Colonias creativas para jóvenes rockeros: Gazterock en Vitoria

De todas las cosas que voy viendo cada vez más claras en el turismo, la primera de ellas es que la participación y el aprendizaje son dos de las tendencias que más van a definir el futuro del sector. La evolución hacia un turismo cada vez más creativo es tan evidente que Kuoni, uno de los grandes turoperadores, se ha apuntado al movimiento y llegado a un acuerdo con la Red Internacional para la Promoción del Turismo Creativo, también conocida como Creative Tourism Network, con el objetivo de fomentar los productos de la misma. Por cierto, se presentará hoy 20 de Abril de 2012, en el Salón Internacional del Turismo de Cataluña.

La segunda es que, además, la música tiene, sino todas, muchas papeletas para ser un recurso de gran valor en este nuevo panorama. De hecho, uno de los principales turistas creativos que viaja a Barcelona es el que participa en actividades musicales de todo tipo. Y voy a ir un pelín más lejos, afirmando que la música, en todos sus estilos y dimensiones. No sólo la música más tradicional, ni la autóctona, ni la ópera, ni la música clásica, sino que también las músicas más alternativas tienen un gran potencial en este sentido. Y tampoco será sólo susceptible de desarrollo la escenificación, sino que también lo podrán ser el diseño de portadas, la fotografía musical, la grabación y todos los procesos creativos que se esconden detrás del arte musical.

Pero vayamos a lo que interesa. Resulta, que aparte de la tendencia natural del turismo hacia estos derroteros, hay proyectos, hoy en día, en los que ya se está trabajando en esta línea. Y lo mejor de todo es que lo están haciendo con los jóvenes y los adolescentes de hoy, que son, los hombres y las mujeres del mañana. Así que hay iniciativas que ya están acostumbrando a los futuros turistas a experiencias participativas y más creativas. Lo cual me lleva a reflexionar sobre si con estos prematuros turistas creativos, en el futuro tendrán cabida ofertas diseñadas para meros espectadores y, la verdad, lo dudo mucho.

Los campamentos, que de por sí, siempre han constituido una experiencia turística creativa repleta de actividades lúdicas y pedagógicas están evolucionando, como el propio sector turístico, hacia productos micro-segmentados y encontramos en la oferta de vacaciones juveniles propuestas temáticas en torno a las cuales giran todas las actividades.

Opciones, encontramos muchas y variadas. Sin embargo, he elegido el proyecto vasco Gazterock, que une la creatividad musical en una experiencia turística para jóvenes que cuenta con la colaboración de la Administración y una asociación cultural, aprovechando el vínculo de la sociedad alavesa con el rock. Así que cumple muchos de esos valores que a mi me gustan tanto. Es una idea joven, participativa, cultural, creativa y propia, que nace de un acuerdo entre agentes públicos y privados que comparten un mismo objetivo.

Así que con la cooperación de la Diputación de Álava, la Asociación Cultural Hell Dorado pone al servicio de las colonias su sala de conciertos para enseñar a los más jóvenes historia del rock, montaje de escenarios e iluminación,  grabación de maquetas, fotografía musical, rodaje de videoclips y cortos y hasta estética rockera y grafittis, ¿puede haber más creatividad en un mismo producto?

Este verano tendrá lugar su próxima edición y el único problema es que sólo es apto para menores de 18 años… ¡quién los tuviera!

“El Señor de los Anillos” como modelo de planificación de destinos

Hace unos días empecé a pensar sobre la planificación turística de los destinos. Cavilaba acerca de cómo se configuran para contar a los visitantes una historia, la suya propia. Recordando el post de la Semana Santa de Vivero y su presentación como un libro, pensé que, en el caso de la planificación, el planificador sería al destino lo que el escritor a la novela. Y es que, es sobre él sobre el que recae la labor creativa.

Tanto las novelas como el turismo son capaces de llevarnos a otras realidades. En el caso de las novelas nos trasladamos de forma virtual a otros lugares que están compuestos por entornos de ficción. En el caso del turismo nos trasladamos, físicamente, a lugares que, siendo reales, no forman parte de nuestra realidad cotidiana, sino de la de otros.

En ambos casos, el de la novela y el destino, hay una fase de estudio. El escritor se documenta con el objetivo de reproducir fielmente los escenarios en los que transcurre el argumento de su obra y darle veracidad. En el caso del planificador, el trabajo es parecido. El primer episodio es siempre de análisis de las variables que puedan afectar a los argumentos del destino.

Una vez el escritor se ha documentado empieza a escribir, descubriendo la trama de su relato. De igual forma, cuando el planificador acaba con la fase de análisis decide comenzar a desarrollar la historia del destino. Frente a la pluma y el papel del escritor, el planificador cuenta con planos, señalética y, hoy en día, con aplicaciones y medios audiovisuales que le sirven de instrumentos para el relato de la experiencia turística.

Hay que tener claro quién es el público al que le pueda interesar la historia de lo que contamos y darle una forma comercial adecuada a él, a través de los canales que usa más habitualmente. De la misma manera que las editoriales cubren las novelas con portadas atractivas y las colocan en los puntos de venta a los que se dirigen sus lectores, el destino también tendrá que promocionarse de acuerdo a los valores de sus turistas, usando los medios que éstos utilizan.

Y en este punto de la comparación se me presentan dos modelos alternativos que pueden ser interesantes para los destinos si los entendemos como novelas.

El primero de ellos es aquél en que el destino tiene tantos recursos y capacidad planificadora creativa que es capaz de presentarse como una saga. Una saga en la que el turista, cual lector, queda tan “enganchado” a nuestra historia que sólo piensa en repetir sus siguientes vacaciones con nosotros para terminar de descubrirnos. El único problema es que las sagas, en muchas ocasiones, son novelas adictivas, que una vez se acaban dejan una especie de desasosiego. Pero éste se calma y se olvida cuando aparece la siguiente saga de moda. Son series en las que a veces, se prima el deseo de llegar al final del lector a la calidad. Son novelas que, más que por si mismas, tienen éxito por la labor promocional. Se trata de un modelo que, en la mayoría de los casos, simplemente entretiene.

Frente a esas novelas que distraen, encontramos otras que embelesan y cautivan. Son las que pasan a la historia y son consideradas obras maestras. Que además de presentar un relato lleno de detalles, genera interés también en su forma. Que es rica tanto en su escritura como en la fidelidad de su contenido con aquello que representa. Son novelas de las que se aprende y que jamás pasan de moda por el simple hecho de que son geniales, únicas, irrepetibles y marcan un precedente. Dejan huella no sólo en su lector, sino en el propio arte literario y se estudian a lo largo de la historia por su calidad. Lamentablemente, a veces, son tan poco “comerciales” que sólo los más eruditos las leen y son, incluso, rechazadas por el resto.

No obstante, encuentro un caso en el que se combinen una saga muy adictiva y adaptada a todo tipo de público, y que es considerada una de las mejores obras literarias de la historia. Muchos ya habréis adivinado a cual me refiero, “El Señor de los Anillos” de J.R.R. Tolkien. Que además, ha sido capaz de reinventarse en el cine, desarrollar diferentes productos a su alrededor y hacerse con una comunidad de fieles seguidores.

Este modelo, aplicado a la planificación de destinos, uniría en un territorio la capacidad de crear experiencias únicas con el deseo de querer saber más de los turistas, con la calidad de los servicios y productos y la creatividad de sus técnicos en un producto sólido con prescriptores, respetado por todos los públicos y menos vulnerable a las modas. Esto no es conseguir poco, sino dar un gran paso en la búsqueda de la competitividad… así que, ¿no sería interesante empezar a buscar una fórmula made in Tolkien en la ordenación turística de los territorios?

Una Semana Santa turística y creativa

Tras la Semana Santa, me parecía que debía haber un artículo sobre la misma. Hay muchos ejemplos de celebraciones de Pascua en todo el mundo que destacan por su originalidad, su arraigada tradición, su creatividad y su fuerza de atracción turística.

Como tenía que seleccionar un caso para esta entrada me he guiado por la temática principal del blog. Tenía que ser una Semana Santa reconocida por su interés turístico y que destacase por su creatividad. Finalmente, me he decidido por un caso que no fuese tan mediático y que se conociese algo menos.

Así que frente a las famosas celebraciones del sur de España, me he decantado por una del norte: la de Viveiro, o en castellano, Vivero. Este es el tercer municipio de mayor tamaño de la provincia de Lugo y a nivel turístico, destaca por tener tres fiestas declaradas como Interés Turístico Nacional, entre ellas su Semana Santa, que además, está trabajando por el reconocimiento de Interés Turístico Internacional.

Son varias las razones por las que la Pasión de Viveiro rezuma creatividad. La primera de ellas es que se presenta a sí misma como un libro. Y como cualquier obra literaria cuenta con un prólogo.  En este caso, está constituido por actividades culturales relacionadas con la Semana Santa que se empiezan a desarrollar un mes antes de la misma. En este preludio hay música, teatro, conferencias y  poesía, todo ello con una fuerte participación de las asociaciones locales. Pero por si esto no bastara, además del nudo de esta historia, que lo componen las propias procesiones, encontramos también, un epílogo. Después de la Semana Santa, los más pequeños tienen su procesión con réplicas de los pasos, que no por su carácter infantil, peca de poca solemnidad.

Para cerrar el producto turístico, se apuesta, además de las actividades culturales, por la difusión de las mismas y de los pasos a través del libro-programa, cartelería (se editan desde los años 40 del siglo XX) y en este año por la difusión internacional con la presencia de medios extranjeros.

semanasantaviveiro.com

semanasantaviveiro.com

 

 

 

 

 

 

 

Por último, por iniciativa de la Xunta de Cofradías y con ánimo de sacar el mayor partido a esta festividad, las procesiones se complementan con la exposición previa de los pasos, para acercarlos a aquellos que no puedan asistir a todas las procesiones. Se cuenta además con otra exhibición paralela, la del imaginario laico.

La razón es que las imágenes que procesionan en la Semana Santa de Viveiro son, sin lugar a dudas, el punto diferencial de la misma, lo que más impresiona a sus visitantes y una muestra más de la creatividad de esta fiesta. Son de diferentes épocas y orígenes, pero de reconocido valor artístico. No suelen ir tan acompañadas de adornos florales como es el caso de otras procesiones. Los ornamentos en este caso son más sobrios, lo que, por otra parte, hace más llamativa la propia imagen. Si a esto le sumamos el hecho de que en algunos casos, los pasos de Viveiro están formados con imágenes articuladas, la sensación de realidad de sus procesiones y su impacto en el visitante están garantizados.  Para que veáis a qué me refiero, os dejo este video donde podréis apreciar la singularidad de las imágenes vivarenses.

Estaréis de acuerdo en que, de nuevo, las artes creativas, en este caso la de los maestros imagineros, constituyen un atractivo turístico particular y asociado a una población local.

Permitiendo al turista dejar su huella creativa… Difusor

Hace ya un tiempo que descubrí esta iniciativa y pensé en escribir sobre ella. Para empezar me parece muy innovadora y, por otra parte, da un pasito más en lo que es la creatividad aplicada al turismo.

La propuesta es de una asociación cultural catalana, Difusor. Los profesionales de este colectivo están muy concienciados con las nuevas formas de hacer turismo y esa visión queda demostrada en todos sus proyectos. Uno de ellos tiene relación con la puesta en valor de los recursos del Priorat, enfocándolo como un Parque Temático Auténtico. Es decir, diseñando rutas que pongan el valor los contrastes naturales y artificiales de la comarca y haciendo especial hincapié en sus productos propios.

Sin embargo, el proyecto que a mi me ha cautivado es el de Openwalls. Bien, Openwalls está implantado en Barcelona (y ahora también en Galicia) a través de la Galería Abierta, que recoge una serie de espacios públicos donde se puede intervenir artísticamente con un permiso. Por si no me estoy explicando del todo bien, lo que se pretende es recopilar una serie de muros en los que la ciudadanía pueda mostrar su talento en las artes urbanas.

Para su puesta en marcha, en 2007 se invitó a algunos artistas internacionales a que pintaran con plantillas las calles de Barcelona. El objetivo era concienciar sobre algunos aspectos del arte urbano y su convivencia con la sociedad local.

Después en 2008, se puso en marcha la Galería Abierta de Barcelona, que como ya he explicado consiste en una red de muros susceptibles de decoración urbana que parte de iniciativas particulares.

Posteriormente, el año pasado se realizó el evento Openwalls Conference, que pretendía hacer una puesta en común sobre la convivencia de las políticas municipales y el uso autónomo de los espacios público. Por supuesto, en esta ocasión también se hicieron murales en la ciudad.

Además Difusor gestiona también talleres de plantillas en los que después, según el grupo de trabajo, se puede pintar sobre algún mural de la red. Estos cursos, si los aplicamos al turista, son uno de los ejemplos más contundentes de turismo creativo. Por una parte, se cuenta con la posibilidad de desarrollar la capacidad artística a través de un aprendizaje en destino. Pero, este producto va un paso más allá y permite al aprendiz dejar una huella en el destino. No puedo pensar en un producto que cierre la creatividad en un círculo tan perfecto entre turista, producto y destino. Si el turista quiere vínculos emocionales con el territorio, no se me ocurren muchas otras formas mejores de proporcionárselos que haciendo de su obra parte del destino.

Esta iniciativa, además de permitir que el turista disfrute de una experiencia única, puede tener impactos muy positivos en el propio destino, como:

1. Si se logran acuerdos entre Administración y operadores, podría servir para revitalizar zonas que no sean especialmente turísticas y dotarles de un color especial y una idiosincrasia propia.

2. La propia estética de los barrios puede verse mejorada y parte de los costes de embellecimiento de  edificios podrían tener una vía alternativa de financiación.

3. Y… ¿cuántos de estos turistas que participen colgaran al menos una foto de su creación el destino en redes sociales? Por lo que haremos de nuestro visitante el mejor prescriptor del destino.

Por otro lado, esta idea a mi me ha conducido a una nueva reflexión… Existen muchísimas formas de que el turista deje parte de sí en el destino creando un vínculo único. Las posibilidades son tan variadas como la creatividad del planificador o técnico. Seguro que a muchos ya se os están ocurriendo unas cuantas ideas en las que la creatividad del turista puede formar parte de nuestro destino. Pues vayamos un poco más lejos y hagamos que esa obra sea una muestra de identidad del lugar que se visita. Nosotros ponemos las normas del juego al configurar el producto y las opciones son tantas y tan diversas como seamos capaces de ingeniar.

Gestores, pongámonos a pensar de forma creativa para ser únicos, para ofrecer experiencias turísticas diferentes y diversificadas y demos la oportunidad a nuestros turistas de dejarnos su rastro mientras colaboran en nuestro desarrollo.

Creatividad japonesa con escenario conquense: Sora No Oto

Llevo varios días resistiéndome a la tentación de escribir sobre una noticia que apareció en Hosteltur el pasado miércoles 14 de marzo por no ser demasiado repetitiva. Pero  hoy he decidido darme el capricho y hacer un comentario sobre ella porque es de esas anécdotas que me gustan muchísimo y que están muy relacionadas con turismo, arte y creatividad.

Una vez más, el arte se muestra como un aliciente para fomentar el turismo hacia una región. Es evidente que las artes creativas son capaces de proyectar una imagen de un destino y hacer a un público determinado querer visitarlo porque emula aquello que ve reflejado en esa obra de arte, ya sea un cuadro, una película o cualquier otra expresión.

Pues en este caso la noticia no puede ser más llamativa ya que combina la creatividad japonesa y la ciudad española de Cuenca. Y muchos pensaréis que esto no pega ni con cola, que es lo que yo pensé al leer el titular el otro día. Pues craso error el nuestro, porque no sólo pega, sino que los efectos de esta mezcla tan ecléctica se han hecho patentes en las cifras. Y como todos sabemos, cuando hablamos de cifras, los datos pasan de ser conjeturas a hechos.

El punto de unión entre estos dos remotos territorios se ha dado a través de una serie de anime japonesa cuya trama se desarrolla en un pueblo ficticio, Seize, que está inspirado en la ciudad de Cuenca. El anime es una expresión artística de origen japonés que tiene su antecedente en el manga (comic) y que no es otra que las series de dibujos animados. Esas con personajes de ojos grandes y de colores llamativos que lucen, además, todo tipo de peinados. Este arte ha sido testigo de diferentes tipos de creatividad. En primer lugar la propia de las historias, los temas y las ilustraciones y, en segundo lugar la creatividad aplicada a sus herramientas, siendo cada vez más tecnológicas.

Así que Sora No Oto o Sora No Woto (Sonido del Cielo) es una serie anime de ciencia ficción sobre el mundo futuro, en que un joven ejército trata de defender una fortaleza que se encuentra en lo alto de un pueblo, que es, nada más y nada menos, Cuenca. Os dejo el tráiler para que podáis echar un vistazo e intentéis identificar los escenarios más emblemáticos.

Lo interesante de todo esto es que desde que la serie se empezase a emitir en Japón en enero de 2010, Cuenca ha recibido casi un 50% más de turistas provenientes de Japón. En muchos casos llegan con ilustraciones del anime preguntando por algunos de los lugares de la ciudad.

Resulta que esta historieta sobre la serie japonesa y el impacto que ha generado en Cuenca me ha dejado muy impresionada, no sólo por cómo las artes creativas influyen en los destinos, sino porque me lleva a preguntarme cuáles son las oportunidades que presenta para realizar una promoción muy creativa de los mismos.

El anime, como arte, no sólo tiene seguidores en Japón, sino que también en occidente se ha ido ganando más y más adeptos. Hoy en día tiene un verdadero mercado en Europa y América. Se trata de un tipo de programación que está muy segmentada. Uno puede encontrar animes para todo tipo de grupos sociales, lo cual, puede incluso ayudarnos a hacernos una mejor idea de los segmentos de turistas japoneses. El aficionado al anime es muy fiel. Estas series, en muchos casos, duran años y años. Tras ellas vienen sus secuelas y sus seguidores no las abandonan. De hecho, conocen todos sus giros, personajes y posibles historias paralelas que puedan ocurrir.

Teniendo en cuenta que el turista japonés se siente muy atraído por la cultura española y que, además, interesa por su propio perfil (capacidad de gasto, poco problemático, estancias largas…) quizás sería interesante plantearse utilizar este tipo de dibujos como promotores de destino, dotándoles del carácter propio del mismo y disfrutando de los productos de la zona a promocionar,  en campañas específicas dirigidas al público japonés.

De igual forma que el cine sirve como herramienta de promoción de destinos… ¿no podría resultar interesante entrar también en el mundo del manga y el anime, aproximándonos a los mercados asiáticos a través de su propia cultura?

La creatividad turística de Disney: los parques temáticos.

En la mayoría de las ocasiones, la creatividad no transforma el mundo de una manera que rompe con todo lo anterior, sino que toma un concepto, estudia las herramientas y lo readapta para desarrollar algo un tanto diferente a lo que había con anterioridad. Esta es la base de la creatividad, encontrar nuevas formas de hacer para adecuarse a los cambios en todas y cada una de las industrias, también en turismo. Y en este campo, hay muchísimos ejemplos que lo demuestran.

El otro día comentábamos como nacieron los parques de atracciones y cómo en los primeros años del siglo XX aparecieron en las localidades turísticas de la época. Como todas las modas, turísticas o no, tuvieron su nacimiento, su auge y su declive. Así que tras los felices años 20, la llegada de la crisis del 29 y la posterior Guerra Mundial, el ocio quedaría de lado ante la necesidad de la supervivencia.

Una vez terminado este triste episodio y de vuelta a una etapa de esplendor económico, los parques de atracciones sufren un renacer, que, sin embargo, sólo duraría hasta los 50. Parecía que el antiguo modelo de parque de atracciones ya no era tan atractivo.

Y en ese momento entra en esta singular historia Walt Disney, uno de los hombres más creativos de su tiempo. Este genio puso cara, voz y gestualidad a los personajes de los cuentos clásicos a través de la animación cinematográfica. Pero Walt Disney no dejó su ingenio creativo en la industria del cine, a la que revolucionó en 1937 con Blancanieves y los siete enanitos, sino que marcaría también un punto y aparte en el mundo del turismo, el ocio y el entretenimiento, construyendo el primer parque temático de la historia.

La idea le rondaba en la cabeza desde los años 40, y, lo que en un principio se concebía como un parque destinado a divertir a sus empleados con sus familias, pronto se convertiría en un modelo de negocio que hoy ha demostrado sobradamente su capacidad.

Disney había observado en los parques de atracciones que no eran lugares que destacasen ni por su higiene ni por su especialización, donde los niños se divertían, los padres no encontraban qué hacer. El servicio era muy estándar y las atracciones siempre eran las mismas.

Así que poco a poco se fue fraguando la idea de acercar sus personajes a esas familias en una experiencia en la que pudieran interactuar con los mismos y aprender de y con ellos. Suena a un temprano producto de turismo creativo, ¿no? Paso a paso desarrolló la idea de que debía entrar en el mundo de las atracciones, pero de una manera un poco distinta. Necesitaría dividir el terreno en diferentes áreas con ejes temáticos para que las atracciones de unas no molestaran a las otras y debía introducir el aprendizaje en el modelo.

El resultado fue un parque que combinaba perfectamente en su recinto el pasado, el presente y el futuro del mundo estadounidense con un espacio dedicado a la aventura en la selva y la jungla y una parcela para la fantasía de las películas de Disney. El parque abrió sus puertas el 18 de junio de 1955 y en septiembre de ese mismo año habría logrado 1 millón de visitas.

Poco a poco, Disneyland se convertiría en un Resort Sería copiado como modelo por otras empresas como Warner Bross y exportado a Florida, Tokio y Paris. El ejemplo de Florida , Magic Kingdom, llegaría a recibir casi 17 millones de visitas anuales. Para que os hagáis una idea de la cifra, os diré que Londres, primer destino urbano del mundo en 2008, recibió en ese año menos de 16 millones.

Es decir, los parques temáticos de Disney son de los principales destinos del mundo y son de los pocos, por no decir únicos, ejemplos en los que el parque se convierte en el destino propio del viaje turístico y no una visita más dentro del mismo.

Walt Disney fue, no sólo un hombre creativo, sino un auténtico genio de los negocios que supo combinar la creatividad del cuento, del cine, de la ingeniería y del turismo en una experiencia única y participativa en la que nos devuelve a nuestra infancia y al mundo de fantasía, en un producto eminentemente creativo, sólido, con gran resistencia a las modas y capaz de mantenerse entre los destinos preferidos  del mundo después de 50 años.

¿Y si la música entra en el territorio del turismo?

Ya se sabe que las artes, en general, suelen ser grandes atractivos turísticos. Sin embargo, parece que unas han sido más susceptibles de desarrollo que otras. Creo que la literatura es el arte que el turismo ha sabido exprimir más para configurar productos en torno a él. Todos conocemos rutas literarias o teatralizadas. A mi, particularmente, este tipo de experiencias turísticas me gustan mucho. Es una forma original de conocer un destino. Pero, aunque me gusten, creo que hay otros recursos creativos que se nos están olvidando.

Y en este caso, me refiero a la música. Siempre me he preguntado qué es lo que pasa con ella en turismo. ¿Por qué no suele formar parte de los productos turísticos? Es más, ¿por qué no existe apenas bibliografía relacionada con la música y el turismo? Dejando de lado los festivales y casos como el de Liverpool, Nueva Orleans o Bayreuth, muy pocas son las veces que la música forma parte de la experiencia turística y de la investigación. Y, sin embargo, yo como turista, siempre estoy dispuesta a ir a un concierto. De hecho, uno de los viajes que más disfruté fue a Dublín porque escuché música en directo cada noche.

Así que me puse a investigar sobre el tema y descubrí algunas cosas muy interesantes.  Para empezar, la música ha formado parte del turismo desde siempre. En el Grand Tour, allá por los siglos XVII y XVIII, era parte de la cultura que se debía adquirir durante el viaje. Cuando el turismo se convirtió en ocio, los destinos se encargaron de que la música fuese una de las actividades del mismo, con la organización de bailes y conciertos.

La realidad no es otra que la música siempre estuvo muy presente en el turismo, pero desde una posición muy discreta. Y si aún no estamos de acuerdo, pensemos en cuantas canciones asociamos a un destino porque han tenido una gran presencia en un viaje…  ¿a que hay más de una?

Pero además, la música es un pilar indiscutible de la cultura, se desarrolla con los pueblos y cuenta su historia. Es, además, uno de los recursos artísticos más susceptibles de procesos creativos. Desde su composición hasta su distribución está en continua evolución y es muy tolerante con las fusiones y la interacción con otras actividades creativas para su diseño.

Por si esto no fuera suficiente para tenerla en cuenta, la música en directo hace que el oyente se involucre con lo que está sucediendo, con el lugar dónde está y con la gente que está viviendo lo mismo que él. La música, además, es el arte más popular que existe. A todo el mundo le gusta uno u otro tipo y, según las estadísticas, es una de las actividades culturales en la que más se participa en España y Europa, de forma activa o pasiva.

Y es que, como se dice popularmente, la música amansa a las fieras, y no sólo revitaliza destinos, sino que se usa como estrategia para luchar contra la delincuencia. Escuchaba el otro día en la radio que es la apuesta de algunas ciudades, como Montreal, ciudad canadiense que está haciendo un gran esfuerzo en el desarrollo de su creatividad, y el resultado es el de una ciudad vibrante con una gran oferta cultural, musical y escénica.

Pues como leí en un artículo de Lucy Henke, quizás sea el momento de prestar atención a la banda sonora de los destinos e introducir la música en la configuración de sus productos creativos y culturales…