Los ancestros del turismo creativo: El Grand Tour

Como ya os habréis dado cuenta, me interesan mucho los temas relacionados con la historia del turismo. Cuando echamos la vista atrás nos damos cuentas de lo caprichosas que son las modas. En muchas ocasiones, lo que creemos pura tendencia no es otra cosa que el revivir de algo que en, en su día, ya quedó obsoleto. En turismo también sucede. Muchos de los tipos de turismo que se practican hoy en día son la adaptación a nuestra época de modas pasadas.

Cuando me puse a investigar sobre el turismo creativo, encontré una presentación de Consultur muy interesante sobre su origen. Según su autor, el nacimiento del turista creativo no es un fenómeno del siglo XXI, sino que se remonta siglos atrás. Y es que, parece ser que el turista creativo de nuestros días es el heredero del turista del Grand Tour.

El Grand Tour consistía en un viaje que realizaban los jóvenes de la alta sociedad (sobre todo británica) por Europa. Su objetivo era el descubrimiento de la Europa continental. Era un viaje muy largo y en él se participaba en todas las actividades culturales posibles. Verdaderamente era un temprano turismo creativo, ya que el viajero se inmiscuía activamente en el día a día del destino que visitaba (siempre, eso sí, en el día a día de las clases sociales más pudientes).

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Hubo dos etapas de desarrollo. Se encuentran referencias a este fenómeno ya en el siglo XVI. Sin embargo,  este viaje tendría su momento de auge a finales del siglo XVIII. ¿Casual? Ni muchísimo menos, fue un momento en que concurrieron una serie de circunstancias con las que encuentro, sin dedicarle demasiado tiempo, al menos, tres paralelismos con las razones que justifican el nacimiento del turismo creativo en nuestros días.

En primer lugar, el Grand Tour nace como consecuencia de la ruptura del Reino Unido con la Iglesia. Anteriormente, el viaje se reducía, casi exclusivamente, al peregrinaje a los lugares sagrados. Con la consolidación de Reino Unido como país protestante a principios del siglo XVII y la separación definitiva de la Iglesia católica, surge una nueva corriente renacentista que cambia el motivo de viaje de la visita de lugares sagrados al encuentro con la cultura.

Johann Zoffany en http://www.esacademic.com

También nosotros hemos venido sufriendo una serie de cambios en la motivación del viaje consecuentes de un cambio de mentalidad. De los 80 del siglo XX a esta parte se ha pasado de lo estandarizado a lo especializado. En turismo se ha huido del modelo de masas y se ha aproximado a la microsegmentación. Uno de esos nuevos nichos  ha sido el del turista creativo, que, como el joven británico del siglo XVIII quiere conocer, vivir la realidad de otros pueblos y tener una aventura a través de los hábitos de aquellos a quienes visita.

Por una parte, el contexto histórico en el que se desarrolla en Grand Tour no es otro que la Ilustración, momento en que la razón cobra una nueva dimensión y se entiende que el conocimiento de las culturas clásicas es clave para entender el mundo actual. Poco a poco, el viaje iría evolucionando y tomaría un cambio con la llegada del Romanticismo, ya en el siglo XIX. Encontrándose en plena etapa colonizadora que desembocaría en el Imperialismo, la realidad es que el Grand Tour era considerado una experiencia clave en la educación de los futuros dirigentes del mundo.

Hoy en día, nuestra sociedad es conocida como la sociedad de la información, ¿y qué es la información, sino conocimiento y saber? Aquí encontramos el segundo paralelismo. Nuestros jóvenes también viajan como parte de una educación que pretende hacerles más competitivos en un mundo globalizado. Aprenden sobre otras culturas y otros idiomas, y en cuanto tenemos la ocasión, les enviamos un año a estudiar en otro país, porque es enriquecedor y mejorará su formación. De hecho, de pronto, los viajes son una parte que gana peso en el  curriculum y los entornos multiculturales hacen que un puesto de trabajo sea más atractivo.

Esa sed de conocimiento en el siglo XVIII obligaba a dejar constancia escrita de lo aprendido y así, aparecería la literatura de viajes. Esta se basaba en los escritos que aquellos jóvenes realizaban durante sus viajes en los que explicaban, como si de un diario se tratara, las impresiones que iban teniendo de su experiencia en los destinos. Lo que les parecía raro, curioso, interesante, dulce… Esos autores eran los futuros gobernantes del mundo que miraban al pasado siendo la élite, los dueños del progreso, el símbolo de la evolución humana.

Bien, en este punto encuentro otro paralelismo. ¿Cuál es la literatura de viaje más famosa de nuestros días? Los blogs. El otro día leía que de todos los blogs que hay en la red, más del 20% tratan sobre viajes. Son una muestra de nuestra deseo de información asequible, frente al conocimiento del hombre ilustrado. Los blogs se han convertido en una de las herramientas más utilizadas de nuestra era a la hora de preparar un viaje o aprender sobre un destino. Al igual que las bitácoras del siglo XVIII, cuentan con esa perspectiva personal y la creatividad del que lo escribe, que queda manifiesta en su propio estilo. Dice Jorge Soto Roland que la literatura de viajes se convirtió en el Grand Tour en una herramienta de control. En nuestros días ese “control” es más sutil, pero os planteo esta pregunta: ¿no son los blogs, en su perspectiva más marketiniana, una poderosa herramienta para influir en nuestras decisiones de compra y consumo? Así que los bloggers más seguidos tienen también un importante peso en nuestra sociedad.

Si tenemos en cuenta estos puntos en común entre el turista de aquel entonces y nuestro actual turista creativo, creo que no sería absurdo pensar que estudiar las actividades estrellas del Grand Tour nos puede dar una cuantas pistas para la configuración de productos turísticos creativos en la actualidad.

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La creatividad, la ingeniería y el turismo se unieron para construir los Parques de Atracciones.

Esta es una de esas historias que me encantan. En general me gustan mucho las curiosidades, pero cuando confluyen en una misma anécdota el turismo y la ingeniería (siendo ésta utilizada como herramienta  por aquel) me da una especie de júbilo indescriptible. Será el complejo propio de los turistólogos, pero cuando la ingeniería se pone al servicio del turismo, de pronto siento que un ingeniero y yo nos podemos tratar de tú a tú.

El caso de los parques de atracciones no es otro que ese. Se trata de un modelo donde la ingeniería desarrolla innovaciones tecnológicas y las brinda al mundo del ocio, el entretenimiento y el turismo. La creatividad en este capítulo se encuentra en la búsqueda y obtención de un nuevo entretenimiento y en el diseño de los instrumentos que lo compondrán, ergo creatividad turística y creatividad ingeniera.

El auge de los parques de atracciones se remonta a la segunda mitad del siglo XIX. Aunque hay algún ejemplo anterior, como el de Bakken, en Copenhague, que sigue abierto y es del año 1583, el gran desarrollo de los parques de atracciones sería consecuencia de dos causas básicas: acceso de las clases trabajadoras al turismo y evolución tecnológica.

Por lo tanto, consideraremos que el predecesor de lo que vendría después sería el Tivoli,  también en Copenhague, que es a fecha de hoy el segundo parque temático más visitado de Europa y que dice la leyenda, que se construyó para mantener al pueblo entretenido y alejado de la política.

Pero donde el parque de atracciones tuvo mayor impacto fue en Reino Unido y en los Estados Unidos. Ambos países atravesaban temporadas de bonanza económica y gran desarrollo tecnológico. Con la Revolución Industrial fueron apareciendo las vacaciones pagadas y de acceso a las clases más bajas, el auge del ferrocarril y la mecanización de muchas actividades.

Esa mecanización también se aplicó a los destinos. En aquel entonces el mar había empezado a tomar fuerza como destino turístico de moda y lo que vino después lo llenaría de sonido, luces y atracciones pensadas para el disfrute de las clases trabajadoras.

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Para adaptarse a esa nueva tendencia del turismo, los destinos se dotaron de muelles (piers), donde habría orquestas, casinos y hoteles. Y poco a poco se fueron llenando también de otra serie de infraestructuras para el ocio aprovechando los adelantos de la época como el carrusel de plataforma y propulsado con vapor de mediados del siglo XIX, la primera montaña rusa del año 1884 llamada Switchback Railway y la primera noria de 1893. Ese es el nacimiento verdadero de los parques de atracciones como los entendemos hoy.

En los años que siguieron atravesaron una época de esplendor y aparecieron en los destinos más populares de aquel entonces. Quedarían para el recuerdo el Luna Park de Brighton en Reino Unido y el Luna Park de Coney Island en Estados Unidos, aunque ni mucho menos serían los únicos.

La aviación comercial: una de las grandes creativas del siglo XX. El origen de los CRS y su evolución hacia el GDS.

De nuevo me gustaría dedicar un pequeño capítulo a esa gran creativa que fue la aviación civil de mediados del siglo XX, porque su historia no terminó con Magnetronic Reservisor. De hecho, como ya adelanté, ese hombre creativo llamado C.R. Smith, presidente de la American Airlines, ya estaba, para los primeros años  de la década de los 50 pensando en un sistema mucho más complejo y el azar estuvo de su parte.

Así que, según cuenta la leyenda, en 1953 quiso la casualidad que C.R. Smith coincidiese en un vuelo (no podía ser en otro sitio) con Blair Smith, representante comercial de IBM. Pues lo que empezó siendo una conversación banal acerca de su común apellido, terminó convirtiéndose en una reunión de negocios en la que se trató de los problemas con las reservas de American Airlines y las posibles soluciones que IBM podría aportar, utilizando la tecnología aplicada para un proyecto de defensa en común con las Fuerzas Aéreas de Estados Unidos.

Como resultado de este encuentro, un equipo de ingenieros de IBM se unió a los agentes de reservas de American Airlines, detectando las necesidades del día a día y aportando soluciones, trabajando en un proyecto que costaría alrededor de 40 millones de dólares. Se firmaría un acuerdo formal en 1957, y, en 1960, se instalaría el primer software de gestión de reservas de vuelos integral. Aplicando mejoras en ese sistema, en el año 1964 sería capaz de encargarse de todos los procesos de una reserva y tendría la capacidad de gestionar 83.000 llamadas telefónicas. Este sistema se llamaría SABRE y sería el primer CRS (Central Reservation System) de la historia del turismo, que no el único. De hecho, en las décadas de los 60, los 70 y los 80 aparecieron competidores en todo el mundo.

SABRE, siendo el primero, se comercializó en los 70 y se implantó en agencias de viajes, por primera vez en el año 76. Aunque en este caso, no fue pionero, sino que lo fue Apollo. Fue actualizándose y manteniéndose puntero introduciendo un buscador de las mejores tarifas e incluyendo reservas de hoteles y alquiler de coches, aunque para esto aún quedaría algún tiempo. Sin embargo, es importante porque fue el paso de CRS a GDS (Global Distribution System).

Poco a poco, los grandes grupos de compañías aéreas se hicieron con el mayor volumen de mercado y desaparecieron los GDS menos potentes, quedando tres o cuatro (según que fuentes): SABRE, Amadeus, Galileo y Worldsplan. Y estos fueron desvinculándose de las aerolíneas para funcionar como consultoras tecnológicas y distribuidoras.

Este video de Everbread (perdón por la publicidad y porque esta en inglés) me parece que da una explicación muy entretenida y simpática sobre el asunto:

HISTORY OF FLIGHT SEARCH: 1950s – 1990s from Everbread on Vimeo.

Ofreciendo una manera de hacer muchísimo más eficiente el trabajo de las agencias de viaje, como la combinación de varias opciones de vuelos y servicios extra, se creó una gran dependencia de las mismas a estos sistemas de distribución, que, a su vez, les cobraban por el uso de su tecnología, además de la comisión por reserva…

Lo que empezó como una solución creativa a los problemas de una industria, derivó en un negocio muy lucrativo con gran capacidad de readaptación y fuerza en el mercado… es decir, la creatividad tecnológica acabó en una gran creatividad empresarial y, al final, en un negocio multimillonario.

Aunque, por supuesto, se vería afectada por la aparición de internet… pero eso es otra historia de creatividad aplicada al turismo.

La aviación comercial: una de las grandes creativas del siglo XX. Reservisor.


Uno de los ejemplos de creatividad aplicada al turismo que más me gusta es el desarrollo tecnológico que tuvo  que ver con la aviación comercial en el momento de florecimiento del turismo de masas. Esa creatividad desencadenó nuevas soluciones y una adaptabilidad a los cambios que merecía una pequeña reflexión en este blog.

Pongámonos en situación: estamos en el final de la segunda Guerra Mundial. El mundo occidental se encuentra en una clase de éxtasis, ya que por fin, acaba uno de los capítulos más trágicos de su historia. Sobran aviones de guerra a los que hay que dar una vida útil. Pues aquí viene la primera muestra de creatividad al buscar una solución para dar salida a esos aviones, que se reconvertirían para su uso comercial. Aprovechando la bonanza económica que se experimentaba, el turismo aparecía como el candidato ideal para una sociedad con más tiempo de ocio y con más dinero.

Así que, con el aumento de personas que estaban dispuestas a viajar, las aerolíneas, acostumbradas a trabajar con fichas y una especie de croquis donde se iban tachando las plazas vendidas a las agencias de viajes, necesitaban nuevas soluciones.

Pues en ese momento, allá por el año 1946, American Airlines pone a funcionar Reservisor. Sí, sé que el nombre suena broma, pero no lo es. Reservisor fue el primer sistema automatizado de gestión de las plazas en aviones que incluía un tablero con luces que mostraban las plazas ocupadas. En 1952 se mejoraría y se sustituiría por Magnetronic Reservisor que incluía la posibilidad de mostrar alternativas a vuelos completos y que en el año 1956 permitiría gestionar 2000 vuelos en los 31 días siguientes a la consulta. Pero además, se desarrollaría una máquina llamada Reserwriter que permitiría informatizar también los datos de los pasajeros.

Dos fueron los hombres claves en esta historia, Charles Amman y C.R. Smith, director de American Airlines cuya inquietud creativa ya estaba, para el año 1953, pensando en una solución tecnológica que sería la madre de todo lo que vendría  en los 50 años después.

¿Por qué me gusta esta historia? Por la sencilla razón de que hace más de 60 años hubo un par de hombres pioneros que identificaron necesidades y empezaron a desarrollar soluciones. Porque, además, buscaron una solución automatizada en un momento en que el ordenador personal ni siquiera existía.  Y, porque muestra el carácter creativo e innovador con el que cuenta la industria turística y que, demasiado a menudo, se olvida.