando me puse a investigar sobre el turismo creativo, encontré una presentación de Consultur muy interesante sobre su origen. Según su autor, el nacimiento del turista creativo no es un fenómeno del siglo XXI, sino que se remonta siglos atrás. Y es que, parece ser que el turista creativo de nuestros días es el heredero del turista del Grand Tour.

El Grand Tour consistía en un viaje que realizaban los jóvenes de la alta sociedad (sobre todo británica) por Europa. Su objetivo era el descubrimiento de la Europa continental. Era un viaje muy largo y en él se participaba en todas las actividades culturales posibles. Verdaderamente era un temprano turismo creativo, ya que el viajero se inmiscuía activamente en el día a día del destino que visitaba (siempre, eso sí, en el día a día de las clases sociales más pudientes).

pydper2.wordpress.com

Hubo dos etapas de desarrollo. Se encuentran referencias a este fenómeno ya en el siglo XVI. Sin embargo,  este viaje tendría su momento de auge a finales del siglo XVIII. ¿Casual? Ni muchísimo menos, fue un momento en que concurrieron una serie de circunstancias con las que encuentro, sin dedicarle demasiado tiempo, al menos, tres paralelismos con las razones que justifican el nacimiento del turismo creativo en nuestros días.

En primer lugar, el Grand Tour nace como consecuencia de la ruptura del Reino Unido con la Iglesia. Anteriormente, el viaje se reducía, casi exclusivamente, al peregrinaje a los lugares sagrados. Con la consolidación de Reino Unido como país protestante a principios del siglo XVII y la separación definitiva de la Iglesia católica, surge una nueva corriente renacentista que cambia el motivo de viaje de la visita de lugares sagrados al encuentro con la cultura.

Johann Zoffany en http://www.esacademic.com

También nosotros hemos venido sufriendo una serie de cambios en la motivación del viaje consecuentes de un cambio de mentalidad. De los 80 del siglo XX a esta parte se ha pasado de lo estandarizado a lo especializado. En turismo se ha huido del modelo de masas y se ha aproximado a la microsegmentación. Uno de esos nuevos nichos  ha sido el del turista creativo, que, como el joven británico del siglo XVIII quiere conocer, vivir la realidad de otros pueblos y tener una aventura a través de los hábitos de aquellos a quienes visita.

Por una parte, el contexto histórico en el que se desarrolla en Grand Tour no es otro que la Ilustración, momento en que la razón cobra una nueva dimensión y se entiende que el conocimiento de las culturas clásicas es clave para entender el mundo actual. Poco a poco, el viaje iría evolucionando y tomaría un cambio con la llegada del Romanticismo, ya en el siglo XIX. Encontrándose en plena etapa colonizadora que desembocaría en el Imperialismo, la realidad es que el Grand Tour era considerado una experiencia clave en la educación de los futuros dirigentes del mundo.

Hoy en día, nuestra sociedad es conocida como la sociedad de la información, ¿y qué es la información, sino conocimiento y saber? Aquí encontramos el segundo paralelismo. Nuestros jóvenes también viajan como parte de una educación que pretende hacerles más competitivos en un mundo globalizado. Aprenden sobre otras culturas y otros idiomas, y en cuanto tenemos la ocasión, les enviamos un año a estudiar en otro país, porque es enriquecedor y mejorará su formación. De hecho, de pronto, los viajes son una parte que gana peso en el  curriculum y los entornos multiculturales hacen que un puesto de trabajo sea más atractivo.

Esa sed de conocimiento en el siglo XVIII obligaba a dejar constancia escrita de lo aprendido y así, aparecería la literatura de viajes. Esta se basaba en los escritos que aquellos jóvenes realizaban durante sus viajes en los que explicaban, como si de un diario se tratara, las impresiones que iban teniendo de su experiencia en los destinos. Lo que les parecía raro, curioso, interesante, dulce… Esos autores eran los futuros gobernantes del mundo que miraban al pasado siendo la élite, los dueños del progreso, el símbolo de la evolución humana.

Bien, en este punto encuentro otro paralelismo. ¿Cuál es la literatura de viaje más famosa de nuestros días? Los blogs. El otro día leía que de todos los blogs que hay en la red, más del 20% tratan sobre viajes. Son una muestra de nuestra deseo de información asequible, frente al conocimiento del hombre ilustrado. Los blogs se han convertido en una de las herramientas más utilizadas de nuestra era a la hora de preparar un viaje o aprender sobre un destino. Al igual que las bitácoras del siglo XVIII, cuentan con esa perspectiva personal y la creatividad del que lo escribe, que queda manifiesta en su propio estilo. Dice Jorge Soto Roland que la literatura de viajes se convirtió en el Grand Tour en una herramienta de control. En nuestros días ese “control” es más sutil, pero os planteo esta pregunta: ¿no son los blogs, en su perspectiva más marketiniana, una poderosa herramienta para influir en nuestras decisiones de compra y consumo? Así que los bloggers más seguidos tienen también un importante peso en nuestra sociedad.

Si tenemos en cuenta estos puntos en común entre el turista de aquel entonces y nuestro actual turista creativo, creo que no sería absurdo pensar que estudiar las actividades estrellas del Grand Tour nos puede dar una cuantas pistas para la configuración de productos turísticos creativos en la actualidad.

Permitiendo al turista dejar su huella creativa… Difusor

Hace ya un tiempo que descubrí esta iniciativa y pensé en escribir sobre ella. Para empezar me parece muy innovadora y, por otra parte, da un pasito más en lo que es la creatividad aplicada al turismo.

La propuesta es de una asociación cultural catalana, Difusor. Los profesionales de este colectivo están muy concienciados con las nuevas formas de hacer turismo y esa visión queda demostrada en todos sus proyectos. Uno de ellos tiene relación con la puesta en valor de los recursos del Priorat, enfocándolo como un Parque Temático Auténtico. Es decir, diseñando rutas que pongan el valor los contrastes naturales y artificiales de la comarca y haciendo especial hincapié en sus productos propios.

Sin embargo, el proyecto que a mi me ha cautivado es el de Openwalls. Bien, Openwalls está implantado en Barcelona (y ahora también en Galicia) a través de la Galería Abierta, que recoge una serie de espacios públicos donde se puede intervenir artísticamente con un permiso. Por si no me estoy explicando del todo bien, lo que se pretende es recopilar una serie de muros en los que la ciudadanía pueda mostrar su talento en las artes urbanas.

Para su puesta en marcha, en 2007 se invitó a algunos artistas internacionales a que pintaran con plantillas las calles de Barcelona. El objetivo era concienciar sobre algunos aspectos del arte urbano y su convivencia con la sociedad local.

Después en 2008, se puso en marcha la Galería Abierta de Barcelona, que como ya he explicado consiste en una red de muros susceptibles de decoración urbana que parte de iniciativas particulares.

Posteriormente, el año pasado se realizó el evento Openwalls Conference, que pretendía hacer una puesta en común sobre la convivencia de las políticas municipales y el uso autónomo de los espacios público. Por supuesto, en esta ocasión también se hicieron murales en la ciudad.

Además Difusor gestiona también talleres de plantillas en los que después, según el grupo de trabajo, se puede pintar sobre algún mural de la red. Estos cursos, si los aplicamos al turista, son uno de los ejemplos más contundentes de turismo creativo. Por una parte, se cuenta con la posibilidad de desarrollar la capacidad artística a través de un aprendizaje en destino. Pero, este producto va un paso más allá y permite al aprendiz dejar una huella en el destino. No puedo pensar en un producto que cierre la creatividad en un círculo tan perfecto entre turista, producto y destino. Si el turista quiere vínculos emocionales con el territorio, no se me ocurren muchas otras formas mejores de proporcionárselos que haciendo de su obra parte del destino.

Esta iniciativa, además de permitir que el turista disfrute de una experiencia única, puede tener impactos muy positivos en el propio destino, como:

1. Si se logran acuerdos entre Administración y operadores, podría servir para revitalizar zonas que no sean especialmente turísticas y dotarles de un color especial y una idiosincrasia propia.

2. La propia estética de los barrios puede verse mejorada y parte de los costes de embellecimiento de  edificios podrían tener una vía alternativa de financiación.

3. Y… ¿cuántos de estos turistas que participen colgaran al menos una foto de su creación el destino en redes sociales? Por lo que haremos de nuestro visitante el mejor prescriptor del destino.

Por otro lado, esta idea a mi me ha conducido a una nueva reflexión… Existen muchísimas formas de que el turista deje parte de sí en el destino creando un vínculo único. Las posibilidades son tan variadas como la creatividad del planificador o técnico. Seguro que a muchos ya se os están ocurriendo unas cuantas ideas en las que la creatividad del turista puede formar parte de nuestro destino. Pues vayamos un poco más lejos y hagamos que esa obra sea una muestra de identidad del lugar que se visita. Nosotros ponemos las normas del juego al configurar el producto y las opciones son tantas y tan diversas como seamos capaces de ingeniar.

Gestores, pongámonos a pensar de forma creativa para ser únicos, para ofrecer experiencias turísticas diferentes y diversificadas y demos la oportunidad a nuestros turistas de dejarnos su rastro mientras colaboran en nuestro desarrollo.

La creatividad turística de Disney: los parques temáticos.

En la mayoría de las ocasiones, la creatividad no transforma el mundo de una manera que rompe con todo lo anterior, sino que toma un concepto, estudia las herramientas y lo readapta para desarrollar algo un tanto diferente a lo que había con anterioridad. Esta es la base de la creatividad, encontrar nuevas formas de hacer para adecuarse a los cambios en todas y cada una de las industrias, también en turismo. Y en este campo, hay muchísimos ejemplos que lo demuestran.

El otro día comentábamos como nacieron los parques de atracciones y cómo en los primeros años del siglo XX aparecieron en las localidades turísticas de la época. Como todas las modas, turísticas o no, tuvieron su nacimiento, su auge y su declive. Así que tras los felices años 20, la llegada de la crisis del 29 y la posterior Guerra Mundial, el ocio quedaría de lado ante la necesidad de la supervivencia.

Una vez terminado este triste episodio y de vuelta a una etapa de esplendor económico, los parques de atracciones sufren un renacer, que, sin embargo, sólo duraría hasta los 50. Parecía que el antiguo modelo de parque de atracciones ya no era tan atractivo.

Y en ese momento entra en esta singular historia Walt Disney, uno de los hombres más creativos de su tiempo. Este genio puso cara, voz y gestualidad a los personajes de los cuentos clásicos a través de la animación cinematográfica. Pero Walt Disney no dejó su ingenio creativo en la industria del cine, a la que revolucionó en 1937 con Blancanieves y los siete enanitos, sino que marcaría también un punto y aparte en el mundo del turismo, el ocio y el entretenimiento, construyendo el primer parque temático de la historia.

La idea le rondaba en la cabeza desde los años 40, y, lo que en un principio se concebía como un parque destinado a divertir a sus empleados con sus familias, pronto se convertiría en un modelo de negocio que hoy ha demostrado sobradamente su capacidad.

Disney había observado en los parques de atracciones que no eran lugares que destacasen ni por su higiene ni por su especialización, donde los niños se divertían, los padres no encontraban qué hacer. El servicio era muy estándar y las atracciones siempre eran las mismas.

Así que poco a poco se fue fraguando la idea de acercar sus personajes a esas familias en una experiencia en la que pudieran interactuar con los mismos y aprender de y con ellos. Suena a un temprano producto de turismo creativo, ¿no? Paso a paso desarrolló la idea de que debía entrar en el mundo de las atracciones, pero de una manera un poco distinta. Necesitaría dividir el terreno en diferentes áreas con ejes temáticos para que las atracciones de unas no molestaran a las otras y debía introducir el aprendizaje en el modelo.

El resultado fue un parque que combinaba perfectamente en su recinto el pasado, el presente y el futuro del mundo estadounidense con un espacio dedicado a la aventura en la selva y la jungla y una parcela para la fantasía de las películas de Disney. El parque abrió sus puertas el 18 de junio de 1955 y en septiembre de ese mismo año habría logrado 1 millón de visitas.

Poco a poco, Disneyland se convertiría en un Resort Sería copiado como modelo por otras empresas como Warner Bross y exportado a Florida, Tokio y Paris. El ejemplo de Florida , Magic Kingdom, llegaría a recibir casi 17 millones de visitas anuales. Para que os hagáis una idea de la cifra, os diré que Londres, primer destino urbano del mundo en 2008, recibió en ese año menos de 16 millones.

Es decir, los parques temáticos de Disney son de los principales destinos del mundo y son de los pocos, por no decir únicos, ejemplos en los que el parque se convierte en el destino propio del viaje turístico y no una visita más dentro del mismo.

Walt Disney fue, no sólo un hombre creativo, sino un auténtico genio de los negocios que supo combinar la creatividad del cuento, del cine, de la ingeniería y del turismo en una experiencia única y participativa en la que nos devuelve a nuestra infancia y al mundo de fantasía, en un producto eminentemente creativo, sólido, con gran resistencia a las modas y capaz de mantenerse entre los destinos preferidos  del mundo después de 50 años.

Valencia, creatividad en bruto

De que Valencia es una ciudad creativa a mí no me cabe ninguna duda. La ciudad ha sido uno de los centros neurálgicos de mayor importancia del Mediterráneo a lo largo de toda su historia. Conocida como tierra de músicos y cuna de Blasco Ibáñez, sus playas han sido escenarios de algunos de los mejores cuadros de Sorolla.  Pero no seguiré el argumento en esta línea ya que grandes artistas los han tenido todas las regiones de España.

Sin  embargo, me gustaría, aprovechando las fechas en las que  no encontramos, hacer una pequeña reflexión acerca de las Fallas, la fiesta más famosa de la ciudad y el claro ejemplo de esa creatividad de la que tan a menudo hablamos.

La tradición fallera tiene diferentes teorías en cuanto a su origen. Mientras unos dicen que se trata de la continuación de una fiesta pagana para dar la bienvenida a la primavera, otros hablan de la quema de las sobras de los carpinteros para rendir culto a San José. En cualquier caso, la evolución de la festividad muestra la capacidad valenciana de hacer comedia o parodia de forma muy original sobre la actualidad de “la terreta”, como dicen los propios valencianos. Indudablemente, hay que tener talento para reírse de uno mismo y de lo que sucede alrededor. Cuando este talento se acompaña de una o varias manifestaciones creativas,  se eleva a la categoría de arte, y esto es, exactamente, lo que no falta en Valencia.

La fiesta, que se ha convertido en uno de los iconos turísticos, no ya solo de Valencia, sino de España en su conjunto, desprende originalidad e ingenio por cada uno de sus poros.

Fotografía de Ana Ropero

La construcción de cada uno de los monumentos falleros lleva un año de trabajo detrás. Se trata de la representación escultórica con rasgos satíricos y burlescos de la actualidad. Como cualquier expresión artística transmite la realidad de un entorno. Además se acompañan de carteles explicativos que dejan más clara la sorna que se esconde detrás de cada uno de estos monumentos. En algunas ocasiones, se acompaña de un llibret (documento escrito que explica la falla) que no carece de calidad literaria.

Fotografía de Ana Ropero

En las Fallas, además, confluyen otros tipos de arte muy asociados a la cultura tradicional valenciana. El culto al fuego se hace patente también en las demostraciones de los maestros pirotécnicos de la ciudad en las mascletás y los castillos nocturnos. Mientras que las primeras estimulan el oído , los segundos la vista. En cualquier caso, es un arte sensorial que ha sufrido procesos creativos no sólo artísticos, sino también tecnológicos, al introducir la ejecución electrónica, que asegura lograr una mayor precisión con los ritmos.

También en el diseño de los trajes falleros y en su confección existe un enorme componente creativo. La evolución del propio traje y de las telas y ornamentos que se utilizan en él, es otra clara muestra de la historia del territorio y la labor de sus artesanos.

Sin embargo, y pese a toda la creatividad que se desprende de cada una de las actividades que rodean a las Fallas, una de las críticas que más he escuchado de los visitantes a ellas, es su carácter privado. Mientras que la ciudad se viste de fiesta, en ocasiones los que la visitan se sienten poco partícipes de ellas. Valencia cuenta en estos días con la expresión más importante de su cultura y con la llegada de miles de turistas, una clara oportunidad para crear un recuerdo único e identitario en sus asistentes. Y aquí me gustaría lanzar una pregunta, ¿no sería interesante desarrollar un producto turístico creativo en torno a ellas?

Imaginemos por un momento abrir los talleres falleros a los visitantes en jornadas de puertas abiertas, ofreciéndoles la posibilidad de participar activamente en la elaboración, si no del monumento, de una recreación en miniatura que puedan llevar consigo. Pongámonos en el caso de descubrir el funcionamiento de la electrónica que se utiliza para las mascletás y los castillos en un lugar controlado y seguro. Asimismo, sería interesante conocer las particularidades que entraña el tratamiento de las telas y poder participar en su elaboración en trabajos, por ejemplo, de patchwork, que están tan de moda hoy en día.

Las Fallas ofrecen una gran oportunidad para la creación de productos creativos y diversificados, orientados a diferentes públicos y, teniendo en cuenta la extensa duración de la preparación del evento, capaces de ser ofrecidos a lo largo de todo el año, creando una unión entre los valencianos, su cultura y los turistas.